lunes, 30 enero 2023

Los hombres no están asumiendo, ni de lejos, la responsabilidad que les corresponde. SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ

Asuman su responsabilidad
Son los hombres quienes deben asumir la responsabilidad en la prevención de la violencia contra la mujer.

En 2021 hubo 48 asesinatos de mujeres (49 en 2022). Se registraron 162.848 denuncias por violencia machista (446 diarias), se adoptaron 31.212 órdenes de protección, de las que 23.834 fueron órdenes de alejamiento; se dictaron 54.318 sentencias por violencia machista, de las que 40.738 fueron condenatorias. El 13,7% de las denuncias nacieron en una intervención directa de la policía, el 8,3% por servicios médicos (partes de lesiones) y el 1,5% (pocas) por familiares. El resto, por las afectadas. Ninguna por vecinos, amigos o compañeros de trabajo del agresor.

Los datos ayudan a ver más clara la realidad. No se trata de un problema puntual, que afecta a un pequeñísimo número de hombres desquiciados.

Es asombroso que, con esta información a su disposición, la mayoría de los hombres piense que el problema de las agresiones machistas no tiene nada que ver con ellos (ya que ellos mismos no son agresores), mientras que la mayoría de las mujeres es perfectamente consciente de que se trata de algo que las concierne a todas, agredidas o no.

Extraño que muchos hombres no piensen que hay algo radicalmente equivocado en la formación del carácter masculino cuando la mayoría de los casos de agresión se producen contra personas con las que han convivido amorosamente. El carácter, según el diccionario de la Academia, es el conjunto de circunstancias o cualidades propias de una persona o colectividad, que la distingue de las demás por su modo de ser u obrar. Las mujeres no maltratan o matan (salvo casos extraordinariamente infrecuentes) a sus parejas. Los hombres, en cifras estadísticamente apreciables, sí.

Extraño que más hombres no se sientan implicados en el problema, cuando está claro que la propensión a la violencia y la actitud de posesión de la mujer no responden solo a una franja de edad. No se trata, en su mayoría, de casos protagonizados por hombres de 70 u 80 años que crecieron en una época en la que la impunidad era total, sino que en la actualidad la edad media de los agresores no supera en buena parte los 50 años y a veces, incluso, se trata de casi adolescentes.

La repugnancia que sienten los hombres ante la generalización es evidente: yo soy un individuo, no un género, proclaman. Cierto, pero está claro que las mujeres padecen la violencia y que los hombres la practican.

Las mujeres sufren el problema, pero son los hombres quienes lo tienen. Son los hombres quienes deben asumir la responsabilidad en la prevención de la violencia contra la mujer. Son los hombres los que deben poner en marcha programas y actividades que se centren en cómo detectar y tratar a los hombres violentos que practican la violencia contra las mujeres o que pueden llegar a hacerlo.

Obviamente, es una minoría de hombres la que golpea y asesina a mujeres (una minoría significativa), pero son todos los hombres los que pueden influir en la cultura y en el ambiente que permite a esos hombres ser perpetradores.

Las campañas de publicidad, además de animar a las mujeres a tomar sus propias decisiones y a denunciar cualquier agresión machista, deberían ir dirigidas a los hombres y protagonizadas quizás por aquellos que tienen influencia sobre ellos, especialmente sobre los jóvenes (famosos deportistas, músicos, influencers, políticos, hombres de negocios, artistas, escritores, dibujantes), que les hablen y les dirijan hacia programas donde aprendan a controlar su violencia. En las comunidades de migrantes (aunque es un error creer que la mayoría de los asesinatos de mujeres se cometen en esos grupos, cuando en realidad casi el 70% de esos crímenes son realizados por españoles) debería promoverse la creación de grupos de mediadores, hombres de esos mismos colectivos, capaces de obtener información y detectar a quienes practican esa violencia machista brutal.

En mayo de 2004, EL PAÍS publicó una carta de Iciar Bollain y Alicia Luna (directora y guionista de Te doy mis ojos) en la que expresaban sus dudas sobre el tratamiento que se estaba dando a los casos de violencia machista. ¿Es posible que los hombres violentos se vean arropados al verse reflejados en otros hombres igualmente capaces de matar a sus parejas? Bollain y Luna pedían parar y reflexionar.

Se ha avanzado, pero los hombres no están asumiendo, ni de lejos, la responsabilidad que les corresponde.

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ

Publicado en: EL PAÍS

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