jueves, 06 octubre 2022

En favor de la clase media y de más justicia fiscal. Jorge Dobner

En los últimos 30 años, los hogares de ingresos medios han experimentado un crecimiento mediocre o incluso estancamiento en algunos países. Esto ha alimentado la percepción de que el sistema socioeconómico actual es injusto y que la clase media no se ha beneficiado del crecimiento económico en proporción a su contribución.

Además, el coste de vida se ha vuelto cada vez más costosa para la clase media, ya que el coste de los servicios básicos y bienes como la vivienda ha aumentado más rápido que los ingresos.

Las oportunidades tradicionales de la clase media para la movilidad social también se han debilitado a medida que las perspectivas del mercado laboral se vuelven cada vez más inciertas: uno de cada seis trabajadores de ingresos medios tiene empleos que corren un alto riesgo de automatización.

A la vez que son inciertas sus propias perspectivas, la clase media también está preocupada por las de sus hijos; La generación actual es una de las más formadas académicamente y, sin embargo, tiene menos posibilidades de alcanzar el mismo nivel de vida que sus padres.

Diversos informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y en especial el último “Bajo presión: La clase media exprimida” documenta en detalle estas tendencias.

Muestra que cada generación desde el baby boom ha visto reducirse al grupo de ingresos medios y debilitar su influencia económica. Hace tres décadas, el ingreso agregado de todos los hogares de ingresos medios era cuatro veces mayor que el ingreso agregado de los hogares de ingresos altos; hoy, esta proporción es inferior a tres.

De forma ejemplar las clases medias y trabajadoras soportaron el mayor peso de la grave crisis económica del 2008, y ahora frente a las consecuencias de la pandemia tales circunstancias no pueden volver a repetirse.

El seguir debilitando a las clases medias solo hará que acrecentar la desigualdad en sociedades cada vez más polarizadas. Un ecosistema de caldo de cultivo para que los populismos que se venían enfrentando desde las democracias occidentales, y parecían retroceder paulatinamente posiciones, vuelvan de nuevo como los rebrotes.

Antes de subir los impuestos a clase media como medida sistemática existen otras muchas fórmulas para afrontar las crisis, empezando por cambios estructurales que las administraciones se resisten.

Desde hace tiempo en la UE se viene insistiendo en aplicar medidas valientes para combatir el escándalo de la evasión fiscal. La reciente sentencia de la Justicia europea sobre las ventajas fiscales de Apple en Irlanda “hace más urgente y clara” la necesidad de avanzar en la reforma comunitaria del impuesto de sociedades, puesto que la UE pierde en la actualidad 35.000 millones de ingresos al año por elusión en este gravamen.

No puede considerarse “justo” que una multinacional pague sólo un 1% de sus beneficios en impuestos, mientras que la clase media multiplica los tributos a pagar.

Por fin parece que cada vez está más cerca acabar con estos “agujeros negros” de la fiscalidad, y debiera ser solo el primer paso.

Los gobiernos deben diseñar instituciones del mercado laboral que garanticen que las ganancias de productividad se comparten ampliamente y se traducen en salarios más altos y mejores condiciones de trabajo.

En este sentido la negociación colectiva y el diálogo social pueden desempeñar un papel central para garantizar mejores condiciones laborales.

También incrementar la participación femenina en la fuerza laboral para desterrar un modelo caduco de parejas con un solo trabajador y que se quedan cortas en el medio de la distribución del ingreso.

Claramente, existe la posibilidad de aumentar los ingresos de la clase media al aumentar aún más el trabajo de las mujeres, su participación y ganancias.

Las medidas para reducir las tasas impositivas efectivas para los segundos trabajadores merecen una atención especial ya que los segundos trabajadores son altamente receptivos a los incentivos laborales.

Reducir la carga impositiva sobre los hogares de ingresos medios, reducir los impuestos o ampliar los beneficios aumenta de inmediato los ingresos disponibles de la clase media.

Y no solo en política fiscal, sino igual de importante en políticas de conciliación que ayudan a las familias de ingresos medios a lograr una mejor vida laboral y equilibrio familiar.

En la línea de la tesis de la periodista y activista canadiense, Naomi Klein, el mundo no debería volver a la época pre Covid-19 y su estatus quo, sino impulsar la oportunidad para la reconstrucción en base la igualdad, equidad y sostenibilidad.

Casi siempre la clase media es una clase también silente que se ha sacrificado en los momentos más duros sin demasiadas quejas. Pero ahora las élites políticas deberán primero ser ejemplares asumiendo los sacrificios que ellas mismas dictan.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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