martes, 07 febrero 2023

Un nuevo paradigma laboral: el trabajo líquido

La pandemia de COVID-19 interrumpió los mercados laborales a nivel mundial durante 2020. Las consecuencias a corto plazo fueron repentinas y, a menudo, graves: millones de personas quedaron sin trabajo o perdieron sus trabajos, y otras se adaptaron rápidamente a trabajar desde casa a medida que cerraban las oficinas. Muchos otros trabajadores se consideraron esenciales y continuaron trabajando en hospitales y supermercados, pero bajo nuevos protocolos para reducir la propagación del nuevo coronavirus.

La incertidumbre ha dominado también al sistema laboral, empresas y sus trabajadores que deben adaptarse a cambios radicales en tiempo récord. Lo importante es hacerlo con suma diligencia para que estos cambios puedan ser favorables.

En un reportaje este año de McKinsey & Company desgranan ese escenario pospandémico “The future of work after COVID-19”. Tal y como explican el COVID-19 ha acelerado diferentes tendencias generales que pueden remodelar el trabajo después de  la pandemia.

Quizás el impacto más obvio de COVID-19 en la fuerza laboral es el aumento dramático de empleados que trabajan de forma remota.

“Considerando solo el trabajo remoto que se puede realizar sin pérdida de productividad, encontramos que alrededor del 20 al 25 por ciento de la fuerza laboral en las economías avanzadas podría trabajar desde casa entre tres y cinco días a la semana.

Esto representa de cuatro a cinco veces más trabajo remoto que antes de la pandemia y podría provocar un gran cambio en la geografía del trabajo, ya que las personas y las empresas se trasladan de las grandes ciudades a los suburbios y las pequeñas ciudades”.

Esta volatilidad de mercado es acuñada en un artículo de Ethic bajo el término “trabajo líquido” referenciando al ensayista polaco Zygmunt Bauman para referirse a una modernidad construida sobre lazos frágiles y provisionales que hacen que predecir el futuro sea imposible “Vivimos tiempos líquidos” diría.

“También en un país como Estados Unidos, que ha construido su sueño a base de emprendedores. El historiador Steve Gillon recuerda que, antes de 1860, el 80% de la masa laboral se sostenía en el autoempleo. Hoy, la cifra anda en un 35%. Por no hablar de que, en los últimos cinco años, el 60% empezó a trabajar de manera independiente.

Los milenial y los jóvenes de la generación Z (de entre 15 y 25 años) están más dispuestos a trabajar de esta manera más flexible, lo que parece indicar que existe una especie de retorno (tecnológico) a las raíces”.

Las fronteras entre sectores parecen más diluidas y cada vez se valoran más los perfiles multidisciplinares. Según las observaciones de Roberto Cabezas, director de Career Services de la Universidad de Navarra “Por ejemplo, las fronteras entre las titulaciones universitarias y los perfiles profesionales demandados por el mercado, que antes eran como la muralla china, ahora son cada vez más tenues y sutiles”, sostiene el experto. Al tiempo que vaticina que pronto veremos un filósofo dirigiendo el departamento de marketing de una multinacional. Todo es posible.

Redacción
En Positivo

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