domingo, 14 agosto 2022
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Cuidar la mente, salvar vidas. JORGE DOBNER

La muerte por suicidio es un tema sumamente complejo que causa dolor a cientos de miles de personas cada año en todo el mundo. Cada suicidio es una tragedia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que casi 800. 000 personas mueren por suicidio cada año, eso es una persona cada 40 segundos.

El suicidio es a nivel mundial una de las principales causas de muerte en los jóvenes y raíz de la pandemia es ya la primera causa de muerte en algunos países. No hace falta decir el drama social que significa la pérdida antinatural de jóvenes con toda la vida por delante.

Pero esto no significa necesariamente que el suicidio sea más probable en personas jóvenes que en personas mayores; es en gran medida un reflejo del hecho de que las poblaciones mayores también mueren por muchas otras causas. En personas de 70 años o más el número de suicidios es elevado, pero inferior al de otras causas.

El abordar una estrategia no solo a nivel de países sino conjuntamente internacional no solo es necesario sino ya urgente. Con intervenciones oportunas basadas en la evidencia, se pueden prevenir los suicidios, especialmente atajando los factores que desencadenan las tentativas de suicidio.

Uno de esos factores es la soledad, definida como la percepción subjetiva de falta de contacto con otras personas, que se asocia con mortalidad prematura, mala salud física y mental, por ende al incremento de suicidio.

Estamos perdiendo el vivir en comunidad para en su lugar vivir una realidad paralela pegados a un móvil. Antes los niños del vecindario salían a las calles para jugar con la pelota en la cancha, mientras que hoy permanecen más tiempo encerrados y conectados a un dispositivo tecnológico.

De este modo se está acelerando desde edades tempranas una falta de integración social debido a razones tales como la falta de vínculos sociales de un individuo con la familia y los amigos.

Una vez que la pandemia ya no es pretexto debemos tejer redes fuertes de comunidad, hacer actividades conjuntas y compartir espacios públicos.

Debemos recuperar el apoyo emocional como pilar social, esto implica la provisión de cariño, empatía, amor y confianza  e indica que alguien es cuidado, valorado, no está solo y tiene alguien en quien confiar.

Hay que fomentar una sociedad más humana, más empática, menos competitiva y materialista, basada en los cuidados y en la educación emocional.

Desde las instituciones deben potenciar la economía del cuidado al tiempo que se incrementa la demanda de cuidado de los niños y de las personas de edad en todas las regiones, así no solo aumenta la protección social sino que además puede crear numerosos empleos en los próximos años.

Por supuesto una de las reivindicaciones urgentes es un plan serio para atender la mayor vulnerabilidad de la salud mental entre la población. Esto implica invertir los recursos necesarios para que las personas puedan tener a tiempo un profesional que las atienda por la seguridad social y no esperar hasta que sea demasiado tarde.

Recientemente en España se ha puesto en marcha el 024, un teléfono contra el suicidio que es la amenaza silenciada. En Austria ha incluido una medida específica y un indicador sobre los servicios de salud mental para niños, niñas y adolescentes, y ha establecido una plataforma para coordinar el apoyo psicológico y social a grupos vulnerables. En Finlandia, uno de los países más afectados, el Ministerio de Salud y Asuntos Sociales lanzó en febrero de 2020 su Estrategia Nacional de Salud Mental 2020-2030.

Son muchos los países que han puesto en marcha diferentes medidas pero sería oportuno una coordinación para evaluar el éxito de las mismas y así implementarlas de manera óptima.

Cada vida cuenta por eso hoy más que nunca debemos concienciarnos que cuidar la mente es salvar vidas.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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