jueves, 30 junio 2022

Como ser más racional según el profesor Steven Pinker

El comienzo de año está cargado de buenos propósitos, pero está demostrado que lo que empieza con buena voluntad muchas veces no llega a convertirse en un hábito.

En estos tiempos de incertidumbre, donde aun queriendo pasar página de la pandemia y no podemos del todo, debemos cargarnos de sentido común para no perder el equilibrio.

Usar  la cabeza, ser racional, es decir que las fluctuaciones emocionales no dominen nuestros actos. Porque en definitiva y especialmente en épocas convulsas, el ser más racional nos ayuda a procurar bienestar.

Hay tres trampas de irracionalidad que al detectarlas y ser conscientes, podemos trabajarlas. Es lo que propone el prestigioso psicólogo experimental Steven Pinker.

El profesor en el Harvard College nos explica en su serie Think with Pinker (“Piensa con Pinker”) las formas para evitarlas y que recoge la revista BBC Mundo.

  1. Tu futuro “tú”

Cuando las personas comparan lo que “piensan” con lo que “sienten”, a menudo lo que tienen en mente es la diferencia entre el disfrute inmediato y el de largo plazo.

Por ejemplo, un banquete ahora y un cuerpo delgado mañana; una baratija hoy y dinero suficiente para cuando llegue el día de pagar el alquiler; una noche de pasión y lo que puede traernos la vida nueve meses después.

Este contraste entre momentos puede parecer una lucha con nosotros mismos, como si tuviéramos un yo que disfruta de una serie de televisión y otro que lo hace de las buenas calificaciones obtenidas en un examen.

La lucha entre un “yo” que prefiere una pequeña recompensa ahora y un “yo” que se inclina por una recompensa más grande después está entretejida en la condición humana. Y hace mucho que se representa en el arte y en los mitos.

Por eso “yo” presente puede ser más astuto que un “yo” futuro al restringir sus opciones. Cuando estamos satisfechos podemos deshacernos del chocolate para que cuando tengamos hambre no lo tengamos a la mano.

  1. “Parece una comadreja”

Hamlet no fue el único observador del cielo que vio cosas en “aquellas nubes”. Es un pasatiempo de nuestra especie.

Buscamos patrones en el caleidoscopio de la experiencia porque pueden ser signos de una causa o agente oculto. Pero esto nos deja vulnerables a alucinaciones o falsas causas.

Cuando los eventos ocurren de manera fortuita, inevitablemente se agruparán en nuestras mentes, a menos que haya algún proceso no aleatorio que los separe.

Así, cuando experimentamos eventos fortuitos en la vida, es probable que pensemos que las cosas malas suceden de a tres, que algunas personas nacen bajo una mal signo o que Dios está probando nuestra fe.

El peligro radica en la idea misma de “aleatoriedad”, que en realidad son dos ideas.

La aleatoriedad puede referirse a un proceso anárquico que arroja datos sin ton ni son, como el lanzamiento de un dado o de una moneda.

Pero también puede referirse a los datos en sí mismos, cuando es difícil agruparlos de alguna manera.

Sin embargo, a menudo pasamos por alto que un proceso aleatorio puede generar datos de apariencia no aleatoria. De hecho, está garantizado que eso ocurrirá todo el tiempo.

Nos impresionan las coincidencias porque nos olvidamos de la cantidad de formas en las que pueden ocurrir.

  1. Estar en lo correcto o hacer lo correcto

Siempre que participamos en una discusión intelectual, nuestro objetivo debe ser converger en la verdad. Pero los humanos somos primates y, a menudo, el objetivo es convertirse en el polemista alfa.

Se puede hacer de manera no verbal: la postura arrogante, la mirada dura, la voz profunda, el tono perentorio, las interrupciones constantes y otras demostraciones de dominio.

La dominación también se puede perseguir en el contenido de una discusión, utilizando una serie de trucos sucios diseñados para hacer que un oponente parezca débil o tonto como es a través de la argumentación ad hominem.

Todos podemos promover la razón cambiando las costumbres de la discusión intelectual, de modo que la gente trate sus creencias como hipótesis que deben probarse, en lugar de eslóganes que deben defenderse.

Redacción
En Positivo

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