lunes, 30 enero 2023

La todología y los modelos poco edificantes. Jorge Dobner

La diferencia entre el periodista y un narrador omnisciente es que al primero se le presupone un espíritu crítico, un cuestionamiento de los hechos y la búsqueda de la verdad. Mientras que el segundo se dedica a contar la historia sobre una realidad que le es ajena y no cuestiona.
Al periodismo se le ha elevado como Cuarto Poder por su enorme influencia en los asuntos sociales y políticos de un país, pero sin olvidar su función fiscalizadora y carácter crítico sobre los otros tres poderes: legislativo, ejecutivo e inclusive judicial. De no hacerlo es cuando pierde su razón de ser en las democracias y no se distingue de un mero influencer.

Asombramos atónitos como en estos días en determinados espacios se iguala en importancia a los expertos en temas tan importantes como materia de salud con otros personajes sin formación sobre los temas que competen.

Esta dinámica perversa hace igualar en el discurso al científico, que ha estudiado y tiene una experiencia, con el negacionista que quiere hacer ruido pero no tiene ni idea.

Hoy aparecen muchos expertos en todología que lo mismo te cantan una canción que se ponen a opinar sobre temas tan complejos como una epidemia.

Véase el artista Miguel Bosé o la actriz Victoria Abril, personajes reconocidos por la labor que han desempeñado durante muchos años (y nadie les quita mérito) pero sin ninguna solvencia para erigirse como especialistas ni opinadores contrastados sobre cuestiones para los que no tienen formación, y por tanto no son cualificados. Zapatero a sus zapatos.

Y el error es cuando vierten opiniones basadas en creencias personales y no en datos científicos, reciben el altavoz y la difusión de los medios sin ser lo suficientemente refutados. Es entonces cuando el periodismo pierde.

El rigor es una máxima que los periodistas no pueden pasar de puntillas en ninguna de las circunstancias.
Sin embargo pareciera ser que el sensacionalismo se ha apoderado de las pantallas y los medios en general mientras que garantice una cuota.

Y llama más la atención, cuando prestigiosos periodistas y entrevistadores como es el caso de Jordi Évole, se suman a esta correinte sensacionalista, dan voz y amplifican los mensajes de personajes de dudosa trayectoria personal como el doctor Eufemiano Fuentes que lideraba una red de dopaje en el deporte o como el de Miguel Bosé al cuál le dedica dos programas en horario de máxima audiencia para que nos cuente la historia de su vida salvaje y poco edificante.

Aquellos que busquen el mal entendido entretenimiento, lo que acertadamente se llamó hace unos años telebasura, necesitarán superar cada día más el umbral de lo espectacular porque hoy en día plataformas como Netflix, Amazon Prime o el mismo YouTube ya cubren esa necesidad de entretener y contenido sin censura.
Sin embargo, una vez que quieran recuperar el rigor por degenerar en límites insospechados, es cuando aquella audiencia con capacidad crítica no volverá defraudada a encender el televisor.

Para salvar el medio televisivo urge una vuelta de tuerca y refundación en valores donde prime la calidad, el rigor y también entretener pero de una forma más constructiva.
El modelo de Berlusconi que primero expandió en Italia como accionista en todas las televisiones posibles y creando su propio holding Mediaset para crear un silencio informativo sobre sus prácticas mafiosas y corruptelas. Luego el mal llamado Il Cavaliere exportó a otros países con gran influencia en España y que también intentó en su día en Francia.
En última instancia ha creado un tipo de televisión sin escrúpulos a golpe de amarillismo que consigue captar la atención y en consecuencia arrastra equivocadamente a otras cadenas más serias.

Por salud democrática no se puede entender ni tolerar que los medios olviden su carácter independiente y fiscalizador para dejarse comprar por aquellos políticos a los que deberían cuestionar su comportamiento en la vida pública.

De otro lado merece mucho más protagonismo aquellas personas, profesionales que han demostrado contribuir al bienestar de la sociedad, personajes ejemplificadores que no reciben la suficiente atención de los medios.

Si queremos una mejor sociedad para las nuevas generaciones debemos mostrar el lado bueno de lo que ocurre en la calle.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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