lunes, 30 enero 2023

Lo que de verdad importa. JORGE DOBNER

Año Nuevo, Vida Nueva. Suena el dicho popular demasiado idealista si el pasar de un día al otro podemos desquitarnos de todos los problemas. Sin embargo sí tiene un significado en el imaginario colectivo que el año nuevo puede ser la puerta a nuevas oportunidades e iniciar un nuevo ciclo con un cambio de mentalidad y energías renovadas.

Con la entrada del 2023 se abre simbólicamente un nuevo ciclo que llevamos tiempo deseando hacer y acompañar todos esos cambios que tenemos en mente con la fuerza de voluntad necesaria para poder materializarlos. Tan importante es visualizar esos buenos propósitos como emprender las acciones que permiten llevarlos a cabo.

Después de las enseñanzas que nos han dejado estos años condicionados por una dura pandemia , una cruel guerra en plena Europa, una crisis económica y social global, deberíamos tener claro las prioridades de lo que de verdad importa. Sin embargo a veces pecamos de una frágil memoria y más de una vez debemos recordarnos y recordar a quienes gobiernan que atiendan las necesidades básicas para fortalecer el estado de bienestar y no se pierdan en fruslerías.

¿De qué sirven infraestructuras fastuosas mientras hay hospitales obsoletos que se caen a pedazos  o barracones en vez de colegios? ¿Si no hay profesionales suficientes y debidamente valorados para cubrir estos servicios? Este año 2023 será también fechas propicias de elecciones en algunos lugares y se cae en la tentación de que los políticos recurran a las viejas tácticas políticas de anuncios a bombo y platillo sobre cuestiones rimbombantes pero con escasa utilidad para los ciudadanos.

Es necesario un click social a todos los niveles para que los ciudadanos no caigan en los cantos de sirenas y sigan exigiendo un sistema más sólido, justo y solidario para con todos. La pandemia nos enseñó del enorme esfuerzo de muchos colectivos: médicos, enfermeras, bomberos, seguridad etc. a disposición de una emergencia social, pero también destapó las carencias sobre algo que no estábamos del todo preparados aun sumando todos los recursos.

No pueden venir otra vez las prisas cuando ya hemos detectado lo que hay que mejorar y es solo falta de voluntad el establecer las prioridades y hacerlo. Los profesionales de primera necesidad no pueden conformarse con las migajas cuando desempeñan una labor fundamental para cubrir servicios básicos.

Con razón en varios puntos del mundo, véase España, Francia o Reino Unido, se suceden las protestas de sanitarios, pero también de otros sectores por una mejora de salarios y compensación de horas extra.

A la luz de los últimos acontecimientos las instituciones deben invertir más en la formación de los profesionales que se han hecho indispensables y mejorar las retribuciones de los que ya ejercen. Si muchas veces hay una queja sobre la escasez de profesionales lo esencial es revalorizarles para que sea atractivo a las nuevas hornadas esas profesiones especialmente exigentes.

La educación es el primer factor para que desde las instituciones educativas salgan profesionales convencidos de su vocación y eso también pasa por destinar los recursos económicos necesarios.

Igualmente no puede haber una distancia sideral entre la clase política y la gente de a pie, sobre sus derechos pero también responsabilidades. Los ciudadanos no están para con sus impuestos costear al exceso de funcionarios en muchos sectores, a los corruptosy ladrones sino para ver de vuelta ese esfuerzo fiscal en un estado de bienestar solvente.

La corrupción sigue siendo el talón de Aquiles de muchos partidos que viven en una realidad paralela y creen pasar por alto con cortinas de humo para la indignación de muchas personas que ven como en esas cosas los partidos sí se ponen de acuerdo y los ladrones tan pronto salen a la calle sin pagar debidamente sus delitos. Se llenan mucho la boca de igualdad pero sigue habiendo clases y clases, una importante desigualdad de exigencias y responsabilidades.

Si la clase política quiere seguir siendo legitimada en sus funciones deberán hacer esfuerzos en momentos de crisis igual que todos, de lo contrario pueden dar alas a una abstención creciente de una población desencantada o a lo peor el auge de populismos.

El 2023 va a ser un toque de atención para saber si los organismos, instituciones, partidos y gobernantes sí serán capaces de estar a la altura de las circunstancias, de ser coherentes con hechos sobre su discurso, de hacer renuncias en sus privilegios si así exigieran más responsabilidades a los ciudadanos.

También se espera que los que más se enriquecen de estas crisis, las superfortunas y grandes multinacional arrimen el hombro para de acuerdo a sus ganancias devolver a la sociedad sus beneficios. Se necesitará valentía por parte de los dirigentes y una coordinación internacional para que así sea posible.

Todos los implicados en la gobernanza y agentes socioeconómicos deberán dar la talla para mejora y desarrollar más positividad social transitando hacia un modelo más justo, sostenible y adaptado a un cambio generacional que exige otras nuevas necesidades que poco tienen que ver con las de hace unas décadas.

Esperamos que los buenos propósitos de año nuevo se materialicen a lo largo del 2023. El examen del nuevo curso marcará el buen rumbo siempre que prioricemos lo que de verdad importa.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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