viernes, 01 julio 2022

Tiempo de repensarnos. JORGE DOBNER

Llega la “normalidad” después de un periodo desenfrenado de consumo y festejos aun condicionados por la pandemia. Recientemente se hizo un estudio y había caído estrepitosamente la afluencia en los sitios de compras en Reino Unido con motivo de la Navidad o días especiales en busca de gangas como el Boxing Day.

Cabe recordar antes de la pandemia las imágenes perturbadoras de una turba de compradores desesperados y agolpados a las puertas de grandes almacenes como los míticos Harrods. Dispuestos a pelear con otra persona para que no les arrebate ese bien deseado, como si la compra de un determinado artículo en rebajas se fuera la vida en ello.

Aún nos queda en este enero en algunos países las rebajas de enero pero está claro que estas escenas de masas de compradores están lejos de producirse.

Ha llegado una nueva época en que la fiebre del consumismo parece haber decrecido. Y claro que se sigue y seguirá consumiendo para comprar aquello que necesitamos o nos gusta, pero no con el furor irracional que estábamos acostumbrados.

Esto marca un cambio de paradigma donde el consumo exacerbado de bienes hoy por hoy no es una prioridad. Aquí influyen distintos factores claro está; como la incertidumbre también económica y una crisis social como efecto colateral de la pandemia. A nivel tecnológico la posibilidad de hacer compras online también ha diluido la presencia de compradores en la calle.

Pero también existe un cambio en el orden de prioridades en el momento en que la prioridad es cuidar nuestra salud y bienestar, y cuidar de nuestros seres queridos.

No sólo física por el miedo a la pandemia sino también y no menos importante el velar por la salud mental, para guardar la serenidad y ganar resiliencia en tiempos convulsos.

En un reciente artículo la periodista Arianna Huffington hablaba de la ansiedad para volver al trabajo después de las fiestas y acrecentada por el todavía periodo de pandemia.

Aludía al Dr. Brewer que ha utilizado el término “mesearch” para describir su trabajo en el fenómeno. Y ha notado similitudes entre la ansiedad y la adicción. La definición de este último es uso continuado a pesar de las consecuencias adversas. Como señaló, esto puede aplicarse a muchos de los comportamientos que usamos para lidiar con nuestra ansiedad, como perdernos en las redes sociales o ver programas de atracones.

La ansiedad, explicó, puede convertirse en una especie de ciclo de hábito de preocupación, que luego, a su vez, puede retroalimentarse, generando “más ansiedad a través del refuerzo negativo, porque nos da una distracción temporal”. Y a menudo, esas distracciones temporales no solo no abordan la raíz del problema, sino que simplemente terminan creando más malos hábitos.

Es por eso un momento propicio para repensarnos, trabajarnos personalmente, centrarnos en nuestra salud, en nuestro bienestar y en revalorar lo que nos rodea.

También el mayor incremento de conciencia que estamos experimentando nos lleva a pensar en un consumo más sostenible, en productos más orgánicos,  reciclables y respetuosos con el medioambiente.

Es tiempo de pensar, de repensarnos, de un nuevo sentir y de entrar en una nueva época.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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