viernes, 07 octubre 2022

Chile: cuando la democracia no juega a su favor, sale por los poros incluso de aquellos que llevan las banderas del progresismo. YASNA MUSSA

Chile rechazó la propuesta de Constitución, pero eso no revive a Pinochet.

Este domingo Chile dijo no al texto propuesto por una convención constituyente para reemplazar la actual Constitución, que está vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet. Lo hizo sin medias tintas: con un triunfo aplastante del Rechazo con 62%, en unas elecciones obligatorias y con la participación más masiva de la historia: más de 13 millones acudieron a las urnas, de un padrón electoral de 15.1 millones.

Con esos datos, la respuesta obvia es que la gran ganadora fue la democracia, en un proceso impecable y transparente liderado por el Servicio Electoral. Pero el resultado conmocionó a los defensores del Apruebo y a una audiencia internacional que observaba con entusiasmo y curiosidad el proceso del pueblo chileno, que en tres años parecía haber despertado de manera masiva para enterrar la Constitución de Pinochet, a un año de la conmemoración del medio siglo de su golpe de Estado. Parece difícil de entender que, solo tres días antes, el cierre de campaña a favor del Apruebo había convocado a cientos de miles de personas en un emotivo show, mientras el Rechazo terminaba con un acto discreto y solitario.

Pero a diferencia de lo que dijo el presidente colombiano, Gustavo Petro, el resultado de este plebiscito no revivió a Pinochet: el pueblo chileno ya rechazó esa Constitución. Pero como la historia no es lineal y los procesos sociales se construyen entre más derrotas que triunfos, todo este recorrido y zigzagueo de los últimos tres años tendrá que recordarnos que nada está ganado, y que dividir a la gente en buenos y malos solo sirve para retroceder.

Sin embargo, las dudas permanecen. ¿Por qué Chile decidió rechazar la propuesta que otorgaba más derechos sociales que ninguna otra en el mundo? ¿Por qué en comunas como Petorca, donde sus habitantes sufren una sequía extrema y dependen de camiones aljibes para abastecerse, también ganó el Rechazo pese a que la propuesta consagraba el agua como un derecho humano? Lo mismo queda preguntarse sobre las llamadas “zonas de sacrificio”, comunas que conviven con grandes empresas de energía y combustible —y la contaminación que generan—, a quienes el nuevo texto no convenció pese a que ofrecía asegurar una vida libre de polución, defendía a la naturaleza y el medio ambiente, y consideraba el contexto del cambio climático.

Es difícil encontrar una sola respuesta cuando el shock del resultado aún está presente. Algunos análisis de políticos que estaban a favor del Apruebo y en redes sociales se han apresurado a dar comentarios acalorados y viscerales, culpando del triunfo del Rechazo a los votantes y al voto obligatorio. Cegados por su soberbia y el complejo de autopercibirse como superhéroes, no entienden por qué ellos defendieron derechos para gente pobre y vulnerable que fue mal agradecida y “no se la jugó” por la nueva Carta Fundamental.

Culpar a los electores es igual de cínico que apuntar solo a las fake news y campañas de desinformación. Que las hubo e influyeron, no cabe duda. Pero la falta de autocrítica es justamente la responsable de este resultado desastroso para una parte del país que imaginó que otra calidad de vida era posible, en un rincón del mundo que fue el gran laboratorio neoliberal impulsado por los llamados Chicago Boys, que implementó un sistema económico que generó gran desigualdad y endeudamiento en la población.

Pensaron a una sociedad dividida en blanco y negro y se olvidaron de la escala de grises, en donde la gente tiene miedos legítimos y que no es, necesariamente, progresista en todos los aspectos de su vida. Muchos de quienes desean más derechos sociales son también personas conservadoras en un país tradicional que, pese a las revueltas sociales de los últimos tres años, no ha cambiado su estructura más íntima. O no se sentían preparados para un cambio tan drástico. Otros se sintieron engañados por algunas actitudes de los constituyentes, de quienes esperaban más porque los veían como iguales y en quienes depositaron su confianza cuando todo esto comenzaba. En mayo de 2020 la ciudadanía eligió al órgano encargado de redactar la nueva propuesta constitucional, de los cuales 88 de los 155 convencionales no militaban en partidos políticos.

Resulta evidente que la gente evaluó a los constituyentes con una vara más alta con la que suelen evaluar a la clase política, a la que a menudo se le perdonan actos de corrupción o escándalos. Pero también es cierto, que en un proceso excepcional, las expectativas también lo son: la gente confió en personas más parecidas a ellos y a sus anhelos, que en figuras políticas tradicionales.

Y aunque la gran mayoría de la Convención trabajó de forma seria, comprometida y en tiempo récord, tuvo serias dificultades para comunicar su trabajo, por lo que el desatino de unos pocos nubló muchas veces los avances significativos y memorables de la mayoría. Muchas personas a las que entrevisté durante estos 12 meses en que funcionó la Convención me expresaban su desilusión con los representantes, aún sin haber leído las propuestas. Aunque todavía no tenemos la certeza suficiente, probablemente una parte de la población castigó con su voto a los constituyentes, cuyo apoyo popular fue disminuyendo durante los últimos meses.

Simplificar este proceso como un todo o nada significa también caer en el paternalismo, condescendencia y clasismo habitual que se pasea por Chile, entre todos sus colores políticos y que se oculta bajo eslóganes.

Pero que cuando la democracia no juega a su favor, sale por los poros incluso de aquellos que llevan las banderas del progresismo.

El presidente Gabriel Boric, los voceros del Apruebo y políticos de izquierda salieron anoche a reconocer los resultados y a reafirmar su respeto por la voluntad del pueblo.”Si la gente les creyó a ellos y no a nosotros, el problema no fue de la gente: el problema fue nuestro”, dijo Claudia Pizarro, alcaldesa de La Pintana, una comuna de la periferia de Santiago golpeada por la pobreza y donde ganó el Rechazo.

Esta es también una derrota para la izquierda, cuyo gobierno no ha logrado mantener el entusiasmo inicial en la ciudadanía y ha debido enfrentar una crisis económica y de seguridad.

Por eso deberá evaluar su rol en esta campaña donde la derecha fue, a la luz de los resultados, mucho más hábil: el oficialismo puso a la misma clase política como vocera del Apruebo, con lo cual la población vio también en esta votación una forma de reprobar al actual gobierno; mientras que el Rechazo supo instalar la idea de que la suya era una campaña ciudadana, potenciando caras nuevas o voces más moderadas. Una imagen que se cayó ayer apenas se supo el resultado, pues allí aparecieron como voceros representantes de la vieja política de la transición y también de la extrema derecha, muchos de ellos militantes de partidos que habían sido castigados por la ciudadanía en las últimas elecciones.

Ahora que la presión que generaba el plebiscito comienza a disiparse, tanto la oposición como el oficialismo podrán mostrar cuánta voluntad existe para encontrar acuerdos y cumplir con las promesas entusiastas de campaña. Boric ya dio el primer paso. Chile cambió, de eso no hay duda, y el resultado de anoche no nos transporta al estado en que estaba el país previo al 18 de octubre de 2019. Hoy la ciudadanía es más exigente y está dispuesta a salir a las calles, consciente de lo que logró. Ahora hay pisos mínimos y este es solo el comienzo.

YASNA MUSSA
Corresponsal y reportera freelance en Chile, además de cofundadora de revistalate.net y mediambiente.cl.
Publicado en: THE WASHINGTON POST

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