lunes, 30 enero 2023

Combatir la violencia machista, una absoluta prioridad. JORGE DOBNER

En España conocíamos al cerrar el año que diciembre ha sido un mes negro por la alta incidencia de violencia machista. En el mes se confirmaban diez casos de violencia machista, lo que da una media de un asesinato cada tres días. La mitad de las mujeres fallecidas había denunciado.

En el cierre del ya pasado año 2022 se han contabilizado un total de 49 feminicidios y 38 los menores que han quedado huérfanos, además una niña y un niño han sido asesinados por sus padres en crímenes vicarios.

También están las mujeres maltratadas y en riesgo de amenazas por sus parejas. Entre enero y noviembre de 2022, se realizaron 93.924 llamadas pertinentes al servicio 016, según los datos más recientes del Ministerio de Igualdad. Esto son alrededor de 6.000 llamadas más que el año pasado.

Los datos entre los jóvenes también son preocupantes. El mayor aumento de violencia machista en España en 2021, el último año con cifras completas, se dio entre los menores de 18 años. Las víctimas de todo tipo de violencia de género pasaron ese año de 514 a 661, lo que supone un 28,6% más.

A falta de ver el balance completo con cifras detalladas del año no cabe duda que se deja atrás el 2022 con cifras inasumibles, lo que hace que la lucha contra todas las violencias, pero especialmente la violencia machista sea una absoluta prioridad.

Hablamos de un problema estructural, y que por tanto no debe centrarse solo en los resultados sino en abordar radicalmente las causas, y de trascendencia internacional pues no se circunscribe a uno/s pocos países sino que afecta a nivel mundial.

A nivel global, se estima que 736 millones de mujeres -alrededor de una de cada tres- ha experimentado alguna vez en su vida violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por alguien que no era su pareja (el 30% de las mujeres de 15 años o más).Estos datos no incluyen el acoso sexual y algunos estudios nacionales muestran que la proporción puede llegar al 70 por ciento de las mujeres.

Uno de los principales obstáculos al analizar los datos es que no hay una coordinación estadística a nivel mundial de forma pormenorizada acerca de la violencia machista y por eso los países libran está batalla cada uno por cuenta.

Es al mirar país por país en particular cuando se pueden acceder o no a estos datos y en algunos casos las cifras tampoco son actualizadas. La conclusión es que en todos los países hay violencia machista, en menor o mayor medida, pero que la tendencia se está incrementando de forma generalizada.

Pese a los avances notables en esta materia en los últimos años, hay un evidente retraso histórico. Hemos conseguido contabilizar, poner número a las víctimas de este tipo de violencia, pero no se ha conseguido cruzar datos de forma seria y detallada a nivel internacional, ni comparar soluciones efectivas en su aplicación para erradicarla.

Hay un agujero negro de dudas que obliga a que los países se movilicen para poner en marcha una estrategia mundial para erradicar la violencia machista.

Al igual que se están abordando cumbres internacionales para cuestiones financieras y el cambio climático, es de imperiosa necesidad que haya cumbres específicas en esta materia y con la misma trascendencia mediática para que los países puedan consensuar políticas y soluciones y medir su efectividad. Si bien cada país tiene sus propias particularidades no es menos cierto que hay un marco común sobre esta problemática que se hunde en los males del machismo que todavía seguimos arrastrando.

La violencia machista es un problema multifactorial bastante más complejo de lo que algunos habían supuesto. Lo que está claro es que al ver un incremento de casos en gente muy joven – los estudios muestran que una de cada cuatro mujeres jóvenes (de 15 a 24 años de edad), que ha estado en una relación, ya habrá sufrido violencia por parte de una pareja íntima cuando alcance la mitad de la veintena – se debe incidir mucho más en el tema de la educación.

Padres, madres, educadores deben centrar sus esfuerzos en criar y educar a los niños y niñas en relaciones igualitarias, respetuosas y libres. Enseñar el amor, a amar y amarse, desde una perspectiva sana y autónoma que nada tiene que ver con las relaciones tóxicas y dependientes.

Un modelo de sociedad, sano e igualitario se debe oponer drásticamente a las atrocidades que estamos viendo en Oriente medio. No es baladí que el régimen talibán en Afganistán haya excluido a las niñas y mujeres de acceder a la escuela y universidad. Que las adolescentes y mujeres en Irán que se quitan el velo están amenazadas so pena de muerte.

Todos estos derechos que son infringidos sistemáticamente en Afganistán, Irán, Iraq…que reducen a la mujer a mercancía y a esclavas del patriarcado deben tener ya una respuesta internacional a modo de sanción ejemplarizante.

No podemos normalizar las cifras de violencia machista, no son un número son personas con una vida por delante que ha sido sesgada. No podemos normalizar las relaciones desiguales cuando vivimos en sociedades libres. No podemos normalizar el grave menoscabo en derechos a mujeres en países donde el patriarcado es forma de estado.

Urge una movilización colectiva, de mujeres y hombres, de la suma de todos los países posibles para mostrar sin paliativos el repudio ciudadano y para que los dirigentes se coordinen en darle la trascendencia internacional sobre las soluciones que deben implementarse más allá de las ya existentes.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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