martes, 06 diciembre 2022

Los hombres que aman a las mujeres. Jorge Dobner

Han pasado más de veinte años desde que Ana Orantes relatara en la televisión española el infierno de cuatro décadas de maltratos perpetrado por su entonces ex marido. Trece días después de su testimonio fue asesinada por su expareja.

El valiente relato de Ana conmocionó a toda la sociedad y su vez permitió visibilizar de forma insólita una realidad por aquel entonces subterránea. Se empezó a llamar por su nombre, violencia machista, a lo que tantas veces se había llamado de forma eufemística crímenes pasionales.

Los necesarios avances en el marco jurídico sobre violencia contra  las mujeres se hicieron posibles, dotando de recursos a los juzgados sobre la materia, medidas preventivas y de actuación en favor de la protección de las mujeres maltratadas.

También a nivel de recopilación de datos sobre esta violencia ha aumentado de manera significativa en los últimos años. En la actualidad existen datos disponibles sobre la incidencia de la violencia de pareja para, al menos, 106 países.

Y son esos mismos datos lo que obligan a seguir concienciando sobre ella. A escala mundial, según la ONU, el 35 por ciento de las mujeres ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por una persona distinta de su pareja. Estos datos no incluyen el acoso sexual.

¿Qué nos pasa a los hombres? buena parte de los hombres han sabido adaptarse a los tiempos, olvidar su rol tradicional y dar la bienvenida a la emancipación femenina.  Pero no es menos cierto que otra parte se ha quedado anclada en estructuras del pasado reproduciendo comportamientos machistas y de menosprecio a la igualdad de derechos.

Los hombres debemos deconstruir la masculinidad hegemónica que llevamos dentro y esto es un trabajo de fondo. En algunos casos,  sobre los actuales maltratadores, serán irrecuperables, pero tenemos la obligación moral como sociedad de cortar ese eslabón tóxico y dar vida a una nueva revolución masculina, empática y no violenta.

El hombre poderoso es aquel que sabe reconocer su igualdad en su partenaire femenina y en todas las mujeres. Por el contrario no hay hombre más disminuido que aquel que escondiendo su inseguridad y complejos se atreve a golpear a una mujer, a vejarla verbalmente.

La conquista de la igualdad y respeto comienza desde la educación. Así pues uno de los mayores retos es el superar los arquetipos impuestos femeninos y los arquetipos y estereotipos masculinos.

Tal y como escribía el doctor en Filología Hispánica y catedrático de educación secundaria, Carlos Lomas, los chicos también lloran y hay un universo de masculinidades alternativas, heterogéneas y divergentes que emergen en las sociedades multiculturales y complejas.

Educar a los niños en la ética del cuidado de las personas, en la cultura de la paz y del diálogo, en la expresión de los sentimientos y de las emociones, en el aprendizaje de las tareas asociadas convencionalmente a las mujeres, en el aprecio de los saberes y de los estilos femeninos y en la oposición a cualquier tipo de violencia simbólica, psicológica y física contra las mujeres; es una gran bien para cualquier sociedad.

Se precisan más estudios, para recopilar datos y difundir sobre los factores causales que motivan este tipo de comportamientos violentos en determinados hombres. Todavía hay factores subyacentes en relación al contexto sociológico y a las crisis modernas que pueden ser determinantes.

Los medios de comunicación también tenemos una gran responsabilidad dando visibilidad a estas masculinidades positivas y dejar de validar una versión estereotipada de una representación hegemónica.

Y es que a fin de cuentas los hombres que aman a las mujeres, se respetan a sí mismos. Debería ser una máxima sagrada.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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