viernes, 19 agosto 2022

La televisión que nos merecemos. Antón Layunta

Es muy corriente confundir la televisión “aparato” con la televisión “contenidos”. El aparato es inofensivo especialmente si está desenchufado. Pero los  contenidos que difunde cuando se conecta influyen indiscutiblemente en la vida de los pasivos telespectadores mucho más de lo que reconocen algunos.

Los anuncios publicitarios emitidos por el medio televisión no hay duda de que incitan a la compra, pero parece que hay quien piensa que una vez finalizado el bloque de publicidad, misteriosamente,  se desactiva en la cabeza de los espectadores la influencia que la televisión había ejercido sobre ellos hasta aquel mismo instante. Algo así como si ese poder de sugestión sólo funcionase durante los bloques de anuncios. El resto de contenidos de la programación del medio televisión para ese alguien no influyen tan intensamente porque son formación, información y muchísimo entretenimiento que no induce a nadie a nada. El argumento es que no es publicidad.

La inversión publicitaria no es un dinero que filantrópicamente aportan las multinacionales para que nuestro país pueda disfrutar de un medio de televisión digno. Su repetitiva inversión obedece al garantizado beneficio económico que una vez y otra les reporta. Es espectacular poder seguir en directo cómo aumentan las ventas tras el lanzamiento de una campaña de publicidad bien planteada en el medio televisión.

Y  los anunciantes valoran doblemente el poder del medio televisión porque además de que no hay otro medio que venda como ella, una vez los receptores de la publicidad, nosotros, hemos sido activados por el mensaje publicitario, nos levantamos del confortable sillón, vamos hasta el punto de venta, nos acercamos al lineal, cogemos personalmente el producto publicitado y voluntariamente pasamos por caja antes de volver al sillón. Ese es verdaderamente un gran poder que los anunciantes testimonian y reverencian.

Los contenidos habituales del medio televisión no admiten cuantificar tan directamente las consecuencias sociales que generan. Físicamente nadie ha de ir a comprar nada.

Sólo se facilitan datos generales siempre aproximados como índices de audiencia, rating, share, consumo por persona y día,…  pero no se indagan, por ejemplo, el índice de ansiedad provocada, el de felicidad transmitida, el de malas conductas normalizadas,… esos datos sobre los contenidos habituales no se recogen o no se informa de ellos, pero seguro que algunas consecuencias se pueden monitorizar, por ejemplo, observando cómo aumentan determinas practicas antisociales según las conductas de los protagonistas de los formatos de mayor audiencia ¿Será casual que siempre los protagonistas acostumbren a ser personajes desorganizados, mal hablados, desobedientes,…?

Y qué tipo de influencia social positiva podemos esperar de los actuales contenidos que ofrece el medio televisión, esos que se emiten entre los largos pases de anuncios, si las parrillas de la programación están parasitadas por frikis, charlatanes, morrudos, vividores,… Aunque no salgan en el bloque de publicidad ¿alguien cree sinceramente que su presencia en la pantalla no influye socialmente?

Cómo podemos esperar que acabe viviendo una sociedad que a diario ha de acostumbrarse a tertulias que discuten vaguedades, a la pobreza intelectual de cuadrillas de famosos mediáticos, y sobre todo a saber descodificar la exagerada adjetivación en unos informativos que en vez de despertar la esperanza diariamente sólo plantean resignación.

El sesenta por ciento de las series que se pueden seguir diariamente son de policías, curioso, ahora todas protagonizadas por inspectoras,  y didácticamente, paso a paso, en cada capítulo te muestran diferentes perfiles de miseria humana, una forma diferente y sofisticada de delinquir, y los errores que hay que evitar para no ser descubierto.

O eso, o los culebrones que muestran detalladamente cómo la gente normal se engaña, se es infiel, machista, racista, tonta,… Pero no pasa nada, hay quien opina que como todos estos contenidos se emiten fuera del bloque de publicidad no influyen. Ni para bien ni para mal. Es inocente entretenimiento.

