viernes, 19 agosto 2022

La revolución de la longevidad. JORGE DOBNER

Según las proyecciones de Naciones Unidas para 2050, 1 de cada 6 personas en el mundo tendrá más de 65 años.  Todas las sociedades del mundo se encuentran en medio de esta revolución de la longevidad, algunas están en sus primeras etapas y otras son más avanzadas. Pero todos pasarán por esta extraordinaria transición, en la que la posibilidad de sobrevivir hasta los 65 años pasa de menos del 50 por ciento, como fue el caso en Suecia en la década de 1890, a más del 90 por ciento de la actualidad.

Estos cambios para las personas se reflejan en los cambios sociales: las personas mayores son un grupo demográfico en crecimiento dentro de la sociedad. Actualmente, las personas mayores representan más de una quinta parte de la población en 17 países, y las proyecciones  indican que este será el caso en 2100 para 155 países, cubriendo una mayoría (61 por ciento) de la población mundial.

Las personas de más de 65 años son un importante activo para la sociedad, si bien a menudo una mirada prejuiciosa tiende a desechar esta idea.

Es preciso dar una vuelta de tuerca al modelo de sociedad que tenemos para revalorizar el capital humano senior que aporta tantas cosas a nivel de conocimiento y experiencia. Hoy no es una hipótesis sino ya una necesidad.

Se deben implementar medidas legales e institucionales para eliminar la discriminación por edad en el lugar de trabajo y promover arreglos laborales flexibles y amigables con las personas mayores siempre que quieran ser activos de alguna manera. Igualmente pueden contribuir en labores de voluntariado.

Los programas de reciclaje a corto plazo, incluidos los diseñados para la economía digital, deben ser más accesibles para todos. La alfabetización digital debería ser tan importante para los adultos jóvenes como lo es para las personas mayores. Las campañas de concientización y los módulos de capacitación sobre antienvejecimiento también son deseables para los empleadores.

Dado que la “economía plateada” – es decir aquellas actividades económicas, productos y servicios destinados a satisfacer las necesidades de los mayores de 50 años – va en aumento y representan cada vez más una parte importante, estas medidas mejorarán la preparación digital general.

También la asistencia social debe trabajar en conjunto con la política social para hacer del envejecimiento activo una parte integral del crecimiento económico, vinculando la salud con la riqueza y la prosperidad común.

Por eso debe ser una máxima prioridad adaptar un nuevo sistema de salud para una economía que envejece. Esto implica una mayor inversión en la sanidad pública pero más allá del tratamiento de enfermedades físicas sino de forma fundamental en la prevención. Esto incluye salud mental, salud ocupacional, atención, actividad física y bienestar de ciclo completo.

El error de ahora es conformarnos con una visión de la salud desde el tratamiento cuando desde la prevención se puede mejorar mucho más la calidad de vida y atenuar los  achaques propios de la edad. Además el invertir en una visión integral preventiva supone a la larga un menor coste sanitario.

Igualmente se debe aprovechar el poder de la tecnología digital para mejorar rápidamente la calidad y la eficiencia de la atención médica. Lo mismo debe aprovecharse para la atención médica, en general, para lograr la integración de datos y servicios médicos tanto en vertical como horizontalmente en instituciones de todos los niveles.

Siempre para complementar y optimizar la sanidad, pero nunca como sustitutivo de la atención personal y de cuidados que las personas mayores necesitarán en algún momento.

No en vano la Economía de los Cuidados está destinada a tener un papel central en la sociedad para hacer frente a las necesidades que tenemos a lo largo del ciclo vital, que por supuesto incluye a las personas mayores de una forma destacada.

Durante la pandemia se han podido ver las carencias en un sistema que no estaba del todo preparado para dar la atención vital que las personas mayores necesitan y ellas especialmente han sido por desgracia las más damnificadas.

Esto debe servir de aviso pero también de revulsivo para transformar nuestro sistema a las necesidades que ya vemos. La sociedad tiene una deuda enorme con las personas mayores que tantas veces han tirado del carro de las familias en las peores circunstancias y sucesivas crisis.

Podemos hacer un mundo más amable para las personas mayores y debemos hacerlo.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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