lunes, 30 enero 2023
tercera edad

Lecciones para ser feliz en la tercera edad

Según datos de Naciones Unidas la esperanza de vida actual para el mundo en 2022 es de 72,98 años, un aumento del 0,24 % con respecto a 2021. Desde hace décadas la esperanza de vida no hace más que incrementarse de forma progresiva– a excepción del 2020 que condicionado por la pandemia sufrió un leve retroceso -.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud solo en poco más de dos décadas la esperanza de vida ha aumentado en 5 años desde el año 200. A medida que aumenta la esperanza de vida también lo hace el envejecimiento progresivo de la población.

Según el INE, en 2022 el envejecimiento se ha disparado un 133,5% (o lo que es lo mismo: se contabilizan hoy 133 personas de más de 64 años por cada 100 menor de dieciséis). En 2030 se espera que los mayores de 65 años sumen el 26% del total poblacional.

Las personas mayores representan un capital humano de enorme importancia sin embargo vemos en occidente como no son bastante valorados y  que a nivel mundial las estructuras de los países no están lo suficientemente preparadas.

En la cultura oriental se considera muy valiosa la sabiduría y la experiencia de las personas mayores considerándolas el pilar de la sociedad, una figura respetada y admirada por todos los miembros. También el egipcio el egipcio, como la mayoría de pueblos de la antigüedad, consideraba valioso el poder propio de la ancianidad. Homero, cuenta en la célebre la Ilíada cómo los aqueos escuchaban el consejo del anciano rey Néstor, que contaba con aproximadamente 80 años.

En un reciente reportaje de Ethic explican cómo nos debemos preparar  las sociedades para ser felices en la tercera edad. La senectud gana terreno en los países y debemos adaptarnos a ello.

Dice el filósofo y escritor David Lorenzo Cardiel que “existe un malentendido con el llamado Estado del bienestar. Un modelo de impuestos, cotizaciones y economía de libre mercado requiere alcanzar dos niveles: uno, un conjunto de servicios sociales, como la facilidad de acceso a la educación superior o el desempleo que ofrezcan empleo de calidad a la población; dos, un equilibrio entre la población dependiente del Estado (entre ellos, los jubilados) y quienes lo sostienen mediante la contribución de su actividad económica”.

Se trata de un modelo de estado de bienestar obsoleto que está configurado “para unos movimientos demográficos internos, lentos y muy equilibrados” que ha representado muy bien una época de la historia de la humanidad pero que ahora necesita una revisión.

En la medida que la generación del baby boom alcanza la jubilación se deben redoblar los esfuerzos para invertir en sanidad, en servicios sociales y en mecanismos que, escuchando tanto a profesionales de la geriatría como a la propia población anciana implicada, sean más favorables para su bienestar.

“El Estado debe intervenir en beneficio de su tejido industrial, que debería solidificar alrededor de la inversión nacional: cuanta más industria con salarios de calidad y equilibrio político interior y exterior, mayores serán los recursos de los que dispondrá el Estado para sostener su propio sistema de bienestar sin necesidad de tomar decisiones que amenacen una buena vida para sus ciudadanos, en concreto aquellos más mayores”.

Cardial referencia a los estoicos, con Séneca a la cabeza, que han legado una impronta valiosa en consejos para atender las necesidades que surgen en esta etapa de la vida.

“En sus Cartas a Lucilio, el cordobés hace referencia al temple con el que se afrontan los dolores y los sinsabores de la vejez. Antes, Marco Tulio Cicerón, en De senectute, escribió un hermoso elogio de la ancianidad: en él destacó la importancia de mantener el vigor y la virtud, entendida como excelencia moral y práctica, incluso cuando las fuerzas comienzan a fallar por el paso del tiempo. Como ejemplo excepcional para la época puso al político y militar Catón el Viejo: cuando contaba con una edad de más de 80 años, aún era capaz de discutir de temas candentes con los jóvenes”.

Son muchas las lecciones que debidamente aplicadas pueden mejorar la felicidad en esta etapa: trazar metas cotidianas realizables, atender las actividades que más nos satisfacen, cuidar el cuerpo y la mente, eliminar las preocupaciones mediante ejercicios como la meditación y apostar por una vida serena y tranquila.

En nuestros días, donde todavía es accesible una lozana calidad de vida para los ancianos, cultivar la sociabilidad, hacer ejercicio suave y regular y viajar, si se tiene la suerte de poder hacerlo, son factores clave.

“El contacto estrecho con los seres queridos resulta otro factor a destacar. Confucio, en sus Analectas, aboga por la piedad filial, concepto vertebral de su doctrina, que se vertebraría desde el individuo hasta el Estado: de hacerse plenamente realidad, los ancianos serían atendidos en sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales (desde la familia, pero también desde las instituciones públicas)”.

Redacción
En Positivo

Leer más:

El envejecimiento positivo ha llevado a una distinción entre la tercera edad y la cuarta edad. RAQUEL MEDINA BAÑÓN

Los avances más recientes en tecnologías de la salud para maximizar nuestra vida

Vivir jóvenes hasta bien entrada la vejez según el ‘gurú’ de la longevidad Nicklas Brendborg

Recibe nuestro boletín semanal
con lo más positivo de los medios

Opiniones

Descarga gratuita

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad