martes, 06 diciembre 2022

Justicia climática y un pago más justo. JORGE DOBNER

Líderes internacionales se reúnen cada año para trabajar en la reducción de emisiones y la mitigación del cambio climático. La 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) se está llevando a cabo estos días, entre el 6 y el 18 de noviembre, en la ciudad costera de Egipto, Sharm el-Sheikh.

Ante la creciente crisis energética, las concentraciones récord de gases de efecto invernadero y el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, la COP27 busca conseguir que se renueve la solidaridad entre los países para cumplir el histórico Acuerdo de París y la adopción de nuevos compromisos.

La cumbre comenzó con una buena noticia cuando los delegados acordaron discutir sobre una compensación económica de “pérdidas y daños” en relación a aquellos países pobres que ya están sufriendo los fenómenos meteorológicos extremos del cambio climático.

Igualmente con la presentación de la ONU de su estrategia de “tolerancia cero” al ‘lavado de cara verde’ o “greenwashing”.

Entre las líneas rojas que recoge el informe es pretender ser neutrales en emisiones “mientras siguen construyendo o invirtiendo en nuevos suministros de combustibles fósiles”, o bien comprar “créditos baratos” y de dudosa integridad para compensar el dióxido de carbono emitido en lugar de “reducir inmediatamente las emisiones a lo largo de toda su cadena de valor”.

A partir de estos dos postulados la cumbre abandona el “buenismo” habitual para señalar a los principales agentes contaminadores. Si bien la responsabilidad es compartida, no es menos cierto que hay determinadas compañías y naciones que emiten una mayor contaminación respecto a las que no lo hacen por su poco desarrollo industrial o por qué están haciendo bien los deberes en sostenibilidad.

Desde hace años las pequeñas naciones insulares, así como los países africanos están batallando sobre la justicia climática. Este es el concepto de pagar una compensación a los países en desarrollo por parte de las naciones ricas por las actividades industriales que han agotado la capa de ozono y han aumentado las emisiones de gases de efecto invernadero.

Hay estudios que cifran la inversión necesaria entre 290.000 y 580.000 millones de euros anuales para 2030 y hasta 1,5 billones para 2050.

Pero, aun cuando el discurso es bueno, es necesario pasar a políticas prácticas que materialicen estos deseos, y es entonces cuando comienzan los obstáculos. De los máximos responsables de la UE han asegurado que, pese a la crisis energética, el Viejo Continente mantiene su compromiso con la transición ecológica, tanto propia como de los países en desarrollo. Sin embargo se resisten a dar el sí a estas reparaciones climáticas, a pesar de abrir la puerta a analizar otras formas de financiación.

De otro lado China, India y Rusia rechazan asumir objetivos climáticos más ambiciosos. Las delegaciones de estos tres países han afirmado que, pese a estar comprometidas con los actuales planes de reducción de emisiones, este año no se sumarán a nuevos compromisos.

Por su parte Estados Unidos encabeza la ‘lista de morosos’ en la financiación climática para los países en desarrollo. Es decir el país norteamericano aporta mucho menos dinero del que le correspondería por ser el mayor responsable histórico del calentamiento del planeta.

Si bien Estados Unidos ha avanzado este año que quiere que las empresas financien más la transición energética de los países y para que dejen de quemar carbón a través de los mercados de carbono.

No obstante para que estas grandes potencias asuman mayores responsabilidades se necesitará un frente común amplio y sólido del resto de naciones que presionen para un pago más justo en el balance de gastos y pérdidas climáticos.

En este sentido países con habitual menor protagonismo están liderando cuestiones que no lo hacen las supuestas superpotencias. Es el caso del ambicioso plan para la Amazonía de países sudamericanos. Los presidentes de Venezuela, Surinam y Colombia, Nicolás Maduro, Chan Santoki y Gustavo Petro, respectivamente, participaron en un diálogo regional de alto nivel para tratar el tema de la Amazonía, la responsabilidad de sus gobiernos en su preservación y resguardo y las medidas que deberían tomar para garantizarlo.

Especialmente crítico se ha mostrado el presidente colombiano, Gustavo Petro, “la política de reforestación no logra suplir lo que debe ser la política para superar la crisis climática: no es más que dejar de consumir petróleo y carbón (…) Es hora de la humanidad y no la de los mercados”.

Como los compromisos se demuestran con actos, el jefe de Estado colombiano anunció 200 millones de dólares anualmente durante 20 años para salvar la Selva Amazónica, al tiempo que “Esperamos el aporte mundial”, señaló.

Precisamente eso esperamos todos, que en los días que quedan de la cumbre todos asuman su responsabilidad o en tal caso se retracten.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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