Aunque sea por egoísmo, lo que más necesita ahora la humanidad es solidaridad. Josep Corbella

Aunque sea por egoísmo, lo que más necesita ahora la humanidad es solidaridad. Josep Corbella

Ya se ve la luz al final del túnel.
Aún quedan unas semanas de oscuridad, pero ya se vislumbra un punto de luz al final del túnel. Se puede ver en las curvas de evolución de la epidemia en España que publica cada día el ministerio de Sanidad. Hemos tenido cuatro días de reducción en el número de nuevos casos diarios desde los 8.578 del miércoles hasta los 6.398 del domingo, según los datos actualizados ayer. Un descenso del 25,4% un 96 horas. Tan rápido que parece inverosímil.

Es posible que hoy veamos un repunte, porque tal vez no se han notificado todos los diagnósticos nuevos del fin de semana y algunos casos podrían haberse retrasado al lunes. Pero no se dejen asustar por quienes pescan en el río revuelto del catastrofismo. Si hay un repunte, no será por un aumento de los contagios sino por un retraso en la notificación. El pico de la epidemia ha pasado. Difícilmente volveremos a llegar a la cifra del 26 de marzo a menos que cambien los criterios o la estrategia de diagnóstico.

Lo que estamos viendo ahora son los efectos positivos del confinamiento. Cuantas más personas se quedan en casa, menos contagios hay en lugares públicos. Es un círculo virtuoso: si menos personas se contagian, menos contagian a otras, con lo que estas ya no pueden contagiar a terceras.

El último tramo del túnel nos va a parecer especialmente oscuro. Aún aumentarán la saturación de los hospitales, la avalancha de pacientes en las UCI y las cifras de mortalidad en las próximas semanas. Pero no se desanimen y recuerden el proverbio. Cuando el dedo apunta a la luna, el pescador mira las cifras de mortalidad.

Todas estas muertes son importantes. Cada número representa una persona y detrás hay una familia. Pero estas cifras son un reflejo de lo que ocurrió semanas atrás, antes de que empezara el confinamiento. No informan sobre la evolución actual de la epidemia.

España ha sido uno de los primeros países en entrar en el túnel y será uno de los primeros en salir. Nos encontraremos ante un valle desconocido, que al principio nos parecerá más inhóspito que el mundo del que veníamos y al que no regresaremos. Sólo China se ha aventurado antes en este valle.

Su experiencia demuestra que no basta con encerrarse en casa para acabar con la epidemia. Habrá que perseguir el virus allí donde se esconda. Cuando ayer le preguntaron en rueda de prensa por España e Italia, el director del Programa de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Michael Ryan, contestó que el virus “no desaparecerá por sí solo, tienes que aplastarlo (…); requiere redoblar los esfuerzos de salud pública”.

Esta es precisamente la receta que ha funcionado en Wuhan. Realizar cientos de miles de tests para detectar todos los nuevos casos, aislar y tratar a quienes tienen el coronavirus, encontrar a aquellas personas con las que han estado en contacto, ponerlas en cuarentena si pueden haber resultado infectadas… Así escomo se han cortado los contagios en China hasta que han dejado de ser necesarios los aislamientos y las cuarentenas. Persiguiendo el virus hasta arrinconarlo.

Pero la experiencia de China demuestra también que, aunque el virus deje de circular en un país, volverá a entrar. España puede salir pronto del túnel, pero no podrá bajar la guardia hasta que salgan también los demás. La expansión de la epidemia en África y su descontrol en EE.UU. se han convertido en dos de las mayores amenazas para la salud global. Si cada país libra su guerra particular contra el virus, nadie estará seguro, porque no todos lo podrán combatir con el mismo éxito.

Aunque sea por egoísmo, lo que más necesita ahora la humanidad es solidaridad.

O, como dijo ayer Tedros Adhanom, director general de la OMS, “la unidad es la única opción que tenemos”.

Josep Corbella
Publicado en: La Vanguardia

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Las voces que prevalecen de personas que saben. Antonio Muñoz Molina

 

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