martes, 06 diciembre 2022
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El ejemplo de Patagonia: cómo las empresas pueden lograr la sostenibilidad permanente

Hace unas semanas el fundador de Patagonia  donó la empresa de ropa de aventura valorada en US$3.000 millones para luchar contra el cambio climático. “La Tierra es ahora nuestro único accionista”, así comenzaba la carta pública escrita por el multimillonario Yvon Chouinard. Patagonia ya donaba el 1% de sus beneficios anuales a organizaciones y grupos ambientales. Pero era necesario hacer más según afirma el empresario.

La propiedad de Patagonia será transferida a un fideicomiso y a una organización sin fines de lucro. Y todas las ganancias que no se reinviertan en la compañía se destinarán a combatir el cambio climático.

El ejemplo de Patagonia puede marcar el camino a otras empresas y sus fundadores para dejar un impacto positivo en el mundo. Tal y como analizan en un reciente artículo de Yes Magazine esta parece una historia de filantropía, pero contiene lecciones más importantes para el punto de inflexión urgente en el que nos encontramos, donde el futuro del orden social y el planeta están en riesgo.

La utilidad de una empresa puede y debe ir más allá del negocio, de proporcionar las máximas ganancias a sus propietarios e inversores. Las nuevas empresas que ahora se constituyen incorporan la responsabilidad social corporativa como una necesidad imperiosa. Las compañías deben tener una misión de vida y se puede imaginar que estén diseñadas para mantener el planeta próspero y sostenible de múltiples maneras.

Asimismo el constituir una empresa más allá de las aspiraciones individuales de su fundador le otorga más posibilidades de extender su vida útil. Ningún fundador vive para siempre. Una vez que un fundador se jubila o muere, la mayoría de las pequeñas empresas cierran. Solo uno de cada siete pasa sus negocios a la familia, y de esas empresas, un número muy pequeño llega a ser propiedad de la tercera generación.

El resto se vende, a menudo a competidores o firmas de capital privado. Los negocios se convierten en activos, a menudo vendidos una y otra vez, hasta que la vida original se extingue. Cualquiera que sea el impulso para el mejoramiento humano que motivó a ese fundador, la maximización de ganancias lo devora.

Frente a esto, los fundadores que hacen la transición de propiedad de formas alternativas son los arquitectos clave del próximo sistema.

En 2005, Mandy Cabot, fundadora de la empresa de calzado Dansko, estuvo a punto de vender la empresa a Timberland por 100 millones de dólares, pero se retractó en el último minuto. Más tarde convirtió la empresa en una Corporación B y vendió la empresa a sus empleados a través de un Plan de propiedad de acciones para empleados. Pero eso fue sólo el principio.

Cabot nació en una familia adinerada y todavía ganó dinero con la venta de Dansko. Pero comentó lo ineficiente que era acumular riqueza a lo largo de la vida y luego regalar una parte al final. Por eso se cuestionó si no sería más eficiente usar un negocio para hacer el bien.

En 2018, Democracy Collaborative comenzó un proyecto sobre la “empresa de próxima generación”. Identificaron más de 50 empresas que eran, como Dansko, corporaciones de beneficios propiedad de los empleados, empresas como Eileen Fisher, Clif Bar, King Arthur Flour y Cooperative Home Care Associates.

Cabot, que ahora tiene más de 60 años, y su esposo, Peter Kjellerup, que tenía más de 70 años, buscaban inversiones de impacto después de la venta de Dansko. Estaban pensando en comprar una pequeña granja en las montañas de Belice, cuando un corredor les habló de una selva tropical que estaba a punto de ser vendida a un desarrollador. “Será mejor que te sientes, porque es uno grande”, dijo el corredor.

La propiedad de la selva tropical resultó ser de 27,500 acres, bordeando tres áreas protegidas, incluida una reserva de jaguares. La parcela incluía una granja abandonada con una fábrica para hacer aceite de coco. Ellos se enamoraron. “Es la madre de todas las inversiones de impacto”, dijo Cabot. Comenzaron a rehabilitar el 10% de la tierra que había sido previamente cultivada, usando permacultura y agricultura regenerativa. Gran parte del resto de la tierra se convirtió en la nueva Reserva de Vida Silvestre Silk Grass, una organización sin fines de lucro que hoy posee el 30% de la granja y la fábrica, y algún día será dueña de todo.

El objetivo de Cabot es hacer que la granja y la fábrica sean lo suficientemente rentables para mantener la reserva a perpetuidad. Las juntas directivas de la reserva y la empresa estarán controladas por indígenas beliceños, y Cabot insiste en que la mayoría sean mujeres. Juntos, ese sistema podría sostener algún día alrededor de 200 empleos bien remunerados.

Este microsistema ayuda a visualizar la gran tarea que hay por delante: transferir la riqueza y el poder de las manos de unos pocos al control de la mayoría. Crear sistemas para mantener la vida floreciente, como su primer objetivo .

Redacción
En Positivo

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