viernes, 07 octubre 2022

Momento histórico, oportunidad única. Jorge Dobner

La experiencia del Coronavirus ha situado a toda la humanidad en un contexto de crisis global, con la incertidumbre y el temor que esto conlleva. Era cuestión de tiempo que tarde o temprano sucediera una pandemia de estas características.

Los científicos venían advirtiendo desde hace años de lo inevitable a partir de la negligente acción del ser humano; la colonización de la naturaleza, la invasión de los ecosistemas, el tráfico ilegal de animales salvajes y flora, con el incremento exponencial de las enfermedades exóticas y el cruzar la línea de transmisión de las enfermedades de animales a humanos.

De lo inevitable, de seguir persistiendo en esta deriva era cuestión de tiempo el colapso del sistema global. Había demasiados síntomas y el planeta que habitamos es como si hubiese dicho basta.

La Covid-19 ha actuado como detonante y consecuencia, por lo que no podemos demonizar la función que desempeñan tanto las bacterias como los virus.

La transgresión de los límites ha contribuido a la irrupción de un virus de difícil adaptación como es el Coronavirus, que ahora nos está exigiendo un esfuerzo titánico como activador de nuestra especie y adaptación de nuestro cuerpo. El próximo paso de nuestra evolución será muy diferente.

Durante mucho tiempo no se ha atendido ni entendido la llamada de la naturaleza y sus dinámicas.

Así lo explica el concepto de los límites planetarios (en inglés: planetary boundaries) propuesto en 2009 por un grupo de 28 científicos internacionales liderados por el sueco Johan Rockström del Stockholm Resilience Centre (SRC) y Will Steffen, de la Australian National University.

El objetivo de estos científicos era definir un “espacio de actuación seguro para el desarrollo humano”. Un marco conceptual que evalúa el estado de 9 procesos fundamentales para la estabilidad del sistema Tierra y sugiere una serie de umbrales para estos procesos que, en caso de ser superados, pueden poner en peligro la habitabilidad del planeta; y es lo que finalmente ha sucedido.

Los ecosistemas de la Tierra se han rebelado contra las especies invasoras y la destrucción del ser humano. Y ahora nos encontramos en un proceso de reparación y restauración.

Obligatoriamente la experiencia del Coronavirus nos ha centrado la atención en muchas cosa que no considerábamos y que en la actualidad somos conscientes de cambiar: la destrucción de los recursos del planeta, la creciente desigualdad, la falta de empatía y necesidad de fortalecer las comunidades, y otras muchas cuestiones.

Estamos aprendiendo que no debemos controlar la naturaleza sino cuidarla porque dependemos de ella.

Es un momento de transición entre fin de ciclo e inicio de otro nuevo, y eso es lo que genera incertidumbre.

Vemos como muchas viejas estructuras y sistemas están colapsando de diferentes maneras, pero al mismo tiempo es una oportunidad sin precedentes para la transformación. Es un momento histórico que la humanidad debemos aprovechar.

Como bien explica el autor estadounidense y compañero de profesión, David Korten “Es evidente que durante mucho tiempo la humanidad ha estado sufriendo una crisis existencial. Destruir la tierra que nos da soporte es el camino hacia la auto extinción, luego hay que apostar por una profunda transformación hacia una nueva civilización”.

La suerte es que hoy contamos con el mejor capital humano posible, una tecnología que avanza a pasos agigantados y la voluntad de cambio cada vez mayor de la ciudadanía.

Las crisis son el momento propicio que nos empuja para cambiar el estatus quo y parece que hemos necesitado una pandemia para despertar.

Hay oportunidades inmensas para llevar a cabo esta nueva visión de civilización, para profundizar en la democracia, para crear economías de mercado conscientes, para combatir una desigualdad vergonzante, para unir a las comunidades y poder desarrollar culturas e instituciones del mundo justo, sostenible y compasivo que soñamos.

Frente al contraste especulador de una economía demasiado desconectada de las  necesidades reales de la gente. Debemos pasar de los sistemas que materializan todo y basado en la explotación de personas y naturaleza, a una civilización que comparte más y se basa en las relaciones benéficas entre iguales.

Si queremos se pueden cambiar los indicadores actuales para aportar otros indicadores más ajustados a la ciudadanía, para medir el progreso en base al bienestar, igualdad y justicia social.

Nuevos tiempos, nueva oportunidad.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
Es clamorosa la necesidad de cambiar de rumbo. Rosa Marí­a Artal<
La globalización moral. Jorge Dobner
“La agricultura tiene que ser parte de la solución para enfrentar el cambio climático”.

Naciones Unidas pide una renta básica
Una nueva economía para una nueva vida. Jorge Dobner
“Hace falta cambiar hacia un capitalismo eficiente, ético y con prosperidad para todos”. Carlota Pérez
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad