viernes, 01 julio 2022

Nuevas soluciones para la globalización. Jorge Dobner

La pandemia mundial por el Coronavirus se ha revelado como una experiencia globalizada en tanto en cuanto toda la humanidad se ha visto concernida frente a una amenaza común.

Los gobiernos han podido analizar día a día lo que funcionaba en los países que recibieron antes el impacto de la expansión de la Covid-19, para de esta forma planificarse e implementar las medidas que en otros lugares demostraban ser efectivas.

La respuesta a esta pandemia ha fortalecido la cooperación internacional, si bien al mismo tiempo han vuelto a emerger otros errores del sistema globalizado.

El futuro se debate entre profundizar más en esa cooperación internacional o hacía un mundo con países más cerrados, que en último término puede revitalizar los nacionalismos.

Ambas respuestas pueden ser posibles, e incluso necesarias, en aras de un equilibrio entre lo local y global.

A nivel de emergencia sanitaria el profesor de ciencia política, Craig N. Murphy, especializado en estudios sobre la globalización del Wellesley College, considera que vamos hacia la construcción de sistemas locales de salud más fuertes, pero al mismo tiempo, un monitoreo mundial más sólido de los posibles rebrotes, con intercambio de información y un sistema de gobernanza de la salud mundial.

Sin embargo, esa misma globalización ha devaluado progresivamente el papel del Estado en su papel vigilante del Estado de bienestar.

Y es como ha sido aprovechado por algunas multinacionales para domiciliarse fiscalmente en el país que más evasión de impuestos pudiera proveer, conduciendo a una guerra absurda de países por convertirse en paraísos fiscales.

Esa falta de una inspección sobre la globalización, para auditar con rigurosidad la evasión de capitales, ha hecho que no hubiera ningún tipo de control.

Según explica Scott Solomon, director de la Escuela de Estudios Globales Interdisciplinarios de la Universidad del Sur de Florida, las cadenas de suministro mundiales que en su día fueron el sello de la globalización contemporánea están cada vez más desgastadas.

Esto explica la falta de compromiso de multinacionales que una vez han sacado suficiente rédito no tienen reparos en cambiar sus plantas de producción si las condiciones son más beneficiosas económicamente, dejando de lado otros valores necesarios como el capital humano. Véase el caso del desmantelamiento de la planta de Nissan en Barcelona que dejará a miles de trabajadores en la calle o la misma amenaza sobre la fábrica de Sunderland, en el Reino Unido.

Como bien explicaba Sir James Goldsmith en su libro The Trap (La Trampa) uno de los defectos de la cultura moderna es que nos enseñan a creer que cada problema puede medirse en términos económicos “pero cuando la herramienta principal de la sociedad es medir en lugar de comprender, sigue habiendo grandes errores”.

Su libro data de 1993 pero sorprende su vigencia sobre la necesidad de enmendar algunos  errores mencionados en el planteamiento de la globalización.  Al respecto Goldsmith ponía el acento en la necesidad de fortalecer los circuitos económicos locales.

Según su argumentación las organizaciones comerciales que desean vender sus productos en cualquier región tendrían que producir localmente, importando capital y tecnología, y creando empleo local y desarrollo.

Esa es la forma de crear prosperidad y estabilidad en el mundo en desarrollo sin destruir la propia. “Acortar las distancias de transporte es algo bueno en la lucha contra el calentamiento global. Y si comparamos los productos producidos en nuestro suelo, de acuerdo con criterios muy estrictos en términos de protección del consumidor, con las importaciones de países donde las reglas son mucho menos estrictas, los productos locales son ciertamente mejores para la salud, sin mencionar que a menudo que también son más frescos”.

En su libro analiza que el crecimiento económico solo es beneficioso en la medida en que sirve necesidades de la sociedad consolidando la estabilidad. Entendiendo la economía como una herramienta para servirnos y no un semidiós a quien sirva la sociedad.

Asimismo defiende la idea de sociedad bien entendida, no como una multitud de individuos, sino una sociedad robusta de familias y comunidades locales.

Ahora es cuando estas soluciones para corregir el rumbo de la globalización se están materializando. El profesor Howard Wachtel ha estudiado dos tipos de imposiciones al capital para gravar la deslocalización abusiva: la que grava inversiones directas al extranjero (IDE), y la Tasa Unitaria.

Los dos mecanismos de control que propone Wachtel tratan de hacer frente a la capacidad de las grandes compañías de escabullirse con los “precios de transferencia”.

Pero hay otras muchas políticas a considerar: cambios en el FMI y Banco Mundial, revisar la Tasa Robin que en estos dias se esta debatiendo en España, multas ecológicas para sancionar las compañías que destruyen en medioambiente…

No ha sido hasta ahora que instituciones como la UE se mueven en esta dirección penalizando a las multinacionales tecnológicas que evaden sus impuestos, pero se necesitarán acciones todavía más valientes para evitar condenar a la población a esa trampa.

La necesidad de salir de esta crisis con un mundo más sostenible, puede a fuerza de necesidad, ser la oportunidad de cambio.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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