viernes, 07 octubre 2022

Las plataformas digitales y el submundo de la negatividad

Durante las semanas de confinamiento a causa del descontrol de la pandemia no solo las cadenas de televisión se vieron beneficiadas, también las plataformas digitales experimentaron un aumento exponencial. Nunca habíamos constatado tales niveles de consumo digital en movilidad. El contenido audiovisual se ha vuelto líquido, y supera por mucho las barreras de los esquemas tradicionales.

Hoy Netflix, Google y Amazon (junto con Facebook, Microsoft y Apple) consumen más del 43% del tráfico de Internet, aunque es Netflix la que mayor cuota ocupa con consumo del 12,6% sobre el tráfico global. Se podría decir que el boom de estas plataformas (Netflix, HBO, Prime Video, Movistar+ Lite, Filmin, Apple TV…) que empezara hace aproximadamente diez años se encuentra en su momento álgido.

Gran parte de su éxito reside en la experiencia de usuario, que puede consumir el contenido deseado de forma inmediata y sin esperas publicitarias. Además de los servicios adyacentes a dicho contenido: compartir el acceso con otros miembros de la familia, disponible en varios dispositivos, personalización del contenido…sin duda una experiencia amable.

Sin embargo, la esperanza que en sus inicios despertaban estas alternativas a las televisiones en  abierto parece desvanecerse, y vemos como combinan violencia, sexo y drogas como un cóctel audiovisual recurrente.

La polémica también sirve como ‘gancho’ para llamar la atención de potenciales espectadores, véase el cartel de la nueva serie Patria por HBO o los planes de Netflix de agregar sexo y sangre a un remake de ‘Avatar: La leyenda de Aang’. Todo por conseguir la mayor cuota de un mercado que empieza a estar sobresaturado de series y películas. En este sentido los fanáticos de la serie animada ‘Avatar’ se posicionaron en contra de este remake sensacionalista y lanzaron en las redes una campaña #CancelNetflixATLALiveAction.

No es la única polémica, pues como se explicaba este modus operandi se ha instalado como la mejor campaña publicitaria posible a estos contenidos. Otro ejemplo es el caso del controvertido “thriller erótico” polaco ‘365 días’ que lanzó Netflix hace unos meses. La película es un cliché del síndrome de Estocolmo en el que una chica llamada Laura se enamora de su captor. Massimo le dice a Laura que nunca la tocará sin su permiso, pero lo hace tocándola constantemente, metiéndole las manos por los pantalones, agarrándola por el cuello…

Esta película se enfrentó una gran reacción de organizaciones benéficas de violencia doméstica y organizaciones feministas que acusaron de glorificar la cultura de la violación y la violencia sexual.

De momento la postura reivindicativa de parte los consumidores es la que puede servir de dique de contención a una mayor degeneración.

Se tratan de productos de ficción que no tiene por qué ser reproducidos en la realidad, pero no hay que infravalorar la penetración cultural que estas expresiones simbólicas consiguen en la sociedad – más si son la tónica general del contenido -.

Es lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu acuñó como “violencia simbólica” en el proceso a través del cual se desarrolla la reproducción cultural y la naturalización de determinados comportamientos y valores.

Sobre la influencia que hoy tienen estas plataformas es incontestable, al tiempo de generan nuevos modos de consumo. Se habla de la ‘netflixización’ de los productos audiovisuales y del ‘binge watching’ o maratón de series. La estrategia de que los usuarios consuman varios capítulos de una sentada para mover su interacción en redes y recomendaciones a otros usuarios.

Precisamente cuando Bordieu publicó su famoso ensayo ‘Sobre la televisión’ (1996) ya denunciaba los mecanismos de las televisiones, y el negativo vínculo entre la urgencia y el pensamiento.

“Los índices de audiencia ejercen un efecto muy particular sobre la televisión: se traducen en una mayor presión de la audiencia. La competencia entre los periódicos y la televisión, entre las cadenas de televisión, adquiere la forma de una rivalidad temporal  por la primicia informativa”.

La crítica entre bambalinas de las televisiones “donde se concede la palabra a pensadores supuestamente capaces de pensar a toda velocidad, no se está condenando a no contar más que con fast thinkers, con pensadores que piensan más rápido que su sombra” a los que llamaba “especialistas del pensamiento desechable”.

Esta lucha arbitraria por el índice de audiencia, y no la calidad de contenidos de las cadenas, se reproduce ahora en las plataformas digitales.  Se busca a toda costa captar la atención y no retener información útil.

La fuerza de banalización que bien explicaba el sociólogo “la televisión de los años noventa se propone explotar y halagar los gustos del gran público para alcanzar la audiencia más amplia posible”.

Una mal entendida comunicación de masas que en 2020 viene en apariencia de otros formatos.

Existe una cuota de mercado a ocupar con gran potencial de estas plataformas para hacer lo que hasta ahora no han hecho: desarrollar un rol más estimulante y pedagógico que invite a pensar y fomentar el espíritu crítico de la audiencia.

 Por ejemplo, una ONG creó una plataforma de streaming similar a Netflix que exhibe clásicos del cine y la televisión para ayudar a identificar agresiones.

La realidad no se concierne a un submundo de negatividad y temas marginales, también hay otra realidad que mostrar con muchísimas ideas positivas y creativas, personajes inspiradores que ayudan a cambiar el mundo en positivo.

Los consumidores siguen teniendo la última palabra para premiar las alternativas constructivas por encima de una oferta sensacionalista. Se puede enseñar mostrando.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
Gimnasia emocional para entrenar nuestro cerebro
Elegir un nuevo rumbo hacia nuestro propósito vital
La intoxicación informacional es causa de problemas sociomédicos en una parte de la población
Dominar el cambio. Jorge Dobner
Buenas noticias, una ola positiva llega a los medios de comunicación
Construir o destruir. Jorge Dobner
Verdades Cambiadas

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad