miércoles, 29 noviembre 2023

Gobiernos y consumidores contra la evasión fiscal

Se suele invocar la “crisis” como una oportunidad de cambio, pero al mismo tiempo de riesgo por las dificultades que supone hacer esta traslación. Sin embargo, de la crisis del 2008 la clase media y familias fueron duramente golpeadas, y cuyas consecuencias en desigualdad social siguen presentes.

Fueron quienes soportaron en gran parte el peso tributario de la crisis para el mantenimiento del sistema público, mientras que los ricos se hacían más ricos.

Se refleja en el hecho de que en países como España antes de la crisis las familias aportaban el 74% del total de impuestos recaudados, para pasar a aportar el 83% en 2016, mientras que las empresas aportaron el 22% en 2007 y el 12% en 2016.

Evidentemente se trata de un rediseño del sistema fiscal que no contribuye a reducir la desigualdad, sino que la acrecienta.

Cada vez hay más ricos en el mundo y se polariza más la brecha entre ricos y pobres a nivel mundial. Si en 1987 había 140 multimillonarios, en la actualidad hay 2.153, es decir, 15 veces más.

Además, estos más de 2.000 multimillonarios en todo el mundo acumulan en total unos ocho billones de euros: es decir que si fueran cuantificados en un país, serían el tercero más millonario del mundo, solo por detrás de EE.UU y China.

Esto se debe a que los ricos han aprovechado todos los vericuetos burocráticos para pagar cada vez menos impuestos, ni por su patrimonio, ni por sus empresas. Lo que se conoce como ingeniería fiscal a medida.

Según un reciente informe de Intermón Oxfam a nivel global las familias aportan el 91,52% en la contribución fiscal, mientras que las empresas solo contribuyen en la actualidad con el 1,98%.

Esta reducción del peso tributario de las empresas en detrimento de las familias es un fenómeno global que ha tenido una contestación tibia entre las instituciones. En muchos países se constata un incremento en la proporción de lo que aportan impuestos al consumo, como el IVA, de forma paralela a una reducción en los tipos nominales que tienen que pagar las empresas.

La posibilidad de que estas políticas no se hayan revertido es la carrera a la baja tributación empresarial por la cual los países se ven casi obligados para evitar la deslocalización y donde los paraísos fiscales juegan un papel determinante como catalizadores de esta competencia fiscal.

Estas jurisdicciones suponen el agujero negro de las oportunidades de desarrollo de millones de personas en todo el mundo.

Ahora cuando la pandemia mundial por el Coronavirus según las previsiones desencadenará efectos negativos también a nivel económico, no se pueden cometer los mismos errores que la última crisis.

Antes de presionar con más tributos a las clases medias es necesario mostrar mayor eficacia por combatir la evasión fiscal de quienes durante tantos años se han enriquecido al tributar a niveles irrisorios, como es el caso de las conocidas SICAV y solo pagar en fiscalidad el 1 %.

Tanto gobiernos en coordinación a nivel mundial con organismos internacionales como la OCDE, Unión Europea e incluso las Naciones Unidas, deben optar por soluciones de calado, con medidas contundentes para la desaparición de estas jurisdicciones desleales.

Esta es la propuesta de dos prestigiosos economistas como son el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, y el especialista en desigualdad económica​,Thomas Piketty, quienes promueven la aplicación de un tipo mínimo de sociedades del 25% a escala global y por consenso internacional para evitar que los multimillonarios viajen de un paraíso fiscal a otro.

En esta línea la UE está cambiando de posición y hay cada vez más voces que reivindican una fiscalidad común y armonizada por encima de la libertad de movimiento de capitales. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ya se ha manifestado en los últimos meses en favor de un plan ambicioso sobre este respecto.

Pero la responsabilidad es compartida y no solo debe recaer en las instituciones, quienes tienen gran poder de decisión, pero también los ciudadanos desde nuestras posiciones como consumidores podemos acelerar el cambio.

El consumo responsable para favorecer aquellas empresas que cumplen con los tributos establecidos por encima de aquellos que prefieren evadirlos, como el caso de las multinacionales tecnológicas.

Puede suponer un esfuerzo momentáneo pero de ejercer una presión durante un periodo determinado estas multinacionales se verán obligadas a ser más éticas en cuanto a sus tributaciones. Si pedimos responsabilidades a nuestros representantes e instituciones los ciudadanos también tenemos responsabilidades que ejercer.

Los beneficios pueden ser cuantiosos para unas clases medias y familias que pueden por fin respirar y compartir en igualdad de condiciones derechos y deberes junto con quienes más tienen y las vienen eludiendo.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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