lunes, 27 junio 2022

Amar frente al odio. JORGE DOBNER

Todavía a estas alturas hay quien se pregunta qué sentido tiene celebrar el Orgullo LGBT cuando se ha avanzado en derechos de la diversidad sexual. Pero entonces suceden hechos como el asesinato de Samuel Luiz en A Coruña (España) al grito de “Maricón” y se les cierra la boca ¡Cuánta ignorancia! Mientras haya una persona en cuyos países, por su identidad u orientación sexual se vea amenazada, se necesitará reivindicar la autoafirmación, la dignidad, la igualdad y una mayor visibilidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero como grupo social.

Pareciera que desde occidente habíamos avanzado millas en esta cuestión pero ahora estamos en riesgo de regresión.

Aún en democracia los derechos y libertades no hay que darlos por sentados y más cuando desde hace unos años ha irrumpido una nueva ola de partidos extremistas prometiendo derruir lo conseguido.

Sabemos que bajo los totalitarismos, del signo que sean, siempre son vulnerados los derechos humanos, pero pensábamos más difícil que en esta Europa, la cuna de la civilización, estas circunstancias no volverían a darse.

En este caso la UE ya ha dado los primeros pasos para la suspensión de fondos a Hungría por su ley anti-LGTBI que discrimina y estigmatiza al colectivo.

Cabe recordar que desde el regreso de Orbán al poder en 2010, su gobierno ha seguido abordando cuestiones de género y orientación sexual. La presión ha aumentado durante el último año, con la aprobación de leyes que prohíben a las personas trans cambiar su estado civil, limitando la posibilidad de adoptar un niño por parejas del mismo sexo, consagrando el “género” en la Constitución y amenazando con prohibir las manifestación del orgullo.

La carta de los Derechos Fundamentales prohíbe cualquier discriminación basada en la orientación sexual. Por eso es preocupante que países como Hungría y en parte Polonia estén retrocediendo en derechos conseguidos. En el caso de Hungría, hace unos años era uno de los países más progresistas de la región, habiendo despenalizado la homosexualidad a principios de la década de 1960 y reconocido la unión civil entre parejas del mismo sexo desde 1996.

Un paso más a nivel supranacional es que la Unión Europea tenga la capacidad de vetar e incluso ilegalizar a los partidos de los países miembro que no cumplan con el marco regulatorio sobre un mínimo de derechos y libertades.

Sin embargo para parar esta ola de violencia, extremismo e intolerancia, no bastará únicamente con sanciones. Se necesita especialmente un plan articulado para seguir con la pedagogía, la educación entre niños y jóvenes.

El rol de las familias es importante para enseñarles el respeto y tolerancia hacia el diferente, sabiendo que todos debemos ser reconocidos en la igualdad de derechos y responsabilidades. Pero aun cuando pudiera haber familias reticentes de marcado machismo u homofobia, los niños de hoy, adultos del mañana tienen derecho a una educación inclusiva en valores.

A pesar de los avances con la introducción de leyes de identidad de género y contra la discriminación, el clima escolar sigue siendo en algunos sitios hostil para los y las estudiantes LGTBI, quienes siguen siendo propensos a sufrir acoso verbal y violencia psicológica y física por parte de sus compañeros.

Y es que la educación no es solo aprenderse unas lecciones, sino crecer en conocimiento y en el buen desarrollo socio-emocional. Por eso en las mismas escuelas se deberían habilitar más figuras independientes, como pedagogos, psicólogos y trabajadores sociales, para hacer seguimiento de los conflictos en las aulas y prevenir situaciones de bullying y acoso.

Una acción que no debería ser relegada a la responsabilidad de los profesores, que en muchos casos no disponen de las herramientas necesarias, sino de profesionales especializados que sí las tienes así como experiencia.  Esta debería ser una acción urgente por parte de los gobiernos sabiendo que las escuelas tienen que ser inclusivas si queremos que la sociedad sea inclusiva.

Por la parte a la que los medios nos corresponde habría que dejar de difundir mensajes contradictorios acerca de la violencia y homofobia. Solo hay una respuesta válida: la condena de estos actos como el asesinato de Samuel y la creciente homofobia en Hungría.

Y es ahí cuando los medios, periódicos, televisiones, redes sociales, deberían plantearse seriamente en dejar de ser equidistantes y presentar una ambigüedad calculada.

Aquella que practican determinados presentadores/as condenando la violencia pero no llamándola por su nombre, machista u homofóbica, y haciendo seguidismo y peloteo a determinados partidos y personajes como Vox o Isabel Díaz Ayuso en Madrid que ahora con sus socios preferentes de la ultraderecha pretenden a nivel educativo una ley similar a la húngara.

Y es que los hay de todos los colores, de signo político decentes, pero en los mencionados no es el caso. Si no véase como contraste la actitud de absoluto rechazo y condena de la conservadora  Ursula Von der Leyen hacía los postulados húngaros.

Los medios no podemos lavarnos las manos y desvincularnos de esta responsabilidad. Exigimos #JusticiaparaSamuel y reivindicamos el orgullo de ser diferentes porque es lo que nos hace una sociedad rica, diversa y tolerante. Amar frente al odio.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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