martes, 06 diciembre 2022

Las desigualdades sociales no son inevitables. ENRIQUE FLORES LUIS BAULUZ Y CLARA MARTÍNEZ-TOLEDANO

Una radiografía de las desigualdades mundiales.
La pandemia no ha hecho más que exacerbar situaciones de inequidad ya existentes y nos recuerda la importancia de disponer de estadísticas para poder entender quiénes son los ganadores y perdedores de las crisis.

Vivimos en tiempos del big data y, sin embargo, las estadísticas sobre desigualdad siguen siendo muy escasas y poco comparables a lo largo del tiempo y espacio. Las agencias estadísticas publican series sobre el crecimiento de la renta para la población en su conjunto (las cuentas nacionales), pero no distinguen entre los distintos grupos de la población. La revolución de los datos no ha llegado, por lo tanto, a las cuentas nacionales, ya que los gobiernos no capturan ni publican las estadísticas más básicas sobre la distribución de ingresos y riqueza.

La pandemia no ha hecho más que exacerbar las desigualdades ya existentes y nos recuerda la importancia de disponer de estadísticas sobre desigualdad para poder entender quiénes son los ganadores y perdedores de las crisis y ayudarnos así a implementar políticas que nos permitan paliar sus consecuencias.

El martes 7 de diciembre se publicó el Informe sobre Desigualdad Global 2022 elaborado cada cuatro años por el Laboratorio de Desigualdad Mundial y coordinado por Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. Este informe presenta la radiografía más detallada hasta la fecha sobre la evolución y el estado de las desigualdades globales y se basa en el trabajo de más de 100 investigadores internacionales. Esta edición va más allá del Informe sobre Desigualdad Global 2018 que analizaba la desigualdad global de ingresos, e incluye como novedades principales el análisis sobre la evolución global de la desigualdad de la riqueza, las desigualdades de género en el mercado laboral, así como una radiografía de las desigualdades mundiales en las emisiones de carbono.

Empecemos por la renta. Uno de los principales resultados que arroja el informe es que el 10% de la población mundial con mayores ingresos concentra en 2020 el 52% de la renta global, mientras que la mitad de la población mundial con menor renta apenas recibe el 8%.

Es importante destacar que existen importantes diferencias entre países, lo que sugiere que las instituciones y políticas son relevantes para influir en la desigualdad. Por ejemplo, las desigualdades son muy altas en Oriente Próximo, Brasil, EE UU o Sudáfrica, y más moderadas en otros países en desarrollo como Malasia o Uruguay y en la mayoría de países europeos. Otro resultado clave es que las grandes diferencias entre países se deben en gran medida a diferencias antes de que el Estado redistribuya renta a través de impuestos y transferencias. En otras palabras, las instituciones que dotan de una mayor igualdad de oportunidades, por ejemplo a través de la inversión en educación o en el sistema sanitario, son las que parecen tener un mayor impacto en las desigualdades de renta generadas en los mercados.

Prosigamos con la riqueza. El informe permite por primera vez comparar la distribución de la riqueza entre países de todo el mundo, desde la parte inferior de la distribución hasta la parte superior. La conclusión general es que la elevada concentración de la riqueza afecta a todas las regiones del planeta. A nivel mundial, el 50% más pobre posee en 2020 apenas el 2% del total de la propiedad privada (activos inmobiliarios, profesionales y financieros, neto de deuda), mientras que el 10% más rico concentra el 76% de la riqueza global. Al igual que en el caso de la renta, también existen importantes diferencias entre los niveles de desigualdad entre regiones. América Latina y Oriente Próximo son las regiones más desiguales, seguidas de Rusia y África subsahariana, donde el 50% más pobre posee apenas el 1% de la riqueza, mientras que el 10% más rico concentra aproximadamente el 80% de la riqueza total. La situación es un poco menos extrema en Europa, donde el 50% más pobre posee el 4% del total contra el 58% del 10% más rico.

La crisis de la covid-19 no ha hecho sino que aumentar la concentración del patrimonio entre los más ricos, debido en gran medida a la fuerte subida de los mercados bursátiles y a la pérdida de ingresos y, por tanto, de capacidad de ahorro entre los grupos más pobres de la población.

Pasemos ahora al género. El informe incluye también las primeras estimaciones sobre la desigualdad de género en los ingresos globales. La participación de las mujeres en los ingresos laborales totales era aproximadamente del 30% en 1990 y se sitúa por debajo del 35% en la actualidad. Por lo tanto, el progreso hacia la reducción de las desigualdades de género ha sido muy lento a nivel mundial en los últimos 30 años, aunque las dinámicas han sido diferentes entre países. China es la única región analizada en la que la participación femenina en los ingresos laborales ha caído, a pesar de que históricamente hubiese un fuerte énfasis político en la participación femenina en la fuerza laboral. Entre los posibles factores que pueden explicar este sorprendente resultado cabe destacar la reducción de las empresas estatales, lo que provocó una disminución más pronunciada de la mano de obra de las mujeres urbanas que de los hombres urbanos, y la relajación de la política del hijo único a finales de 2013. El análisis de género pone de relieve una vez más la importancia de los factores institucionales a la hora de entender las dinámicas de la desigualdad.

En relación al medio ambiente, una novedad muy importante del informe es el análisis de las emisiones de carbono por grupos de población. Cada vez existe un consenso mayor sobre la urgencia de actuar frente a la crisis climática. Sin embargo, los acuerdos entre países para reducir emisiones son poco ambiciosos, en parte por el temor de los gobiernos a perder apoyo si adoptan medidas que perjudiquen a amplios sectores sociales.

El informe muestra que las emisiones de carbono están estrechamente relacionadas con las de renta y riqueza. El 10% de la población mundial es responsable de aproximadamente la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que la mitad inferior del mundo aporta solo el 12% del total.

No se trata simplemente de una división entre países ricos y países pobres: hay grandes emisores en los países pobres y bajos emisores en los países ricos. De hecho, la mitad más pobre de la población en los países ricos ya se encuentra en (o está cerca de) las metas climáticas por habitante establecidas por los países ricos para 2030. El informe, por tanto, indica que cualquier acción frente al cambio climático que busque ser efectiva y socialmente justa debe partir de un enfoque claramente distributivo.

¿Dónde se sitúa España en las tendencias globales? España sigue el patrón de los países europeos: una participación femenina en el ingreso laboral relativamente alta, unas emisiones de carbono elevadas para el 10% que más emite de la población española, pero moderadas para el 50% que menos, y una menor desigualdad de renta y riqueza que en otras regiones mundiales. No obstante, España se encuentra claramente por encima de la media europea cuando analizamos tanto los niveles de desigualdad de la renta después de impuestos y transferencias sociales, como el porcentaje de población en riesgo de pobreza. Esto refleja la limitada capacidad redistributiva de nuestro sistema fiscal y Estado de bienestar.

Si una lección surge de la riqueza de los datos presentados en este informe es que las desigualdades sociales no son inevitables, las sociedades pueden alterar los niveles de desigualdad a través de las políticas públicas y sociales.

Este informe es una herramienta clave para diseñar las políticas que definan la evolución de las desigualdades sociales en los próximos años.

ENRIQUE FLORES
LUIS BAULUZCLARA MARTÍNEZ-TOLEDANO
Luis Bauluz y Clara Martínez-Toledano son coordinadores de riqueza del World Inequality Lab y colaboradores de Agenda Pública.
Publicado en: EL PAÍS

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