viernes, 19 agosto 2022

La urgencia bioeconómica para salvar el planeta Tierra

El teórico de la bioeconomía, Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994), construyó un cuerpo de trabajo visionario que, basándose en la entropía, enfrentó el mito del crecimiento infinito con su irrealidad física.

Nuestro mundo está gobernado por la locura. Una religión quizás incluso más irracional que la creencia en la resurrección de Cristo: la economía. Sus prelados pertenecen a una casta, la de los economistas, y su primer papa se llama Adam Smith (1723-1790).

Estos economistas bien pueden pertenecer a muchas sectas, que se llaman a sí mismas “clásicas”, “neoclásicas” e incluso “marxistas”, todas ellas se basan en la misma creencia.

Jean-Baptiste Say (1767-1832), conocido por los estudiantes por su ley de salidas según la cual la oferta crea demanda, tuvo el mérito de formularla claramente en 1828: “Los recursos naturales son inagotables, porque sin ella no los obtendríamos gratis. Jean-Baptiste Say, cuyo hermano fundó el imperio azucarero que ahora se ha convertido en Béghin-Say, es también autor de otra obra con un título significativo: Catecismo de la economía política (1815).

Después de dos siglos de revoluciones industriales y tecnológicas, la ineptitud se ha convertido en una tragedia. Ahora, el 75% de la superficie terrestre está “significativamente alterada”, más del 85% de la superficie de los humedales ha desaparecido, dos tercios de los océanos están dañados, según el informe del pleno de la IPBES de mayo de 2019…y lo peor está por llegar:

“Si no hacemos nada, estaremos sin recursos para el 2050”. Estamos hablando ni más ni menos que de agua, y el autor de esta frase no es un científico vendido a ONG ambientales, sino ejecutivo de Nestlé Waters, la rama de la multinacional que comercializa Vittel, Contrex y Hépar (Le Figaro, 30 de junio de 2021).

Sin embargo, la primera fila de fieles siempre está llena: todavía quedan los poderosos de este mundo, ninguno de los cuales jamás se ha imaginado indexar sus orientaciones económicas a la realidad de los recursos biofísicos de la Tierra.

La segunda ley de la termodinámica

Cada evangelio da a luz felizmente a sus herejes, y Nicholas Georgescu-Roegen fue uno de ellos para la economía. Si obtuvo un doctorado en estadística en la Sorbona en 1930 y enseñó en Estrasburgo en 1977-1978, no conocemos en Francia los principales libros de este matemático rumano que, tras haber huido del comunismo emigrando a Estados Unidos, se convertirá en un profesor de Economía en la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee. Ya sea su gran obra, The Entropy Law and The Economic Process (Harvard University Press, 1971), o sus otros dos títulos principales, Analytical Economics (Harvard University Press, 1966) y Energy and Economics Myths (Pergamon, 1976), no de estas tres obras no está disponible en francés; sólo existe una colección establecida a partir de dos conferencias y dos artículos, que se vuelven a publicar regularmente desde 1979. Sin embargo, su obra es esencial para un siglo XXI en el que lo fundamental será conciliar la economía y la ecología, estas dos ciencias de nuestra casa (“oikos”, en griego antiguo) cuyo conflicto ahora es frontal.

“La verdad es que el proceso económico no es un proceso aislado e independiente. No puede funcionar sin un intercambio continuo que altere el medio ambiente de forma acumulativa y sin ser a su vez influenciado por estas alteraciones”.

Este es el punto de partida de Nicholas Georgescu-Roegen. Para fundar la economía sobre una base terrestre, su proyecto intelectual será confrontar la economía con las realidades de la física: demuestra que el mito del crecimiento es delirante, analizándolo a través del prisma de la ley física de la entropía.

Este último proviene de una rama de la física, nacida a principios del siglo XIX, que se interesa por las interacciones entre diferentes formas de energía, la termodinámica.

Esto se rige por principios, el primero de los cuales es la conservación de energía, que es que la cantidad total de energía no varía. Pero su forma puede, y el segundo principio de la termodinámica da una idea más precisa de esta evolución. Esto es entropía, una noción compleja con múltiples formulaciones (físicas, astrofísicas, informativas, etc.) que Georgescu-Roegen simplifica de la siguiente manera: “Todas las formas de energía se transforman gradualmente en calor y finalmente en calor. Se vuelve tan difusa que el hombre ya no puede úselo. ”

Un trozo de carbón o un barril de petróleo es energía gratuita, ya que con él puedes hacer lo que quieras (calentarte, hacer funcionar un coche, etc.). Pero su uso generará una inevitable pérdida de energía en calor, humo y cenizas. Por tanto, esta energía se vuelve irrecuperable porque se disipa. Ya no se puede volver a transformar en la dirección inversa.

Publicación original en Socialter

Traducido por En Positivo

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