viernes, 07 octubre 2022
vida lenta

Vivir menos deprisa, vivir más lento. JORGE DOBNER

En muchos puntos del globo terráqueo recién se ha pasado con suerte un periodo vacacional. En ese tiempo más o menos extendido nos permitimos la licencia de descansar, relajarse, disfrutar más del ocio y de otros placeres. Sin embargo la vuelta a la rutina laboral y personal, de la vida cotidiana, vuelve a activarnos el botón del on para no parar.

La pandemia nos ha dejado grandes lecciones; entre ellas la obligación de saber parar para repensarnos. Sin embargo la inercia de la sociedad en que vivimos aún aboca a vivir muchas veces por encima de nuestras posibilidades: en gastos, tiempo, en esfuerzos, en responsabilidades…

Una persona sola difícilmente puede abarcar todo, y muchas veces se necesitaría más de una vida para poder hacerlo; por exigencias externas y ambiciones internas.

Vivir la vida no es sufrirla o pasarla a tal velocidad que ni tocas los pies en el suelo. Ya nos estamos dando cuenta de los efectos dañinos, a nivel de salud física y mental, de un estilo de vida que se ha tornado en consumo al más puro estilo capitalista.

Olvidamos el placer de detenerse y observar conscientemente la vida, lo que ahora se conoce como mindfulness…y observarnos a nosotros mismos cuando en vez de personas pecamos de funcionar como autómatas.

Ese vivir deprisa puede ser en estos momentos un mecanismo de defensa sobre la influencia de tantos acontecimientos que agobian: la guerra de Ucrania y otros conflictos bélicos en el mundo, la crisis económica, el cambio climático, el ritmo frenético de lo digital, el caudal de malas noticias desde la perspectiva mediática…

No obstante también hemos aprendido en pandemia que otras formas de vida son posibles, recuperando también prácticas saludables de nuestros ancestros. Así es como una vida más cercana a la naturaleza nos permite oxigenarnos y disfrutar de una existencia más sencilla pero seguramente más satisfactoria internamente.

Ese estilo de vida que merecemos recuperar se llama ahora Slow Life, o lo que es lo mismo vivir una vida lenta, más significativa y consciente que está en línea con lo que más valoras en la vida.

En lugar de esforzarse por hacer las cosas más rápido, el movimiento lento se enfoca en hacer las cosas mejor. A menudo, eso significa reducir la velocidad, hacer menos y priorizar pasar la cantidad adecuada de tiempo en las cosas que realmente importan.

Al reducir la velocidad, también situamos intencionalmente los verdaderos valores en el centro del estilo de vida.

El adaptarnos a una vida lenta es sin duda una forma de rebelión al sistema capitalizado al extremo; do it fast, hazlo rápido y ya. Un sistema rápido que produce personas con un anhelo constante de novedad, insensibles, de bienes de consumos efímeros, de productos, de personas, de relaciones desechables.

El vivir la vida a una velocidad más acorde a nuestro biorritmo biológico nos hace definitivamente más personas, amables, empáticos y abiertos a tantas cosas, personas y relaciones maravillosas de la vida que damos por supuesto, pero son cada día un regalo.

Aquí y ahora, de manera consciente y con todos los sentidos.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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