viernes, 19 agosto 2022

El periodismo destructivo incrementa la crisis de credibilidad. JORGE DOBNER

Decía Ryszard Kapuściński, uno de los grandes maestros del periodismo, que “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Mientras que el periodismo se venda seguirá viviendo una crisis de credibilidad y confianza por parte de la sociedad y potencial audiencia.

Paradójicamente cuando el periodismo vende su alma al diablo tampoco asegura su rentabilidad porque deja de estar legitimado, también por las audiencias que ya no se creen a los medios y lo que estos dicen. Literalmente las audiencias abandonan a los medios que antes seguían.

Nadie dijo que el periodismo independiente, libre, fuera fácil. Pues evidentemente es una profesión vocacional que a veces encierra presiones e incluso peligros y  coacciones.

La información libre es acechada incluso en democracia por el periodismo de gobierno, que busca su legitimidad al lado de los poderes que aprovecha más que construir desde la base con conocimiento de la sociedad.

Pero también por la prensa de la industria que puede tornarse corporativista cuando se priorizan las actividades industriales o financieras frente a los valores.

Para tener o recuperar la credibilidad hay que ser independiente y comprometerse con la verdad aun cuando no guste e incomode, o principalmente por eso.

Callar una información porque así le conviene al gobierno, al partido de turno con el que se tiene afinidad ideológica, al lobby de interés o al anunciante, es aceptar que la libertad de información puede ser maniatada.

Aún quedan por suerte referencias ejemplarizantes y de prestigio de lo que es el periodismo constructivo e independiente como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) que ha denunciado casos de corrupción y fraude fiscal como los papeles de Panamá y Pandora Papers.

Sin embargo hay otros casos de periodismo destructivo que se han dejado arrastrar por la toxicidad, el sensacionalismo y la ola ‘hater’. No es periodismo porque se nutre de falsedades, bulos o medias verdades.

Hoy vemos un tipo de onanismo periodístico en que lo de menos es la información, sino la calumnia, donde los supuestos periodistas actúan como mamporreros. Aquellos que gustan aparecen en todos los medios como Starlets, porque ellos son los protagonistas y no la noticia ¿Dónde quedó la seriedad, el rigor y discreción?

Estos días el Col.legi de Periodistas de Catalunya ha publicado un comunicado denunciando las complicidades de una minoría de medios y periodistas con las cloacas del Estado en España “Las últimas revelaciones sobre las conversaciones mantenidas por el excomisario Villarejo ponen de manifiesto comportamientos por parte de varios periodistas y medios de comunicación que vulneran los principios más elementales de la ética. No sólo afectan al cumplimiento del código deontológico, sino que degradan a la democracia”.

En el mismo recuerdan que una mayoría de periodistas están comprometidos con la democracia y los valores éticos. Pero también hay una parte destacada que construye mentiras e intoxica y manipula deliberadamente a la ciudadanía haciéndose valer  de las cloacas del Estado.

Los hay casos dignificantes como los periodistas que revelaron el Escándalo Watergate pero que corroboraron con pruebas y los hay otros que urden montajes mediáticos para tumbar políticos porque no son de su cuerda como en el caso de varios líderes de Latinoamérica como Gabriel Boric en Chile o López Obrador en México.

Si el actual ecosistema mediático sufre una opacidad y debe de haber algún tipo de regulación al igual que otros sectores de poder y una ley de transparencia para que todos los medios releven sus  anunciantes y lobbies de apoyo, para que sí la sociedad sepa con conciencia y definitivamente a qué atenerse cuando ve, lee o escucha una noticia.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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