viernes, 19 agosto 2022
distracción

El poder de la distracción

A todos os habrá ocurrido experimentar el singular poder de la distracción. Desde hace horas no dejamos de reflexionar en un problema que nos agobia; en vano nos esforzamos por recordar un nombre que tenemos en la punta de la lengua.

No es raro que la solución que buscamos o el nombre que se nos escapa nos vengan a la memoria de repente, en el momento exacto en que dejamos de pensar en ellos y nos dejamos distraer por algo.

El hecho es que esta distensión de la mente, habitualmente considerada una culpable señal de pereza o de falta de atención, se revela un componente fundamental de nuestra vida psíquica, como un rumor de fondo al cual, de vez en cuando, es oportuno prestar atención.

De san Agustín a Pascal, e incluso hasta Heidegger, el pensamiento occidental nos ha enseñado a asociar la distracción ora con la dimensión del pecado y la indolencia, ora con aquella de la dispersión y la inautenticidad.

Estimada durante siglos uno de los síntomas más claros del síndrome melancólico, la distracción es considerada aún hoy, en el ámbito del conocimiento médico y psiquiátrico, un desorden de la atención que exige un particular tipo de tratamiento.

Así empieza el libro de la Doctorada en filosofía Alessandra Aloisi en su libro “El Poder de la distracción” que es una monografía que desafía el desarrollo histórico de la “distracción” en sus implicaciones filosóficas y literarias, desde el siglo XVII hasta el XIX.

Contra las insidias y los peligros de la distracción se ha promovido de forma incansable una forma de pensamiento que privilegia el recogimiento y la concentración, el control racional de los deseos y la disciplina de las pasiones.

Sin pretensiones de exhaustividad y trazando un camino no siempre cronológicamente ordenado que de Montaigne y Pascal llega a Bergson y Proust, pasando por autores como La Bruyère, Voltaire, Rousseau, Xavier de Maistre, Leopardi, George Sand y Baudelaire, el libro intenta en determinados casos deshacer algunos lugares comunes relativos a la distracción y en otros mostrar su posible significado filosófico.

Constatamos cómo en los estados de distracción somos a menudo capaces de captar estímulos de los que normalmente no somos conscientes, que desarrollamos tareas que parecerían exigir una gran aplicación, o que recordamos por casualidad a personas y situaciones aparentemente caídas en el olvido.

El famoso Eureka como una chispa divina del genio también puede venir de esos momentos de distracción en el que no estamos en permanente estado de control y nos dejamos fluir.

Redacción
En Positivo

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