viernes, 01 julio 2022

La globalización moral. Jorge Dobner

La globalización es un proceso complejo y controvertido que tiene sus partidarios y detractores en sus extremos. Unos dicen que es beneficioso porque permite el crecimiento económico de nuevas industrias y más empleo en países en desarrollo para mejorar sus niveles de vida.
Por el contrario, otros alegan que las grandes beneficiadas han sido las corporaciones multinacionales aprovechándose de la subcontrata a menor costo en países pobres, supeditando la prosperidad de empresas menores y las culturas locales.

El vaso medio lleno o medio vacío. No faltan razones a unos y otros. No se puede negar que este proceso ha contribuido a la modernización de las sociedades, la integración y facilidad de las comunicaciones, así como el libre movimiento de mercancías.
Pero tampoco se puede obviar las graves fallas estructurales, cuya negación continuada es aprovechada por movimientos nacionalistas y populistas que encuentran terreno fértil alegando la homogeneización de identidad y falta de diversidades culturales.

Todo este proceso se ha visto acelerado por la tecnología, cuyos avances en el campo de las tecnologías de la información están transformando la economía.

Pero que en una dinámica voraz absorbe toda oportunidad de crecimiento de lo regional. Así es explotado por las multinacionales que utilizan los vericuetos burocráticos para evadirse fiscalmente, acaparar el mercado y no competir en igualdad de oportunidades.

La cuestión es que habría que poner ciertos límites. La economista venezolana Carlota Pérez en su libro ‘Revoluciones tecnológicas y capital financiero: La dinámica de las grandes burbujas financieras y las épocas de bonanza’ denuncia esta situación y aboga por un equilibrio para que los beneficios de esta globalización puedan llegar a todos.
En este sentido propone cierta intervención del Estado para indicar una dirección hacia donde la innovación y la inversión converjan.
Lo cual para ser más efectivo debería involucrar a diversos estados a nivel mundial para poner en marcha las políticas apropiadas, que garanticen las ganancias en el mundo de los negocios y el bienestar en la sociedad, con suficiente empleo y un nuevo modo de vida.

Cuando en medio de una pandemia los errores del sistema son más visibles, es precisamente el momento oportuno para reconstruir una globalización moral que de posibilidades a la mayoría y no ahonde más en las desigualdades.

Muchos expertos hablan de un escenario de agotamiento del sistema capitalista, de desfase y colapso que en un contexto de emergencia planetaria debe obligar a proponer nuevas soluciones y cambio de prioridades para un mundo más sostenible.
El hartazgo de la calle se refleja en los movimientos sociales que solo quieren hacerse escuchar, pues demasiado tiempo las élites políticas y de poder han mirado hacia otro lado.

Desde la sociedad se ha revaluado el papel de los expertos, especialistas, académicos e investigadores, con sus trayectorias profesionales y conocimiento pueden y deben aportar nuevas ideas para enfrentar los retos del presente y del futuro.
Las clases medias y trabajadoras no están dispuestas a pagar de nuevo la crisis socioeconómica de antaño, no al menos como ya están proponiendo desde instituciones europeas hasta que se combata en serio el fraude fiscal.

A medida que el Estado del bienestar avanza no solo se exige proteger las conquistas ya adquiridas sino blindar nuevos derechos universales como la renta mínima vital, cobertura de salud, derechos de conciliación familiar etc.

El Estado tiene mucho que decir y las administraciones tienen que demostrar su utilidad para con los ciudadanos en vez de dar cobijo a redes clientelares políticas.
En esta línea hasta el prestigioso Financial Times reclama un papel más relevante del Estado, mercados laborales más seguros, entender el gasto social como inversión, una revisión de los privilegios, una mayor redistribución de la riqueza e incluso un debate serio sobre la renta mínima.

Existe una nueva redefinición de la globalización en la que los mercados locales, de proximidad y calidad deben tener un papel protagonista, también con una nueva dimensión comunitaria donde por fin todos los ciudadanos se sientan partícipes de las decisiones.

Jorge Dobner
Editor
En Positvo

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