martes, 06 diciembre 2022

El nuevo capitalismo, la nueva explotación. JORGE DOBNER

Este sistema no da para más. Vivimos en una fase de agotamiento del sistema capitalista que ha reinado en las últimas décadas pero que está llegando a su decrepitud: los recursos no renovables, como combustibles fósiles, se están agotando rápidamente, los suministros de energía escasean y los recursos renovables como el agua y los peces se están agotando debido a la sobreexplotación.

Millones de especies que habitan la Tierra ahora están muriendo por decenas de miles, siendo completamente exterminados por las actividades de la civilización industrial. Colateralmente nosotros somos expuestos a un nivel de polución que nos enferma.

Se sabe que el capitalismo requiere un crecimiento irrestricto y perpetuo en todas las esferas económicas, lo que exige un consumo voraz de recursos naturales.

El crecimiento infinito en un planeta finito simplemente no es posible, y nos estamos acercando rápidamente a los límites del crecimiento.

Hay algo más en esta explotación de recursos naturales; todo también acaba siendo mercantilizado. Mercantilizar algo significa despojarlo de todas las cualidades inherentes al objeto o ser vivo, cosificarlo, legitimando así su explotación irrestricta, con el fin último de ser lucrativo.

Hace unas semanas el actual presidente de Francia  Emmanuel Macron dio unas reveladoras declaraciones y un tanto polémicas sobre el fin de la abundancia. En concreto, el presidente de la República Francesa dijo: “Vivimos el fin de lo que podía parecer una triple abundancia: la de la liquidez sin coste (…), la de productos y tecnologías (…) y de tierras, materias primas y agua”.

Lo novedoso es que el que fuera niño prodigio de la banca, protegido de los multimillonarios Rothschild & Cia, se atrevió a tales manifestaciones.

Son cada vez más voces del ala liberal que apuestan por transformar el actual sistema capitalista acercándose a postulados humanistas frente a la amenaza de desaparición.

Ya estamos viendo que cuando la búsqueda de ganancias entonces se convierte en la única razón de ser, y como tal las tecnologías que se desarrollan, lejos de ser herramientas para la mejora de los niveles de vida, en última instancia terminan por estar orientadas principalmente a la producción misma, para la expansión de nuevos mercados y para el control de recursos que proporcionan la materia prima y la energía.

De esos nuevos modos de producción capitalista neoliberal, ha nacido el capitalismo de plataforma, que estamos viviendo actualmente con compañías como Airbnb, Deliveroo, Glovo, Uber y tantas otras suponen esas nuevas fuerzas productivas que friccionan con las reminiscencias de las relaciones de producción todavía existes del fordismo.

Recientemente se ha conocido que las principales plataformas de reparto a domicilio, Glovo, Deliveroo y Uber Eats, se ahorran solo en España 72 millones de euros al año en cotizaciones a la Seguridad Social haciendo uso de los “falsos autónomos”. En caso de cumplir con los convenios colectivos provinciales esto les supondría un coste de 96 millones de euros.

Con este objetivo quiere subsanar la ‘ley rider’ para garantizar los derechos laborales de las personas dedicadas al reparto en el ámbito de plataformas digitales.

Los males de esta nueva economía ‘online’ son los empleos precarios, abusos  y en muchos casos también la elusión fiscal.

Cuando en estos momentos se habla de tributar progresivamente y que los más ricos también paguen más – y no solo los de siempre – responde a una razón de equilibrar mínimamente la balanza de la desigualdad.

Como en todas las crisis también los más ricos han hecho ganancia en río revuelto. Según un informe de Credit Suisse los más ricos del planeta acumularon el 45,6% de la riqueza en 2021, más que antes de la pandemia. El 1% más rico del planeta sigue acumulando el 45,6% de la riqueza en 2021, un 1,7 puntos más que en 2019.

No es por tanto descabellado, sino razonable para frenar la brecha entre ricos y pobres, no solo poner el cerco a aquellos que quieren evadir impuestos haciéndose valer de las tretas de los paraísos fiscales; sino gravarles más en sus países de origen en consonancia a sus millonarias ganancias.

No es menos cierto que las clases medias asfixiadas y clases populares pueden quejarse de la hipocresía de las élites que exigen esfuerzos que ellos no se aplican. Por eso se celebra que por primera vez desde las altas estancias el BCE apoye gravar con mayores impuestos a los ricos para combatir la inflación.

Como en todo para hacerse los cambios legislativos oportunos debe empezar con un cambio de conciencia que no es fácil. Los jóvenes parecen llevar delantera en esta cuestión y existe una nueva oleada de jóvenes que renuncian a sus fortunas para luchar contra la desigualdad.

Los llamados milennials heredarán más de 15 billones de dólares sólo en Occidente, pero ya hay bastantes que están donando su fortuna a iniciativas solidarias.

Esta revolución de los herederos millonarios puede desembocar definitivamente en los cambios necesarios para construir un sistema más justo, equitativo y humano.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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