lunes, 06 febrero 2023

Entretenidos. Antón Layunta

Los muy mayores de sesenta años fuimos educados en la creencia de que entretenerse, divertirse o distraerse era descarriarse del recto camino y abonar la oportunidad de caer en los vicios propios de la ociosidad.

La jornada escolar tipo se componía de seis horas de disciplinada instrucción sentados en el pupitre y media hora de recreo.  En la jornada escolar el bullicioso recreo era la excepción que confirmaba la necesidad de mantener formalidad en el resto de las horas de estudio.

Si la jornada se hubiera programado al revés, seis horas de recreo y media hora de disciplinada instrucción, posiblemente todas y todos los de aquella generación hubiéramos acabado siendo felices analfabetos sin pensamiento crítico.

A lo largo de la Historia encontramos ejemplos axiomáticos de la utilización intencionada del recreo como estrategia para minimizar de la exigencia social.

En momentos difíciles en los que el gobierno de turno no tiene claro el siguiente paso a dar para seguir evolucionando como país, la forma de atenuar momentáneamente el descontento popular casi siempre ha sido la utilización del recreo, una de las estrategias más empleadas en  la Historia.

“Panem et circenses”. Seguramente a lo largo de la Historia debieron suceder muchísimas otras pero la primera prueba de la utilización intencionada del recreo masivo para combatir el descontento social la encontramos en el siglo I. El poeta romano Juvenal denunció la estrategia por parte de los emperadores de regalar trigo y entradas para el circo con tal de mantener a los ciudadanos lejos de la política.

Julio Cesar mandó distribuir trigo gratuitamente o a bajo precio, a los ciudadanos romanos. Tres siglos más tarde Aurelio continuó con la estrategia y repartió gratis dos panes y entradas a unas trescientas mil personas.

“Pan y toros”. En España, a partir de la restauración absolutista de Fernando VII en 1814, también existen pruebas de la continuada utilización la estrategia del recreo nacional para apaciguar los ánimos.

En ese tiempo León de Arroyal en su panfleto titulado; Oración apologética en defensa del estado floreciente de España, en su párrafo final decía así: “Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarla para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amén.”

Casi un siglo después Miguel de Unamuno en su artículo titulado; El espíritu Castellano (1895) continuaba denunciando la utilización de dicha estrategia con estas palabras: ¡Pan y Toros, y mañana será otro día! Cuando hay, saquemos tripa del mal año, luego… ¡no importa!

“Pan y Futbol”. Durante la dictadura de Franco el recreo extasiante nacional se diversificó en dos ofertas de circo. Al ya enraizado de los toros se le sumó el naciente circo del futbol.

La llegada del fenómeno televisión a España de inicio significó el afianzamiento popular de las dos mencionadas líneas de recreo nacional, especialmente la del futbol, pero en poco tiempo pasaron a ser dos contenidos más de la programación diaria de la cadena pública porque ella misma fue la que se acabó convirtiendo en la nueva reina del hipnotismo popular.

“Pan y Televisión”. La programación diaria de la única cadena de televisión pública, TVE, se estructuró replicando en cierta medida las características de una jornada escolar tipo. Mayoritariamente didáctica salpicada con minutos de recreo comedido.

El resultado fue espectacular modernizando en un corto espacio de tiempo todos los rincones del país. La estratégica programación convirtió a la gran audiencia en ciudadanos agradecidos al medio televisión. La frase popular de “lo han dicho en televisión” se convirtió durante un tiempo en un boletín General del Estado paralelo.

“Entretenimiento”. La estratégica programación de televisión que replicaba las características de la jornada escolar tipo, horas de estudio y minutos de recreo, salto por los aires con la llegada a España de un milanés llamado Berlusconi.

Él programó la parrilla al revés, horas de recreo y minutos de informativos, y a esta actualización del antiguo pan y toros la llamó “entretenimiento”.

En pocos meses se llevo la audiencia de calle. El controvertido destape en la programación lo compensaba con informativos a medida. Y el éxito comercial alcanzado por la estrategia Berlusconi arrastró al resto de cadenas privadas y públicas, con pequeñas variaciones, a adoptar la estrategia del “entretenimiento” con el único argumento profesional de que aquello era lo que la gente quería ver.

Y  ese circo televisivo, aparentemente casual, a una inmensa mayoría de españoles les distrajo durante algo más de treinta años. Casualmente en ese mismo espacio de tiempo la corrupción se multiplicó, el recorte de derechos se culminó, la posibilidad de entrar en una guerra se materializó, la ficción entró en los informativos de televisión, se aprobó sin oposición el trasvase de dinero público al oligopolio privado,… sigilosamente fue sobreviniendo todo esto y mucho más, por estar entretenidos.

Pero afortunadamente para todos apareció Internet y su enorme efecto democratizador. Tras su lenta implantación se empezó a monitorizar como lentamente la audiencia de televisión iba despertando del efecto hipnotizador.

El índice de consumo de televisión por persona y día baja mes tras mes y aumenta el número de ciudadanos que libremente practican el “do it yourself” mediático que consiente Internet.

Si no existiese Internet esta reflexión sobre la utilización del entretenimiento como arma política a lo largo de la Historia no creo que la hubieras visto desarrollada en ningún informativo, ni en ningún reportaje de televisión.

Gracias Internet.

Antón Layunta
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