viernes, 09 diciembre 2022

La revolución de la tecnología ARN mensajero

La historia de la tecnología que usa ARN mensajero comenzó hace más cuarenta años de edad y no se detendrá con las vacunas desarrolladas contra el Covid-19 por Moderna y Pfizer-BioNTech.

Su potencial es mucho mayor. Los expertos aseguran que se usará contra la gripe estacional, malaria e incluso cánceres.

Hace un año, casi nadie sabía lo que era una vacuna de ARN mensajero y es que ningún país del mundo la había aprobado. Algunos meses después esta misma tecnología permitió el lanzamiento de los dos ensayos de vacunas de más rápido crecimiento en la historia de la ciencia.

Sin embargo, como suele ser en el caso de los avances, lo que parece un éxito de la noche a la mañana en realidad tomó varias décadas de investigación. Han pasado más de cuarenta años entre la década de 1970, cuando la investigadora húngara Katalin Karikó inició la primera investigación de ARN mensajero (ARNm) hasta que se dispuso la primera vacuna de ARNm autorizada y administrada por primera vez en los Estados Unidos, el 14 de diciembre de 2020.

Concretamente en 1978, Katalin Karikó, joven investigadora del Centro de investigación biológica de Szeged en Hungría se dispuso a mostrar las posibilidades de esta tecnología. Luego salió de Hungría para los Estados Unidos en la década de los ochenta.

Después de diez años de altibajos, Katalin Karikó y su socio de investigación, Drew Weissman finalmente lograron dar un paso decisivo a principios de la década de 2000.

“La solución que tienen Karikó y Weissman es el equivalente a reemplazar un neumático en el plano biológico”, explican los periodistas Damian Garde y Jonathan Saltzman en un artículo publicado en el sitio especializado Stat.

Dependemos de las proteínas para prácticamente todas las funciones de nuestro cuerpo. Sin embargo, este es el ARNm (el ácido ribonucleico mensajero) que indica a nuestras células qué fabricar.

Con un ARNm “reescrito” por humanos, podemos, en teoría, ordenar a nuestra maquinaria celular que produzca casi cualquier proteína. Podríamos producir en masa moléculas que aparecen naturalmente en el cuerpo para reparar órganos o mejorar la circulación sanguínea.

También podríamos pedirle a nuestras células que produzcan una proteína que no está en la lista para que nuestro sistema inmunológico lo destruya después de aprender a identificarlo como un intruso.

En el caso del coronavirus responsable del Covid-19, envían vacunas de ARN mensajero instrucciones precisas a nuestras células para que produzcan la “proteína Spike” (llamada también picos de proteína o proteína S) [que sirve clave para que el virus entre en nuestras células].

Cuando nuestro sistema inmunológico se rinde ante la presencia de intrusos que están aquí, estas proteínas se dirige a ellas para destruirlas, sin desactivar el ARNm.

Si, luego, estamos confrontados con el virus completo, nuestro organismo reconocerá la proteína S y la atacará con la precisión de un soldado bien entrenado, reduciendo de ahí el riesgo de contaminación y protección formas graves de la enfermedad.

En el diario The Atlantic se hacen eco del  “gran escepticismo” sobre esta tecnología hasta hace poco y que en buena parte los negacionistas aprovechan en su beneficio.

Sin embargo son cada vez más los equipos científicos que la están empleando. En Alemania, Ugur Sahin y Özlem Türeci, una pareja que hasta ahora había sido ilustrada por su investigación en inmunoterapia, también toma conciencia del enorme potencial de esta tecnología, y por su parte fundó varias empresas, entre ellas una para la investigación de tratamientos contra el cáncer basados ​​en ARNm: la empresa BioNTech [fundada en 2008].

“Nuestro enfoque fue recibido por una gran escepticismo en sus primeras etapas, ya que era una nueva tecnología que no conducía a ningún producto aprobado”, explica Özlem Türeci.

Pero gracias al apoyo de filántropos, inversores y otras empresas, BioNTech y Moderna han perseverado durante años.

Las vacunas de hoy han forjado su éxito sobre la ciencia, también de sus fracasos. Desde hace décadas los investigadores están luchando por diseñar una vacuna contra el VIH, pero a los ojos de muchos observadores, esta área de investigación estaba bloqueada.

Sin embargo, un reciente artículo subraya que estos fracasos tenían el mérito de obligar a los investigadores de vacunas contra VIH en gastar mucho tiempo y dinero en técnicas de vacunación no probadas como el ARNm sintético y la tecnología en recuperación de vectores de virus para la vacuna de Johnson & Johnson.

Casi el 90% de las vacunas contra el Covid-19 que han llegado a la etapa de prueba clínica utilizaron una tecnología que “nosotros encuentra el rastro en prototipos probados en el marco de ensayos de vacunas contra el VIH”, escribe el autor Jeffrey E. Harris, economista del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Redacción
En Positivo

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