viernes, 19 agosto 2022

La mayoría de los españoles obviamos el disparate. Antón Layunta

Para saber cómo tenemos la salud lo habitual es hacer un análisis de sangre. Para saber cómo está realmente una empresa, hacer una auditoría. Para descubrir la receptividad del consumo, un estudio de mercado. Para intuir la intención de voto, un sondeo…

Yo propongo que para saber cómo está la salud mental de un estado sólo hace falta mirar los programas con más audiencia de la televisión y el nivel de consumo de ansiolíticos y antidepresivos.

Venimos de un año de saturación informativa, no se sabe con qué buena intención o quizás por la imprudencia de algunos programadores, o por la repetida, cínica y poco profesional excusa de “esto es lo que quiere la audiencia”.

Pero, entre los muertos por el Covid, los índices de contagio, las vacunas, el fascismo que se crece, la bancarrota económica de muchos, el aumento en el índice de suicidios y la miseria llamando a las puertas de millones de ciudadanos, está sucediendo un fenómeno mediático que me tiene bastante escandalizado.

Entiendo que están siendo malos tiempos para la tele.  Que ante la constante sangría de telespectadores que se pasan a otros soportes tecnológicos o simplemente dejan de ver tele, ante la sensible bajada de la inversión publicitaria y que el bajo perfil económico de la audiencia fidelizada reduce notablemente la lista de potenciales anunciantes VIP, entiendo que ante todas estas dificultades los canales de televisión busquen cualquier solución que les permita subsistir, pero no es deontológico hacerlo a cualquier precio.

Hay quien imagina que el fenómeno televisión es un mundo elitista donde la creatividad es la herramienta indispensable para atraer audiencia, cuantificarla y vender su potencial rentabilidad a la inversión publicitaria. También da por supuesto que la imaginación de las cabezas pensantes de las cadenas y de las productoras de televisión, trabaja para abrirles la mente al futuro y con ello les ayudan a crecer como personas. Y muchos de esos seguidores del medio disculpan el más de lo mismo continuado de las parrillas de las distintas cadenas porque piensan que, si no cambian, será por alguna razón que a esos telespectadores se les escapa.

La oculta razón del continuo más de lo mismo mediático la insinué en este mismo portal de noticias positivas en el artículo titulado “Entretenidos”  y os aseguro que la poca variedad en la programación no obedece a falta de imaginación o a otras razones incomprensibles para el telespectador. Más bien sigue la reiterada estrategia de una cadena de televisión que intencionadamente minimiza dos de los tres puntos que debe desplegar un medio de comunicación honesto, formar e informar, y centra toda su estrategia en el mal llamado entretenimiento que no es más que la actualización del archiconocido y tradicional “pan y circo” pero la novedad reside en que ahora es “circo sin pan”.

Señores de Tele 5, no les parece sórdido que en estos momentos de crisis sistémica social recurran a la hija de una gran cantante desdichadamente ausente, maltratada por un ex guardia civil condenado por malas artes y, a toro pasadísimo, todo empezó hace veinte años, monten ahora un inmundo espectáculo público de algo que debería solventarse en privado o ante un juez si fuera el caso.

Es muy poco creativo rebuscar en la basura de la historia despojos sociales que ya casi son compost, y convertirlos en revulsivo de audiencias mediante la explotación de las bajas pasiones humanas y disfrazarlo todo ello de denuncia contra el maltrato. Eso no es entretenimiento señores de Tele 5 es embrutecimiento público.

Que una cadena de televisión convoque a la audiencia a un intento de lapidación del ex guardia civil, por parte de alguien que únicamente es eso, la hija, y que una bandada de tertulianos y palmeros, vestidos elegantemente para el directo, se lancen como lobos sobre comentarios, resalten detalles sospechosos, y en directo, unas tías que han ido a la peluquería para salir por la tele, declaren a favor y en contra,… siendo esa la peor basura representativa de nuestra sociedad que se pueda emitir por televisión, no es lo que más me ha escandalizado. Eso para muchos de nosotros es lo habitual de cada día en algunas cadenas de televisión.

Según la consultora Barlovento comunicación, el directo de la que sólo es la hija, en algún momento de la noche llegó a ser seguido por 7.683.000 telespectadores. De media 3.041.000 y obtuvo el 32.5% de cuota de pantalla. Descorazonador. Queda demostrado que aún hay quien elije el chafardeo más detestable en vez del provechoso crecimiento personal.

La regresión frente a la ilustración. Entre muchos de ellos seguramente habrá quien en público reclame más educación, igualdad de género, calidad de vida,…  pero en privado sigue cayendo en lo más inútil y primario del ser humano. Y nadie les empujó a ello lo hicieron voluntariamente. Descorazonador.

Y aún más, siguiendo el patrón no escrito pero siempre perpetrado, tras unas horas para analizar los datos de audiencia, sin excepción todos los medios escritos, radiofónicos, televisivos, públicos, privados, estatales, autonómicos, locales, y las redes sociales más populares, pasaron a un segundo plano la información Covid, el ascenso del fascismo, las declaraciones del caso Kitchen, las recomendaciones de Bruselas sobre el poder judicial y, buscando bajo las piedras, todos y cada uno del medios citados encontraron sus respectivos tertulianos expertos, cómo no, en el caso de la hija de la famosa cantante y entre todos los medios empezó el despiece brutal de la vida de esas personas sin ningún beneficio personal para nadie excepto para los medios de comunicación y los anunciantes.

Mientras la educación no lo remedie existirá ese nicho de audiencia que Tele 5 siempre que lo precise lo reutilizará, una y otra vez,  y como en las ocasiones anteriores el resto de medios de comunicación le copiarán. Y de nuevo tendremos que soportar la pelotera tertulianera mediática vergonzante aspirando de nuevo acaparar la atención social con el único objetivo de intentar pescar algo de entre los 7.683.000 espectadores que si lo vieron.

Pero seré sincero, sólo me preocupé un instante e inmediatamente recobre la serenidad. La visión positiva de la vida que practico normalmente me ayuda a ver la situación desde el lado inverso.

Basándome en el último recuento oficial, durante el directo de la que sólo es la hija, fuimos 39.668.567 españoles los que no estuvimos pendientes de ese disparate. Alentador.

Afortunadamente somos mayoría los ciudadanos que aborrecemos el despreciable chafardeo sobre famosos obscenamente rescatados de entre la basura de la historia.

Antón Layunta
En Positivo

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