viernes, 07 octubre 2022

La llamada del Papa para despertar. Jorge Dobner

La pandemia del COVID-19 es “un momento para elegir lo que importa y lo que pasa, un momento para separar lo que es necesario de lo que no es”, dijo el Papa Francisco en su discurso virtual en la Asamblea general de las Naciones Unidas.

Durante esta semana se ha conocido su nueva encíclica, Fratelli tutti, la tercera en ocho años de mandato como líder de la Iglesia Católica y firmada en la iglesia de San Francisco de Asís como un nuevo gesto al Santo del que tomó su nombre y a sus valores franciscanos de amor fraterno, de sencillez frente a los excesos del consumismo y la falta de empatía a los necesitados.

Si algo caracteriza a este Papa es por su claridad y no pasar de puntillas sobre los temas. Más si cabe en esta nueva encíclica contiene una carga política, incluso con un quinto capítulo titulado “La mejor política”.

En líneas generales denuncia la desigualdad social, el consumismo, al populismo, a los nacionalismos, a la falta de solidaridad – también hacia los inmigrantes – y a la necesidad de poner límites a un sistema que no puede considerar a todo una mercancía.

Asimismo sugiere que esta crisis debiera ser una oportunidad para repensar nuestra forma de vida y renacer con un deseo de hermandad “tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

Como suele ocurrir en muchos de sus discursos este texto ha tenido gran repercusión social y disparidad de impactos, incluso en el seno de una Iglesia donde Jorge Bergoglio lleva dando pasos hacia la reforma en el fondo y las formas.

Bergoglio abrió el Palacio Apostólico definitivamente y erradicó gran parte de los privilegios – incluidos los del propio Pontífice -. Cabe recordar que una de sus primeras decisiones al tomar el mando fue marcharse a vivir a la residencia de Santa Marta, también cambió su coche de lujo por un Ford Focus.

En coherencia con este modus vivendi el Papa ha articulado de forma progresiva una narrativa clara sobre una nueva economía que permita la solución de los problemas estructurales que hay en el mundo y revertir la desigualdad y exclusión.

Francisco quiso tomar también el relevo de la lucha contra los abusos a menores creando una comisión para la prevención de casos y denunciando sin lugar a dudas a aquellos depravados que aprovechándose de su autoridad espiritual cometían abusos. .

Su reforma de la Iglesia, sabedor de los cambios necesarios para su supervivencia en el tiempo, es la de una institución más integradora (acercándose a los homosexuales, a los divorciados y a las mujeres) y abierta a las transformaciones propias de los tiempos.

Como en todo puede haber distintas sensibilidades, pero si algo se le reconoce de forma casi unánime es que todas sus decisiones se basan en un liderazgo innato a diferencia de otros perfiles que pasaron más desapercibidos como algunos de sus predecesores.

No hay que negar que su impronta apologética que se apoya en este discurso valiente y desprovista en gran parte de las formalidades choque directamente con los sectores más conservadores tanto de la Iglesia como del establishment, tan recelosos de los cambios.

La llamada del Papa a despertar, molesta con razón a los que quieren que todo siga igual para no ver peligrar sus intereses.

Su ejemplo puede estar en las antípodas de otros que se les supone líderes políticos pero cuyas acciones rallan el esperpento. Véase el caso de un Donald Trump aficionado a firmar Biblias entre sus seguidores cual sacerdote mediático y que se vanagloria de no llevar mascarilla a pesar de los contagios y su propio positivo en Coronavirus.

En estos momentos de dificultades es cuando más se echan en falta liderazgos que pueden promover iniciativas positivas, capaces de reunir a distintos para consensuar valores comunes.

Es por eso que este Papa no distingue a nadie y a todos les da su importancia; tanto puede reunirse con empresarios y altas instituciones como lavar los pies a reclusos en la misa del Jueves Santo.

Su impacto va más allá de lo que se circunscribe en el seno de la Iglesia Católica. Se trata de un liderazgo de estilo humanista que interpela a todos indiferentemente de las creencias individuales o ausencia de ellas

Es el hito de pasar de una institución tradicionalmente concebida eurocéntrica a la irrupción de la Iglesia centrífuga que tiene como misión salir de las paredes del templo para llevarle el agua al sediento.

Todos juntos debemos llegar a ese sitio de mejor acción para abordar los problemas que acontecen en el mundo y que merecen soluciones, al igual que este papa está movilizando a la ciudadanía para hacerlo posible. Es el Papa es de las soluciones.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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