lunes, 27 junio 2022
vivir

Volver a vivir. JORGE DOBNER

La pandemia nos ha arrebatado tantas cosas queridas que dábamos por sentadas, y que en momentos difíciles hemos comenzado a valorar más en la medida que podíamos perderlas. A pesar de las dificultades y el contexto bélico a nivel mundial que nos toca vivir, esta es una oportunidad para repensarnos en nuestro concepto sobre la vida.

Podemos vivir una vida más real y auténtica. Con el fin de las mascarillas  hemos redescubierto la expresión del rostro de los otros que tanto tiempo nos ha sido omitida.

Es tiempo de reencontrarnos, abrazarnos, pisar la calle y ayudarnos en la medida de lo posible en cuanto a los aprietos por la crisis socioeconómica que además estamos pasando.

Ha sido demasiado tiempo aislados, sin contacto humano y pegados a una pantalla. Evidentemente los hábitos de hoy distan bastante de los de hace unos años, pero necesitamos recuperar algunas buenas costumbres.

Según una encuesta realizada por Acuvue, el trabajador de oficina promedio pasa aproximadamente 1.700 horas al año frente a la pantalla de una computadora. Eso es alrededor de 6,5 horas al día y no incluye el tiempo de pantalla fuera de la oficina. Es decir aquel tiempo de ocio que antes pasábamos compartiendo con otros y ahora gastamos en estar pendiente en móviles, viendo la televisión u otras actividades inmersivas en redes.

En lo que llevamos de 2022, según Statista, el uso diario promedio de las redes sociales de los usuarios de Internet en todo el mundo ascendió a 147 minutos por día, frente a los 145 minutos del año anterior.

Es interesante contabilizar cuanto tiempo se pasa delante de una pantalla al margen de razones laborales. Antes de que aparezca el metaverso ya estamos viviendo en una realidad inmersiva sin apego hacia nuestros semejantes. Lo cual es preocupante y contradice la naturaleza socializadora de nuestra especie para convertirnos en unos misántropos.

Nos estamos complicando demasiado nuestra existencia para lo que en otras generaciones era natural. También cuando hablamos de interrelacionarnos las aplicaciones se nos presentan como la panacea pero olvidamos que en muchos casos nos reducen a una simple imagen estática que no puede en ningún modo compararse a la sensación de encontrarnos cara a cara.

Dice la socióloga francoisraelí Eva Illouz cómo las ‘apps’ de citas nos convierten en promesas consumibles de una experiencia sentimental y sexual.

Mientras que el vivir la vida real sin pantallas por delante nos exige salir de la zona de confort para atrevernos, mostrarnos tal y como somos sin máscaras, arriesgarnos a gustar o no, entablar relaciones más profundas.

Tenemos que empezar de nuevo a valorar la riqueza de lo diferente y a no equipararnos como productos homogéneos y normativos, a valorar la esencia del ser humano por lo que es y no necesariamente por lo que  tiene.

“Lo esencial es invisible a los ojos” decía el célebre El Principito de escritor Antoine de Saint-Exupéry. Pues lo importante lo podemos encontrar en los gestos de afecto, los amigos, la familia, los buenos valores y hábitos, que son bienes inmateriales de enorme riqueza. La columna emocional de todo ser humano.

Podemos prescindir de muchas cosas pero no de estas cosas aparentemente invisibles pero tan valiosas que a fin de cuentas dan sentido a una existencia.

Este tiempo nos sirve además para simplificar el consumo, simplificar la vida, ser más prácticos y no ahogarnos en los pequeños dramas de la vida cotidiana. Porque los problemas son otros y más importantes.

Hay que volver a vivir con plenitud.
Porque a pesar de todo lo que nos esta pasando, merece la pena no perderse un instante.

JORGE DOBNER
Editor 
En Positivo

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