viernes, 01 julio 2022

2022 es de nuevo un año importante en Brasil. EMIR SADER

¿Hacia dónde va Brasil en 2022?
En 2022 se dibuja una nueva transición democrática. Todas las encuestas dan la posibilidad de victoria a Lula, incluso en primera vuelta. Ninguna encuesta, ni ningún análisis apunta a la posibilidad de que Bolsonaro sea reelegido.

Brasil completa en 2022 cinco años de ruptura de la democracia. Fue la segunda ruptura desde el golpe de 1964, después de 21 años de dictadura militar en el país.

En aquel momento, terminada la dictadura en 1985, se dio un largo proceso de transición democrática, con una serie de circunstancias que hicieron que el primer presidente civil fuera José Sarney, originario del mismo régimen militar.

Fue una transición conservadora, en la que la democratización se limitó al restablecimiento del sistema político liberal. Nada más se ha democratizado en el país: ni la propiedad de la tierra, ni los medios, tampoco el sistema judicial o cualquier otra instancia de poder en la sociedad brasileña. La fuerza de la izquierda era pequeña, no logró siquiera el voto directo para la elección del presidente de Brasil. Fue un Colegio Electoral el que lo hizo.

En 2022 se dibuja una nueva transición democrática. Todas las encuestas dan la posibilidad de victoria a Lula, incluso en primera vuelta. Ninguna encuesta, ni ningún análisis apunta a la posibilidad de que Bolsonaro sea reelegido. A su vez, el lanzamiento de la candidatura del juez Sergio Moro ha fracasado, quedándose como uno más del montón de pre-candidatos con índices muy bajos en las encuestas.

2022 será un año de campaña electoral, sin duda. Marzo es el plazo para la presentación de candidaturas. Lula será candidato por el PT, con el apoyo de otros partidos de izquierda. Hay quien especula con la posibilidad de que Bolsonaro retire su candidatura para no tener que hacer debates con Lula y para no sufrir una derrota apabullante. Podría garantizar un cargo parlamentario para que lo defendiera de las graves acusaciones que pesan sobre él.

Será, de todas maneras, una campana sui generis. Lula y Dilma, victoriosos dos veces, nunca habían ganado en primera vuelta. Esta vez Lula no es solo el candidato del PT. Es el candidato de todas las fuerzas democráticas y antibolsonaristas.

Su campaña recoge las demandas acumuladas en estos años de autoritarismo, de negacionismo, de arbitrariedades, de odios y de desprecio por las vidas humanas y por la democracia. Por ella representa a la gran mayoría de los brasileños, marginalizados de la política por quienes se valían de la crítica de la política para ejercer el poder de la forma más arbitraria.

El anti-petistmo fue superado por el anti-bolsonarismo. Esta es la clave del cambio radical de la situación en Brasil. Se había valido del olvido de las experiencias de gobierno del PT para intentar imponer una falta memoria y convencer a la población de que los problemas actuales del país son herencias de lo que el PT había generado en el pasado.

Pero el carácter brutal que ha asumido la presidencia de Bolsonaro, ha hecho que se vuelva el personaje predominante en la vida política brasileña en los últimos tres años. El crecimiento del rechazo al presidente ha hecho que el anti-bolsonarismo sea el factor fundamental que se ha ido generando en los dos últimos años hasta extenderse hacia el último año de la primera legislatura de Bolsonaro.

Surgido de la trayectoria del PT y de sus propias experiencias de gobierno, Lula, salió de la cárcel y recuperó todos sus derechos, pasó a liderar las encuestas presidenciales. Es difícil imaginar que pueda cambiar esta situación.

Ni por la caída brutal del apoyo que Lula recibe, ni por la recuperación del apoyo de Bolsonaro, tampoco por la ascensión de algún otro candidato. Este parece ser el intento que le queda a la derecha no bolsonarista, entre la cual están los medios. Sería retomar el intento, fracasado hasta ahora, del juez Moro como su candidato alternativo.

En ese marco, todo indica que, conforme pase el tiempo hasta el 2 de octubre, día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, se consolide el favoritismo de Lula, con adhesiones de cada vez más gente a su candidatura. Él ya tiene el apoyo de poco más de la mitad de los evangélicos. El sector más resistente es el de los empresarios, que mayoritariamente apoya a Bolsonaro.

El intento de Bolsonaro de teatralizar su ingreso en un hospital como resultado de un supuesto caso de obstrucción intestinal demuestra cómo su arsenal de instrumentos son los antiguos, pero sin la eficacia anterior.

Habrá otros acontecimientos como esos. Queda por saber si serán suficientes para impedir que Lula gane en primera vuelta o que Bolsonaro impida que otro candidato lo supere.

2022 es de nuevo un año importante en Brasil, decisivo para el futuro del país y, de alguna manera, para el conjunto del continente, junto con las elecciones en Colombia. Lula y Petro son sus protagonistas centrales.

EMIR SADER
Publicado en: EL DIARIO.ES

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