lunes, 27 junio 2022
ángeles

Salvar a los ángeles que llevamos dentro. JORGE DOBNER

A razón de los acontecimientos que estamos viviendo parece que estamos inmersos en una tormenta perfecta sobre un cúmulo de malas noticias. Sin lugar a dudas la guerra en Ucrania es el suceso más preocupante con la escalada de violencia que está arrebatando la vida de inocentes y en algún momento ha sobrevolado su avance a nivel de Tercera Guerra Mundial.

Los medios tenemos una gran responsabilidad en estos momentos para informar con rigor y ética de estos desgraciados acontecimientos. Sin embargo es común que los bulos y el sensacionalismo fagociten el espíritu constructivo de informar.

Sin olvidar las consecuencias que una mala praxis periodística puede ocasionar al inducir a la población a una psicosis colectiva de miedo y el menoscabo a los derechos de las víctimas en guerra que muchas veces son infringidos.

Lo cierto es que desde Occidente parecíamos reducir en importancia a otras guerras que de forma paralela se desarrollan desde hace tiempo,  y ahora con el atentado del Kremlin sobre Ucrania se magnifica su resonancia en los medios a causa de su proximidad geográfica.

Nos creíamos inmunes, y no lo somos, pero todas las vidas importan. También las de aquellos que siguen sufriendo las guerras que se han multiplicado por África y Oriente Medio desde el inicio del siglo XXI. Es el caso de Siria, Etiopía, Afganistán, Yemen o el eterno conflicto Israel-Palestina.

En el caso de la reciente y esperada tregua en Yemen apenas ha tenido trascendencia mediática cuando sin duda es una buena noticia para acercar la paz.

“If it bleeds, it leads” (si sangra, lidera) el viejo adagio que explica cómo si hay violencia, conflicto o muerte involucrados, obtiene la máxima facturación mediática. Es noticia la guerra, pero también debería ser en la misma medida el cese de la guerra.

Recientemente el psicólogo experimental, científico cognitivo, y escritor Steven Pinker cuestionaba que los medios deben hacer un esfuerzo mucho mayor para darles un contexto a los lectores. “Hay ciertas prácticas propias de la naturaleza del periodismo que provocan que se informe incorrectamente. Una de ellas es que las noticias se enfocan en los sucesos, y una de las fuentes de las falacias lógicas es que basamos nuestras estimaciones de riesgo, probabilidad y peligro en los eventos que tenemos en la memoria, en esos que vemos en las noticias y suponemos que son comunes”.

Defiende que en una sociedad tecnológicamente avanzada deberíamos basarnos en los datos, no en las anécdotas.

Esto hace que los tiroteos en las escuelas, los accidentes de avión o de plantas nucleares se tomen por hechos comunes en lugar de sucesos desgraciados pero por suerte poco frecuentes.

Hace una década Pinker publicó su célebre Los Ángeles que llevamos dentro atendiendo a estadísticas y datos cómo el mundo ha sido cada vez más pacífico, es decir una tendencia significativa a que la guerra sea menos frecuente y menos mortal.

En primer lugar, ha habido una “larga paz” entre las grandes potencias desde alrededor de 1945, que contrasta notablemente con las épocas anteriores de conflictos recurrentes entre grandes potencias. En segundo lugar, existe también una “nueva paz” caracterizada por un descenso cuantitativo de la guerra, el genocidio y el terrorismo.

En esta misma línea en un reciente volumen editado por Nils Petter Gleditsch, del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, Michael Spagat y Stijn van Weezel calculan las muertes en batalla por cada 100.000 habitantes del mundo, utilizando un conjunto de datos de guerras interestatales y civiles desde 1816, e identifican una ruptura estructural en 1950, tras la cual el mundo se volvió fundamentalmente más pacífico que en el siglo y medio anterior.

También el gurú tecnológico Peter Diamandis contrasta estadísticamente esta tendencia y añade que las posibilidades de sufrir una muerte violenta son 1/500 de lo que solían ser durante la época medieval.

Evidentemente esto no exime por infortunio que – aunque en menor medida – siga habiendo guerras y conflictos internacionales que quebrantan la vida de civiles por la locura de sus dirigentes.

Pero no hace falta decir que en la peligrosidad vivida estas semanas de que la guerra en Ucrania estallara en una Tercera Guerra Mundial – lo cual hubiera ocurrido con certeza en otro momento de la historia –  ahora se han activado mecanismos disuasorios y diplomáticos para evitar la mayor.

Sin embargo la paz no es algo que nos es regalado, sino que tiene que  trabajarse día a día. Es cierto que el mundo se ha vuelto menos propenso a las grandes guerras pero las estadísticas no pueden garantizar que esta tendencia continúe.

El riesgo siempre está presente y debemos convivir con él. En la medida de nuestras posibilidades debemos salvar a los ángeles que llevamos dentro para mostrar nuestro lado más bondadoso al mundo; para que aquellos malvados que aún resisten se vean acorralados en sus barbaries.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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