lunes, 06 febrero 2023

¿Por qué la positividad falsamente entendida es en realidad tóxica?

Se suele decir que todo llevado al extremo es negativo, incluso cuando se trata de cosas buenas.

Es el caso de la positividad como una imposición sea cual sea la situación que estemos atravesando, algo así como una filosofía Mr. Wonderful de postureo.

Esta positividad extrema y falsamente entendida es en realidad una positividad tóxica, pues sobre ese estado feliz sobreactuado puede silenciarse nuestras emociones “negativas”.

Para la terapeuta y psicóloga británica Sally Baker, autora de The getting of resilience from the inside out (“Resiliencia de dentro hacia afuera”, 2019) “el problema de la positividad tóxica es que es una negación de todos los aspectos emocionales que sentimos ante cualquier situación que nos plantee un desafío”.

“Es deshonesto hacia quienes somos permitirnos únicamente expresiones positivas”, asegura Baker. “Negar constantemente todo lo ‘negativo’ que sentimos en situaciones difíciles es agotador y no nos permite crear resiliencia [la capacidad de adaptarnos a situaciones adversas]”.

“Nos aísla de nosotros mismos, de nuestras auténticas emociones. Nos escondemos detrás de la positividad para mantener a otras personas lejos de una imagen que nos muestra imperfectos”.

Como seres humanos sentimos emociones diferentes que pueden oscilar en un mismo día, luego instalarnos en ese modo de positivismo extremo supone una negación de los propios vaivenes emocionales.

Esa positividad tóxica debe diferenciarse de la psicología positiva, pues no tienen que ver “La psicología positiva se popularizó a través del psicólogo Martin Seligman, quien trabajó mucho con temas de depresión y dio un prisma diferente para abordar diferentes problemas, situaciones o patologías”, explica el psicólogo sanitario Antonio Rodellar, especialista en trastornos de ansiedad e hipnosis clínica.

En su famoso libro The optimistic child (“Niños optimistas, 1995), el psicólogo estadounidense explicó que el pesimista no nace, sino que se hace; que “aprendemos a ser pesimistas” por circunstancias de la vida. Sin embargo, también decía que podemos combatir ese pesimismo y transformar nuestros pensamientos negativos en otros más positivos.

Lo que pasa es que en los últimos años el concepto de psicología positiva se ha distorsionado y se ha llevado al extremo y a negar y generar una nula capacidad de aceptar y afrontar las situaciones negativas.

Cabe señalar que esta actitud de bloquear puede traducirse en consecuencias negativas para la salud, pues como se suele decir nuestro cuerpo habla lo que calla la boca.

“Todas las emociones que reprimimos se somatizan, se expresan a través del cuerpo, muchas veces en forma de enfermedad. Cuando negamos una emoción, encontrará una manera alternativa de expresarse” argumenta Rodellar.

Igual que la risa tiene un efecto terapéutico, también llorar cumple su función para desahogar las penas. No debemos subestimar ningún tipo de reacción emocional.

Redacción
En Positivo

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