martes, 05 diciembre 2023
desigualdad

Una reducción importante de la desigualdad mejorará el bienestar de todos. RICHARD WILKINSON

De acuerdo al último informe publicado sobre la Desigualdad Mundial que elabora el Laboratorio de Desigualdad Mundial de la Escuela de Economía de París vivimos en un momento histórico en que nos encontramos más cerca de la desigualdad absoluta que el punto de referencia de igualdad absoluta.

La riqueza global está desigualmente distribuida. Mientras la mitad más pobre de la población mundial posee solo el 2% de la riqueza neta total, la mitad más rica posee el 98% de toda la riqueza del planeta. El 50 % inferior posee, de media, 2.900 € en activos (normalmente en forma de terrenos, viviendas, depósitos o efectivo). Entre la mitad más rica de la población mundial, el 40 % medio posee solo el 22 % de la riqueza total (una media de 40 900 € por adulto) y el 10 % superior posee el 76 %.

Estas cifras se traducen en efectos indeseados en la sociedad que repercute negativamente a todos los niveles:

  • Las sociedades menos igualitarias tienen economías menos estables. Los altos niveles de desigualdad de ingresos están vinculados a la inestabilidad económica, la crisis financiera, la deuda y la inflación.
  • Las sociedades desiguales tienen menos movilidad social y puntuaciones más bajas en matemáticas, lectura y ciencias en cuanto a educación.
  • La desigualdad aumenta los delitos contra la propiedad y los delitos violentos.
  • Vivir en una sociedad desigual provoca estrés y ansiedad por el estatus, lo que puede dañar la salud. En sociedades más igualitarias, las personas viven más, tienen menos probabilidades de sufrir enfermedades mentales u obesidad y las tasas de mortalidad infantil son más bajas.

El profesor emérito de la Universidad de Nottingham, Richard Wilkinson, es coautor, junto Kate Pickett, del ensayo “Igualdad” (Capitán Swing) que ahora por fin ve la luz en español.

Wilkinson y Pickett describen cómo la desigualdad nos afecta individualmente, cómo altera el pensamiento, las emociones y la conducta.

Presentan pruebas abrumadoras de que las desigualdades materiales tienen profundas consecuencias psicológicas: cuando la brecha entre ricos y pobres se ensancha, crece la tendencia a definirnos y valorarnos, a nosotros mismos y a los demás, con criterios de superioridad e inferioridad.

Y cuestionan el concepto de que los seres humanos son por naturaleza egoístas y competitivos, y también la idea de que la desigualdad es resultado de las diferencias «naturales» de capacidad individual.

En un reciente artículo de opinión para El País el profesor emérito expone que las mayores desigualdades en cuanto a ingresos y riqueza hacen que todo el mundo, ricos y pobres por igual, se preocupe por el estatus y el dinero.

Cuando no hay dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas no existe ninguna otra prioridad. Por eso Wilkinson denuncia el cinismo de los estados, pues mientras hacen campañas de salud desatienten las necesidades de los grupos en riesgo de exclusión.

“Intentar engatusar, convencer o persuadir a los más desfavorecidos para que adopten un estilo de vida más saludable, al mismo tiempo que se ignoran sus verda­deras dificultades y su estrés social, a menudo no hace sino poner sal en la herida.

Todos sabemos que debe­ríamos hacer más ejercicio, llevar una dieta más sana y dejar de fumar, pero justamente cuando uno está estre­sado y agotado es cuando más le apetece tomarse otra copa o darse un atracón que lo reconforte, y es menos probable que haga ejercicio” explica.

La desigualdad perjudica seriamente la salud, por eso es prioritario hacer políticas que erradiquen esta desigualdad.

Igualmente el profesor denuncia que si no logramos reducir la desigualdad, estaremos poniendo en peligro las posibilidades que nos quedan de alcanzar la sostenibilidad ambiental. Es el caso de las protestas de los chalecos amarillos contra la subida de los impuestos a los carburantes propuesta por el presidente Macron.

Este libro demuestra que las sociedades basadas en la igualdad, la reciprocidad y la voluntad de compartir generan niveles de bienestar muy superiores, a la vez que nos muestra el camino que conduce hasta ellas.

“Una reducción importante de la desigualdad no solo mejorará el bienestar de todos, sino también la capa­cidad, la aptitud y la contribución de los numerosos miembros de nuestras sociedades que ahora se sienten excluidos de la participación” sentencia.

RICHARD WILKINSON
Es profesor emérito de la Universidad de Nottingham. Autor, defensor y activista político.

Redacción
En Positivo

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