viernes, 07 octubre 2022

Frenar el odio. Jorge Dobner

Hay viejas tácticas recurrentes que no pasan de moda porque siguen siendo efectivas. Los usos del odio son un arma en política que gana especial relevancia en momentos de incertidumbre y debilidad cuando la sociedad se muestra más perdida.

No es algo inventado, pero sorprende como de forma cíclica y camuflada en distintos disfraces los populistas del momento vuelven a tener otra oportunidad.

Las peticiones insatisfechas de la ciudadanía que pasa malos momentos frente a los partidos tradicionales de las democracias liberales que no consiguen resolver sus  problemas. Bajo este contexto se produce la fractura de la sociedad donde las personas cuyas demandas no han sido atendidas y grupos insatisfechos acrecientan su aversión a las élites.

Son muchos los intelectuales que han desgranado este fenómeno. La famosa teoría del populismo del filósofo y teórico político Ernesto Laclau, que concede la capacidad del líder populista de definir quién forma parte del pueblo y quién no.

Bajo una legitimidad ficticia y autoconsideración como únicos representantes del pueblo y usando el odio como argamasa para unificar a personas de distintas categorías sociales pero unidas con la finalidad de batir a un enemigo, cualquiera que sea.

Como no hay una lógica cognitiva para unificar lo heterogéneo bajo la forma de identidad colectiva, en su lugar se huye de las argumentaciones lógicas y complejas para dar paso a discursos pasionales y simplificados.

Los politólogos Seymour M. Lipset y Stein Rokkan bien explicaron la denominada teoría del cleavage o fractura social, en tanto y cuanto los votantes en las democracias occidentales se posicionaban políticamente en torno a cuatro anclajes que representaban cuatro fracturas sociales a lo largo del siglo XX: habitantes de ciudad contra los del ámbito rural, los fieles del credo religioso dominante y los laicos, los empresarios y los empleados, la centralización política frente a los defensores de la periferia geográfica del país.

No hace falta decir lo pernicioso que resultan aquellos gobernantes o agentes políticos, que haciendo uso de estas dicotomías para intereses partidistas, en vez de buscar un cierto equilibrio acrecientan las zanjas entre grupos poblacionales.

El fácil recurso de una lógica binaria donde reina el odio de ellos y nosotros, los malos y los buenos, para dotar de sentido a esta estrategia discursiva del populismo y mover las bajas pasiones.

Lo peor es cuando este clima tóxico de los jinetes del odio pasa del ámbito de la política a dominar la voluntad de la sociedad y sus gentes. La palabra odiador, ​ odiante, ​ o hater hace referencia a un término empleado en Internet para denominar a los usuarios de la red que difaman, desprecian o critican destructivamente a una persona, a una .

Esta normalización ha popularizado la figura emergente del “hater” (odiador) que valiéndose del odio busca su minuto de gloria. Usuarios que desprecian, difaman o critican destructivamente a una persona, a una entidad, a una obra, a un producto por el simple gusto de difamar e intoxicar.

¿Es esta la sociedad que queremos? Precisamente estos días distintos famosos (Kim Kardashian, Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Sacha Baron Cohen o Katy Perry, entre otras celebridades) compartían una iniciativa para congelar un día sus redes sociales por difundir odio

Esta protesta, a pocas semanas de las elecciones presidenciales de noviembre, forma parte de la campaña “frenar el odio con fines de lucro” lanzada por una coalición de grupos en defensa de los derechos civiles.

Cada uno de los ciudadanos tenemos una responsabilidad para frenar el discurso del odio, que en los casos más graves es una avanzadilla para amparar los crímenes de odio.

El filósofo griego Aristóteles incluía la amabilidad en su ‘Ética Nicomáquea’ entre las virtudes morales que definen al hombre bueno. Y son las personas amables, educadas y cultivadas las que pueden hoy marcar el cambio que nuestra sociedad necesita.

El ser ejemplo desde una actitud cortés con el prójimo; y no comprar, ni consumir, ni compartir aquellos que desde su odio nos quieren más enfrentados e iracundos.

Valorar lo bueno, lo agradable, lo útil, a quién muestra solidaridad y empatía. Entre todos hagamos que no ganen los haters.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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