lunes, 06 febrero 2023

La verdad frente a la mentira. Jorge Dobner

En el siglo XX Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes, acuñó la expresión “banalidad del mal” bajo el contexto del holocausto para afirmar que personas hasta entonces normales fueron capaces de cometer de forma rutinaria grandes males y atrocidades.

Durante los Juicios de Núremberg se pudo comprobar como la mayoría de esos asesinos, torturadores y cómplices de la masacre eran personas que con anterioridad tenían trabajos corrientes, y era tal el nivel de asimilación de la ideología nazi, que no se sentían culpables ni responsables del horror.

La confesión reveladora de Adolf Eichmann, el llamado “arquitecto del holocausto” y que se percibía a si mismo inocente porque “Mi cometido era solo de técnico de transportes”, aun pone los pelos de punta. Y tantas personas de rango inferior que fueron ejecutores y declaraban que solo cumplían órdenes sin rastro de arrepentimiento.

El llegar a este punto no fue fruto de la casualidad sino de un proceso en el tiempo para que buena parte de la sociedad asumiera como verdad tantas mentiras como la existencia de una raza aria superior al resto o que los judíos eran los únicos responsables de la miseria que se vivió tras la I Guerra Mundial.

Bien sabía el propagandista nazi Joseph Goebbels “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. La sociedad alemana no se despertó de un día para otro seguidora de la ideología nazi sino que se fue inoculando en ella a base de mentiras el odio hacia al diferente y como amenaza de un proyecto superior nacional. Una causa mayor que aún hoy en día nacionalistas y populistas suelen referirse.

Todo este engranaje propagandístico más la elevación mesiánica de un líder supremo, que se le otorgan falsamente cualidades de “superhombre” que acuñó Friedrich Nietzsche, arrastran a una sociedad complaciente y acrítica a un estado de locura colectiva.

En pleno siglo XXI no podemos desdeñar el poder de las mentiras y su repetición sin ser contrastadas. El no hacerlo es dejar campo abierto a un nuevo tipo de fascismo que puede derivar en otras paranoias colectivas.

En la América profunda aún hay negacionistas de la teoría de Charles Darwin, terraplanistas con cientos de años de retraso e incluso gente ocurrente discutiendo hoy en día que la nieve es plástico. No hay otra forma que llamar a esta gente ignorante e inconsciente de seguir propagando mentiras sin una base científica.

Hace unos meses el periódico la Stampa publicaba la experiencia de una pareja italiana que había tenido que ser rescatada en alta mar tras perderse cuando intentaban demostrar que la Tierra es plana.

Y es que las mentiras se dan de bruces frente a las evidencias científicas.

A medida que la ciencia y la investigación han ido avanzando estas sandeces se quedaban en el ámbito privado por vergüenza propia de no ser publicitadas.

Hoy parece que los idiotas vienen de vuelta porque un séquito de personas acríticas están dispuestas a creerse cualquier chorrada sin la voluntad de contrastarlas con fuentes fiables.

Lo peor es hay quien pueda creerse subversivo por decir la primera tontería que se le viene a la cabeza.

Ya en el 2011 advertía en mi libro “Verdades cambiadas”, cuando el término de posverdad no estaba de moda, del peligro de licitar mentiras no contrastadas, verdades a medias o descontextualizadas, que no tienen nada que ver con el rigor, orden y veracidad, cimientos que han sustentado y deben seguir priorizando en el periodismo.

Y cómo el populismo en todas sus formas es principalmente el más interesado, creando noticias falsas para generar más crispación y así polarizar más si cabe a la sociedad.

Los medios tenemos una gran responsabilidad para con datos y estadísticas bien contextualizadas desmentir cada una de las mentiras. Pero también es necesario otras herramientas, es el caso de los programas educación mediática que se vienen implementando ya en algunos centros educativos para que los alumnos incrementen su pensamiento crítico  y aprendan a detectar las fake news.

A nivel de Europa también se vienen dando pasos si bien se necesita todavía una respuesta más contundente. EU vs disinfo es un proyecto del Servicio Europeo de Acción Exterior que desde 2015 trabaja para dar respuesta a las campañas de desinformación que llegan desde Rusia y afectan a la Unión Europea en su conjunto, a los estados que la forman o a otros países europeos.

Hacen falta medidas más contundentes y globales para que sea quien sea el emisor o emisores se pueda detectar la mentira y penalizar a quienes de forma irresponsable la propagan en prejuicio de sus conciudadanos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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