Construir o destruir. Jorge Dobner

Construir o destruir. Jorge Dobner

La historia da las mejores enseñanzas para no repetir los errores que una vez ya se cometieron. No es casual que en los peores momentos de la historia,  partidos y movimientos iliberales, movimientos populistas aprovecharan la coyuntura de la incertidumbre y desafecto para imponer sus tesis ideológicas radicales.

Cuando las democracias se han demostrado fuertes y dinámicas, abiertas a la cooperación y los acuerdos, capaces de hacer reformas y dar respuesta al Estado de bienestar; toda corriente extrema o antisistema ha sido neutralizada.

La crisis de las democracias liberales es un caldo de cultivo para el resurgimiento de partidos populistas, de corte nostálgico o antisistema.

Lo que es más inaudito por la ausencia de moralidad que ni en medio de una pandemia mundial estos partidos hagan un mínimo ejercicio de responsabilidad y sigan medrando en las peores de las circunstancias. Aquella idea de “cuanto peor mejor” se hace más cierta.

Los hay mal populismos de izquierdas y de derechas, y en estas semanas de incertidumbre hemos visto actitudes muy cuestionables. Pero hay posturas del todo disparatadas que si no hubiera sido por la gravedad incluso provocarían la risa.

Después de que el Covid-19 asole toda Italia Matteo Salvini pidió que se abran las iglesias en Semana Santa y los obispos italianos con lógica le contestan que no “Este es un tiempo de responsabilidad; la primera cosa a cuidar es la salud de los fieles”, le dijo el presidente de la Conferencia Episcopal, Gualtiero Basseti.

Asimismo su homóloga francesa Marine Le Pen actúa como si estuviera de campaña electoral en tiempos de coronavirus. Mientras el país comparte una “unión sagrada” de todas las fuerzas políticas, Le Pen es la excepción de la regla. Incluso cuando el actual presidente Emmanuel Macron ha hecho un ejercicio de humildad – poco habitual en política – pidiendo perdón por falta de previsión en algunas cuestiones.

Por su parte, el primer ministro húngaro Viktor Orbán podría aprovechar los amplios poderes extraordinarios otorgados en el estado de alarma para dar un golpe autocrático y apoderarse de compañías nacionales y extranjeras.

En España el pódium de la irresponsabilidad lo tienen los partidos de la ultraderecha Vox y la Cup radicales y antisistemas de izquierda, que hace apenas unos días se quedaron solos en el ‘no’ a la prórroga del estado de alarma. En caso de que sus votos hubieran sido decisivos habría supuesto de facto levantar el estado de alarma y el confinamiento que afecta a la población, que sin material sanitario y de protección necesario se enfrentaría a la total desprotección en la calle del Covid-19.

Otros, sólo un poco más moderados como Bolsonaro en Brasil, Trump en EE.UU, Pablo Casado del PP y algunos nacionalistas en España, actuan con oportunismo ya que a río revuelto no dejan pasar cada día buscando un  titular y denostar a los que hoy en todas partes, tratan de hacer las cosas lo mejor posible.

Nunca antes se habían atrevido ir tan lejos en nuestra historia reciente, anteponiendo sus intereses ideológicos a la salud de la ciudadanía. Los que se autoerigen como los únicos patriotas y los que hablan en nombre de las necesidades de la gente.

Siendo movimientos antagónicos, los extremos se tocan cuando se trata de destrucción.

Sin embargo sociológicamente concuerdan cuando se comparten ciertas similitudes: de vida acomodada, colegios de pago y proveniente de familias acomodadas. Solo viviendo al margen de la realidad de la calle, en la burbuja de los privilegiados, se podría anteponer el partidismo a los intereses del bien colectivo.

Y es por eso que cuanto mejor se actúe peor será para aquellos que no desean nada bueno, sino el caos.

Europa está virando el camino con ciertas correcciones pero se necesita de verdad un plan unitario para atender la emergencia de los estados miembros. El desbloquear 500.000 millones de euros para afrontar la crisis del virus es solo el primer paso.

Puede que después de todo esto sirva para una verdadera refundación de la UE. Por lo pronto Von der Leyen ya se ha manifestado categórica que la UE necesita un ‘Plan Marshall’ de inmediato y señala al presupuesto común. Asimismo en un gesto de responsabilidad ha declarado que Europa debe pedir “perdón de todo corazón” a Italia. Sentido común y algo de humildad que en estos momentos vienen bien.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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