martes, 27 septiembre 2022

La televisión no debe hacer de la guerra un espectáculo

La espectacularización de contenidos televisivos es un fenómeno recurrente del conglomerado mediático para incrementar su impacto en la audiencia. Desde hace tiempo se ha sucumbido a crear narrativas que reemplazan la información con la espectacularidad de los hechos. El amarillismo y el impacto priman sobre la valoración, rigor y el equilibrio de la imagen.

Pero no es el mismo efecto el dramatizar contenidos frívolos propios de la farándula y cotilleo, que la dudosa moralidad de jugar con la espectacularización de una guerra donde hay víctimas civiles, que sufren en primera persona y son asesinados.

En un certero análisis para The Conversation, la profesora de Ciencia Política, Ruth Ferrero Turrión, e investigadora María Milán García, analizan el peligro de convertir la guerra de Ucrania en un espectáculo.

No se trata de un videojuego, ni metaverso, sino de una desgraciada realidad donde hay vidas en riesgo. Por más motivo el tratamiento de este tipo de contenidos debería ser cuidadoso y estrictamente riguroso por el respeto que merecen los inocentes de todo esto.

¿Qué caracteriza a una guerra del siglo XXI?

La brutalidad de la guerra es equiparable a lo que vivimos en la II Guerra Mundial y en la de los Balcanes. Los instrumentos siguen siendo los mismos que entonces: despliegue militar, diplomacia y propaganda, a los que se suman las sanciones.

Donde se marca la diferencia es en la introducción de nuevos dispositivos y tecnologías que hacen que la guerra se viva en tiempo real.

Ahora, el sistema de aplicación de sanciones es mucho más sofisticado y comprensivo que el que teníamos hace años; se trabaja de manera intensiva en cuestiones que tienen que ver con la ciberseguridad; y la propaganda ahora llega de manera mucho más fácil a grandes poblaciones.

Somos testigos de una guerra en vivo y en directo

Ya pensábamos hace treinta años, en la Guerra de los Balcanes, que habíamos estado muy informados, pero realmente en esta ocasión, con los móviles, las cámaras y la cobertura de personas individuales más allá de la prensa, estamos viendo una escenificación y teatralización total de la crudeza de la guerra.

Hay que prestar atención porque lo que estamos observando ahora es la espectacularización de la guerra, que nos puede hacer perder cierta sensibilidad sobre lo que está sucediendo en Ucrania.

Un exceso de imágenes dilatado en el tiempo puede llegar a insensibilizar a la opinión pública que puede terminar acostumbrándose a ellas.

(…)

¿Cómo afecta el conflicto a esta multinacionalidad?

La invasión de un territorio soberano es traspasar la línea roja que lleva a impulsar la defensa de la soberanía estatal de todos los colectivos que residían en el territorio ucraniano. Más allá de fraccionar, unifica y plantea la defensa del territorio independientemente de la comunidad a la que pertenecen porque todos ellos están siendo atacados por una potencia extranjera. La defensa de la soberanía consigue aunar voluntades. Incluso entre las comunidades rusófonas no hay dudas acerca de la necesidad de defensa del territorio.

¿Debemos decir Kiev, en ruso, o Kyiv, en ucraniano? ¿Hasta qué punto el lenguaje es tan determinante?

Ucrania es un país multiétnico, multilingüístico y multirreligioso. Estamos observando en los medios de comunicación una insistencia en la utilización de la nomenclatura en el idioma ucraniano (Kyiv). Esto denota un amplio desconocimiento de las características de la ciudadanía ucraniana. Ucrania es un país multilingüe, por supuesto se habla ucraniano, pero la lengua franca continúa siendo el ruso, y, en función de las regiones del país, se habla polaco, húngaro, rumano o tártaro.

Es un error ignorar la diversidad multinacional del territorio ucraniano y establecer una equivalencia entre ciudadanía y lengua. Además, este tipo de actuaciones pueden alentar una mayor rusofobia contra la minoría rusa que pueda estar residiendo en el territorio ucraniano.

Hay que nombrarlo de las dos formas para que perviva la idea de que es un estado multiétnico.

(…)

El papel de China en el conflicto

China está manteniendo un perfil bastante bajo. La comunidad internacional espera que ejerza un poder de mediación en el conflicto y que intente convencer a Putin de que la agresión es inútil y que no va a alcanzar los objetivos. Tendremos que ver, es muy pronto para hacer análisis.

Ruth Ferrero Turrión
Profesora de Ciencia Política e Investigadora Adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), Universidad Complutense de Madrid

María Milán García
Investigadora del proyecto “Comunicación Científica y Divulgación en la Transferencia del Conocimiento en la Universidad”, Universidad Complutense de Madrid

Redacción
En Positivo

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