Que consecuencias se pueden esperar si a la audiencia se le mantiene en un bombardeo multicanal diario lleno de maléfico Spam para el cognitivo. A ver, respondamos mentalmente ¿cuántas veces ha salido Eduardo Inda y cuántos politicos mediocres y con escasa formación ? ¿cuántas las Belenes Esteban ? ¿cuántas los Antonios David?  cuantas más entrevistas como las de Jordi Ëvole a personajes como Miguel Bosé y otros marginales poco edificantes y así podría seguir y seguir.

El porcentaje de los autodenominados famosos que no son ejemplo de nada, supera infinitamente al de las personas que pueden ser un buen ejemplo para todos.

Grupos de comunicación que operan desde España ¿Llegan a ser conscientes del descenso en el índice de consumo de ansiolíticos y antidepresivos que podría aportar otra forma de orientar el medio televisión?  ¿Es posible que sin quererlo sus cadenas estén provocando justo todo lo contrario?

En la ya larga historia española del fenómeno televisivo existen ejemplos claros de que en contadas ocasiones algunos contenidos de entretenimiento escaparon del más de lo mismo y fueron capaces de aprovechar ese singular poder que parecía que sólo actuaba en los bloques publicitarios, y lograron generar efectos positivos en la audiencia. Recordaré sólo unos cuantos de ellos. Encarnan perfectamente lo que reclamamos.

Ally McBeal fue una serie de televisión norteamericana creada por David I. Kelley y protagonizada por Calista Flockhart que giraba sobre la vida de una abogada y que se emitió en España entre los años 1997 y 2002. Durante el tiempo que se emitió España registró los mayores picos de matriculaciones en la carrera de Derecho, mayoritariamente de mujeres.

Cristal fue “la telenovela” en la España de mil novecientos noventa. El corto comentario, siete segundos de duración, efectuado por Cristina, la protagonista principal, mirándose en el espejo, sobre un bulto en un pecho, repito no duró más de siete segundos, desencadeno el mayor tsunami de miles de controles de cáncer de mama que no había podido lograr el Ministerio de Sanidad español con días y días de una intensísima campaña de concienciación. Unos segundos fueron más reactivos que horas y horas de mensajes institucionales.

Urgencias fue una serie creada por Michael Crichton que se emitió en España entre los años 2000 y 2004, un drama médico que gira en torno a la ajetreada vida de los doctores y enfermeros de las urgencias del Hospital County General. En esos cuatro años en toda España la matriculación para hacer la carrera de medicina se vio desbordada.

Merlí fue una serie de televisión estrenada en 2015 que trata sobre un profesor de Filosofía del mismo nombre que estimulaba a sus alumnos a pensar libremente. Esto enfrentaba opiniones en clase, entre los profesores y en las familias. Durante su emisión se produjo un aumento de ventas de libros de Filosofía para todas las edades y favoreció también una mayor celebración de charlas y conferencias sobre el tema.

Y podría seguir, Farmacia de Guardia, Dr. House, The Bing Bang Theory,… son ejemplos de sucesos socialmente positivos que fueron inspirados por contenidos del medio televisión. Son pruebas irrefutables de que el medio influye más allá de los bloques de publicidad y que la influencia puede ser enriquecedora.  

Ya no aguantamos más el repetido “es lo que quiere la audiencia”. Es como decir que una escuela hace recreo toda la jornada lectiva porque “es lo que quieren los niños”.

Según Aristóteles, la catarsis es la facultad de las artes escénicas de redimir al espectador de sus propias bajas pasiones al verlas proyectadas en los personajes de la obra​ y permitiéndole presenciar el castigo merecido e inevitable que esas bajas pasiones reportan, logrando con ello que las evite sin necesidad de que haya de sufrir personalmente el castigo.

No puede ser que el medio televisión haga espectáculo de las bajas pasiones y obvie mostrar el merecido castigo que estas pasiones deberían reportar porque entonces el espectador no las evitará y consecuentemente tarde o temprano habrá de sufrir personalmente el castigo.

Grupos de comunicación que operan desde España, queremos el medio televisión que todos los ciudadanos merecemos.

Antón Layunta
En Positivo

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