lunes, 30 enero 2023

El peligro del retrovisor. JORGE DOBNER

En las últimas semanas hemos visto una oleada de acciones contra obras pictóricas e históricas de prestigio y enorme valor. Pinturas de Van Gogh, Monet o Goya entre otros/as artistas han sido objeto de vandalismo en nombre del ecologismo – cuando se supone que este movimiento reivindica acciones positivas para proteger el planeta -. Sin duda han llamado la atención pero no de forma positiva pues flaco favor hace esta forma de vandalismo ‘woke’ a un ecologismo hoy esencial.

Los asaltantes se escudan en que atacan los cuadros porque representan el poder y son objetos de la élite. Se olvidan de las numerosas obras exaltando el valor del medioambiente y el patrimonio cultural que suponen todas estas para el acceso al gran público.

A algunos ‘lumbreras’ se les ha ocurrido que este tipo de acciones son genuinas, pero no dejan de ser desatinadas y de dudoso gusto, y lo peor desprestigian la legitimidad de movimientos en el fondo cargados de razones.

Hay una deriva absurda de la parte más extremista de sociedad y también apoyada por la izquierda ‘woke’ que nos conduce a la censura, autocensura y la falta de libertades.

Así es como la ‘cultura de la cancelación’ nos hace más pequeños cultural, intelectual y socialmente al cancelar a alguien o a su obra porque no coincide con determinados patrones establecidos y se considera o hace algo ofensivo. Si no te gusta algo es tan sencillo como no consumirlo.

Libros, películas, autores, artistas…son objetos de un boicot indiscriminado que hace cada vez la lista negra más larga. George Orwell, Fiódor Dostoyevski, Vladimir Nabokov, Georgette Heyer, JK Rowling y otros muchos, vivos y muertos forman parte de esa lista. Se incrementan las razones para sumar nuevos boicoteados y estamos en peligro de quedarnos en la nada.

Lo peor es comprobar cómo esta cultura de cancelación se aplica a autores de tiempos pretéritos y cuyas obras relataron según las impresiones de entonces. Sin duda en una sociedad muy distinta a la de ahora, pero existe la osadía de igualar su contenido a los tiempos actuales.

Hay quien parece haber perdido la brújula y no sabe situar cada cosa en su sitio. Vivimos en un momento clave en que los desafíos se acumulan: ya se habla de una recesión, crisis socioeconómica y energética, los coletazos de una pandemia y un complejo escenario geopolítico con una guerra salvaje en Europa liderada por un nuevo y enloquecido “Putler“.

Hay suficientes motivos para centrarse en el presente y lo importante porque el futuro no espera y todo dependerá de cómo se gestionan los problemas actuales.

De algunos se les presupone las ganas de enredar, insultar crispar. Véase los movimientos populistas, nacionalismos, utraderechistas de todo pelaje que en las ‘grietas’ encuentran su caldo de cultivo para crecer a la desesperada. Pero también una parte de la izquierda ‘woke’ parece sentirse a gusto en la ‘merdé’ lanzando cortinas de humo sobre temas de menor calado en vez de poner el foco en la gestión de temas sustanciales para la ciudadanía.

Es importante mirar atrás para saber de dónde venimos, pero el peligro de mirar en exceso por el retrovisor es mirar las cosas que han pasado y que no volverán con los ojos de hoy. Sin duda hay hechos acontecidos que nos indignan vistos desde la perspectiva actual, es síntoma de que  hemos avanzado como sociedad o eso nos gustaría pensar. Pero también es inteligente reconocer que cada generación construye su historia de acuerdo a los valores del momento.

Debemos dar gracias a todas las generaciones pasadas que hicieron lo mejor que pudieron con sus errores y aciertos, y en los errores reconocerlos con compasión para no repetirlos más.

Si queremos construir no podemos hacerlo destruyendo, dividendo, generando más grietas, conduciendo a la gente al absurdo, ni tirando latas de tomate a obras tan bellas. Hablamos de construir en positivo.

No hay que olvidar que nosotros también somos susceptibles de ser juzgados por las generaciones venideras y puede que también lo consideremos injusto.

Procuremos pues, dejar un mundo más constructivo.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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