Más líderes inteligentes, menos líderes inútiles. Jorge Dobner

Más líderes inteligentes, menos líderes inútiles. Jorge Dobner

Hay líderes políticos convertidos en emblemas por su decidido liderazgo en momentos históricos, también por una autenticidad innata para comunicar con la población. Para recordar son los discursos de Wiston Churchill durante la segunda guerra mundial, también de los parlamentos muchas veces valientes de John F. Kennedy, Martin Luther King, Nelson Mandela o Charles de Gaulle…

Oradores inspiradores que conectaban cabeza y corazón para motivar de alguna manera a sus audiencias. La capacidad de no dejar indiferentes pero en el mejor sentido de la palabra.

Si bien por invisibilidad del rol de las mujeres en la esfera pública hasta no comenzar el siglo XX, también habría que destacar los discursos cargados de contenido de pioneras como Emmeline Pankhurst, Clara Campoamor o Simone de Beauvoir.

Con el paso del tiempo lo que entendemos como liderazgos se han ido extendiendo por suerte más allá de la esfera castrense o política, en un amplio abanico de variedades en la sociedad civil.

El siempre inspirador y visionario Steven Jobs, Bill Gates, Naomi Klein, Arianna Huffington…infinidad de ejemplos que hoy se han popularizado y mediatizado a través de las famosas charlas TED y otros formatos similares.

Se podría decir que todos estos, en mayor o menor medida, han ejercido un liderazgo positivo e inteligente cuando su discurso acompañado de acciones coherentes ofrecen soluciones y producen cambios deseables en la sociedad.

Sus palabras describen el mundo con realismo, pero venciendo los obstáculos a través de soluciones. No se detenían en el estado actual, insatisfactorio, sino que presentaban una brillante visión de futuro por muy difícil que fuera, un horizonte.

Según un trabajo de los investigadores estadounidenses Shamir, House y Arthur, especialistas en liderazgo y carisma, en el 2008 durante su primera campaña presidencial, Barack Obama acuñó el famoso eslogan “Yes, we can“. En otras palabras, sin importar el pasado, sin importar los desafíos, todos juntos podemos construir un futuro mejor. Rememorando en parte la llamada de Martin Luther King, al pronunciar su discurso “Tengo un sueño”.

Es una forma de comunicar inclusiva, que transmite confianza y es expresión de un objetivo común. Pero no es fácil siempre la sinergia entre las palabras y los hechos que le doten de pleno sentido.

Es más, comprobamos en nuestra época contemporánea como a veces los referentes antes citados se vuelven demasiado pesados. Esos iconos que se han instalado en el imaginario colectivo quieren ser burdamente imitados, a veces con buena voluntad y otras de forma tacticista.

Olvidan pues que la capacidad de un buen líder debe emanar la verdad sin ambages.

En el peor de los casos, tampoco hay que olvidar los liderazgos negativos, a menudo de inspiración populista que replican fórmulas por desgracia exitosas en el pasado. Este “liderazgo” en negativo e inútil se apoya en la división y el fácil eslogan “o conmigo, o contra mí”.

Se combina además con un aire de epopeya trasnochado que aunque disonante sigue convenciendo a masas poco críticas. Esta semana veíamos a Marine Le Pen bajo la estatua de Juana de Arco prediciendo que Francia volverá a la soberanía nacional con el fracaso de Europa, Salvini hacinado en el congreso de Italia con mascarillas pasando la noche, Santiago Abascal subido a caballo inspirándose en Don Pelayo.

Por su repetición histórica son fáciles de identificar, pero en momentos complicados aun sabiendo que son populismos hay gente que se agarra a estos discursos propagandísticos vacíos de contenido como un clavo ardiendo.

Caminando hacia una sociedad cada vez más crítica en dónde surgen líderes negativos e inútiles, deberíamos valorar hoy más que nunca aquellos liderazgos inteligentes y sinceros que incorporan una connotación positiva por pequeña que sea.

Jorge Dobner
Editor
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