lunes, 27 junio 2022
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Rusos SÍ, Putin NO. JORGE DOBNER

Aunque un narcisista como Vladimir Putin ha querido hacer de Rusia a su imagen y semejanza; no lo ha conseguido. Es evidente que Rusia es mucho más que su figura, lo fue antes de su ascenso presidencial y será después de su paso, igual que ya ocurrió con el Gobierno Zarista y Revolución bolchevique. Todo cambia constantemente y nada lo detiene.

Sin embargo también ahora se puede cometer el error de homogeneizar a todo un pueblo entorno a la figura de Putin aun cuando parte de los ciudadanos rusos se están rebelando en contra de sus acciones bélicas.

No es nada fácil en un país en donde la libertad de expresión está flagrantemente restringida y en que una mínima protesta expone a la detención de la ciudadanía. Ya se acumulan unos miles de detenidos de personas que han venido protestando pacíficamente en contra de la guerra en 52 ciudades de Rusia.

El colmo de la desvergüenza antidemocrática lo hemos visto con la detención de una mujer mayor, Yerena Osipova – quien vivió la Segunda Guerra Mundial y el asedio de Leningrado – cuyo delito es exhibir unos dibujos de protesta, o el arresto de unos manifestantes que portaban unos folios en blanco.

Hay miedo, y con razón, sabiendo cómo se las gasta el nuevamente apodado ‘Putler’: la prisión, ostracismo y envenenamiento para sus opositores. Pese a todo y por primera vez en mucho tiempo decae la confianza depositada por parte de la ciudadanía rusa.

Según una encuesta encargada por la plataforma de Naválni y cuyos resultados se dieron a conocer hace unos días, se registra un incremento progresivo de quienes creen que Rusia juega un papel de agresor en el conflicto (frente a las funciones alternativas de liberador o pacificador). El 25 de febrero concitaba el 29% de las respuestas, el 3 de marzo estas se dispararon hasta el 53%, tras un crecimiento gradual en los días anteriores. Además, un 79% se muestra favorable en estos momentos a detener la guerra.

Es un logro que los rusos estén despertando frente a la barbarie, considerando que son muchos años de ingeniería social para los que el Kremlin ha dispuesto todos los recursos posibles en favor de la adhesión popular a la figura de Putin.

Este largo camino culminó con la aprobación en referendo de su blindaje en el poder hasta 2036; lo que dio vía libre a Putin y a otros líderes de su confianza a reformas constitucionales para acaparar más poder. Una trampa posiblemente urdida en aprovechar esos momentos de máxima confianza para prepararse a la ejecución bélica que ha venido después.

Pese a la represión a su propio pueblo se acumulan las manifestaciones rusas desde distintos colectivos en contra de la invasión y guerra de Ucrania. Es el caso de un grupo singularmente representativo de 600 científicos, académicos y profesores de universidad (entre ellos algún premio Nobel y numerosos miembros de la Academia Europea y de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa) quienes publicaron una carta abierta en la que expresaban su rotundo rechazo a la guerra desencadenada por el Kremlin.

Dicha denuncia del régimen ruso ha sido suscrita ya por más de 5.000 expertos, al punto de señalar al Kremlin como responsable de una “cínica traición a la memoria de quienes combatieron juntos al nazismo”, cometida en nombre de unas ambiciones geopolíticas sostenidas por “fantasías historiosóficas” de nefasta calidad.

Algunos de los firmantes han huido de Rusia, otros muchos personajes y celebridades rusas han cesado su actividad pública y/o están ayudando desde distintas vías a los civiles ucranianos que están sufriendo los ataques. Incluso los callados oligarcas rusos han cuestionado el papel del gobierno en vista de los perjuicios económicos que sus decisiones están ocasionando.

Lo han hecho tan mal que el mensaje es atronador y reduce considerablemente los apoyos populares que tanto tiempo le ha costado de construir al Kremlin. También miembros de los medios oficialistas en Rusia están protestando aun a sabiendas de las consecuencias.

Así es como el “no a la guerra” de una periodista en la televisión rusa se hace viral pese a la censura del Kremlin. Marina Ovsianikova se enfrenta a penas de prisión por sacar un cartel en un informativo de máxima audiencia.

Esta acción ha contado con el apoyo de compañeros y colegas de profesión, lo que supone algo inaudito en la escena mediática rusa. Es un ejemplo de periodismo constructivo para remover las conciencias y visibilizar que otra realidad democrática es posible.

Hay que decir un sí rotundo a todos estos ciudadanos rusos que representan los mejores valores de este pueblo.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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