viernes, 19 agosto 2022

Cuidar el planeta, cuidarnos nosotros. JORGE DOBNER

Recientemente conocíamos el desprendimiento de un glaciar de la montaña Marmolada en los Alpes, en el noreste de Italia, que de momento se ha saldado con la muerte de nueve personas que subían la cima. El derrumbe de un glaciar en el macizo de la Marmolada provocó una avalancha de nieve, rocas y hielo que cubrió la ladera de la montaña.

La avalancha, que alcanzó velocidades de 300 kilómetros por hora, recorrió una distancia de 500 metros. La masa glaciar resultó tener 60 metros de altura, 80 metros de profundidad y 200 de ancho. Un rascacielos de hielo, del tamaño de dos campos de fútbol, había caído de la montaña.

La causa de la tragedia se atribuye a unas condiciones meteorológicas anormales: el día anterior se registraron temperaturas de más de 10 grados en la zona de la Marmolada.

Bien es cierto que siempre han existido los aludes pero no en estas condiciones anormales.

Todos los expertos coinciden: “La tragedia del domingo no era previsible”, informaba el diario italiano ‘La Reppublica’. Un fenómeno imprevisible que señala directamente como causa el cambio climático, el factor que todo lo explica.

El cambio climático amenaza los glaciares alpinos de Europa que alguna vez fueron “plácidos”. Este verano de 2022 corre el riesgo de ser una tormenta perfecta para los glaciares debido a las altas temperaturas y la falta de nieve en invierno, advierte el experto Giovanni Baccolo, científico ambiental y glaciólogo de la Universidad de Milán-Bicocca.

La cuenca del Mediterráneo, que incluye a países del sur de Europa como Italia, ha sido identificada por expertos de Naciones Unidas como un “punto caliente del cambio climático”, susceptible de sufrir olas de calor y escasez de agua, entre otras consecuencias.

El gobierno de Italia se ha visto obligado a aprobar el estado de emergencia para paliar los efectos de la extrema sequía en cinco regiones: Véneto, Emilia Romaña, Friuli Venezia Giulia, Lombardía y Piamonte, zonas alimentadas por el río Po y los Alpes orientales. Se trata de la peor crisis hídrica en esta zona en 70 años.

Cada semana conocemos nuevas noticias acerca de las consecuencias del cambio climático y la solución no está en negarlo sino afrontarlo con soluciones de emergencia.

Existe una peligrosa corriente negacionista que aún a pesar de las enormes evidencias cuestiona los efectos del cambio climático.

No se dan cuenta que en su absurdez no solo es que denigren el medioambiente con políticas de sobreexplotación, sino que en última instancia ponen en riesgo nuestras vidas. Porque el cambio climático nos afecta como especie en el eslabón de este planeta Tierra. 

En estos momentos el máximo exponente negacionista climático y más peligroso es el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que antepone sus intereses económicos vía la deforestación para matar la selva amazónica. Un ecosistema, pulmón del planeta, que existe desde hace 55 millones de años y es una de las regiones biológicamente más complejas del mundo, hogar de una décima parte de todas las especies vivas de plantas y animales.

No es el único, le siguen sus aliados ultraderechistas en el mundo, que secundan sus tesis apoyados por los lobbies que destruyen nuestro medioambiente. En el caso de España existe el caso flagrante del deterioro del Mar Menor, que los sucesivos gobiernos se han excusado de abordar, pero que en última instancia y en vista de su gravedad han acordado recientemente convertir al mar Menor en el primer ecosistema con personalidad jurídica de Europa – todos los partidos excepto Vox -.

Estos días la publicación especializada New Scientist analizaba cómo la sobrepesca está dañando la diversidad genética de los peces en un grado mayor de lo esperado, dejando vulnerables a las especies en riesgo.

Desde la minería en aguas profundas hasta la pesca a escala industrial, las actividades humanas en los océanos se están expandiendo masivamente en un ámbito donde se aplican pocas reglas. Solo ahora estamos lidiando con cómo regular la prisa por saquear los mares.

Frente a los graves problemas medioambientales se necesitan respuestas urgentes y tajantes. Por eso se celebra la decisión de Colombia de ser el primer país de Occidente en proteger el 30% del océano.

El presidente saliente de Colombia, Iván Duque, anunció que el país se transformó en el primero en el hemisferio occidental en convertir el 30% de su territorio oceánico en un área protegida, prohibiendo la pesca y la exploración petrolera.

Cabe recordar que los océanos producen la mitad de todo el oxígeno del mundo y absorben el 31% del dióxido de carbono producido por el hombre.

Por eso cuando se apuesta por políticas de protección medioambiental no sólo cuidamos el planeta, sino que nos cuidamos a nosotros mismos.

Al mismo tiempo que desaparecen especies no olvidemos que nosotros también podemos desaparecer por culpa de nuestra acción negligente.

JORGE DOBNER
Editor 
En Positivo

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