Los medios de comunicación tenemos una gran responsabilidad social y una labor terapéutica. Jorge Dobner

Los medios de comunicación tenemos una gran responsabilidad social y una labor terapéutica. Jorge Dobner

Con el hashtag “Vamos a morir todos” se ha convertido en trending topic, haciendo de Twitter entre tod@s los participantes de vocero del alarmismo, una vez más. Bajo el paraguas de esta frase tan categórica se mezclaban comentarios de todo tipo, desde los memes de humor apocalíptico hasta de los ciudadanos verdaderamente atemorizados por las consecuencias del Coronavirus.

Está en la misma esencial del ser humano el miedo a lo desconocido, lo que no es tan razonable es la capitalización de ese miedo para intereses espurios: notoriedad, audiencia o votos.

Desde las instituciones y los medios se dice que no hay que crear alarmismo con el coronavirus, pero el bombardeo constante contradice este planteamiento. Lo que debiera plantearse como una información rigurosa y en el espacio de tiempo oportuno, pasa a ser un ‘culebrón’ que abre y cierra informativos, y es retransmitido en streaming por tertulianos de diversa índole – y poco importa que no todos sean expertos en la materia.

Propaganda, intoxicación. Los males del subgénero híbrido del info-show, que  subraya y enfatiza  la dimensión espectacular de la información, y a lo peor al precio que sea si ello implica desechar el rigor, pero sí ganar clickbait y cuota de audiencia.

Es decir, se descontextualizan las noticias  del marco informativo para inscribirlas en un escenario  y contexto  que reinan las artes escénicas, el de la diversión. Más en cuestiones de salud la información debería ceñirse a los datos y protocolos oportunos de actuación, con menos intromisión de opiniones subjetivas de valor.

Cuando hablaba en mi libro “Verdades Cambiadas” de la presencia de unas verdades manipuladas, para confundir – y en último término ejercer control de las masas – señalaba las causas de las mismas. Entre todas también la crisis de los medios en donde subyace una crisis de valores.

Es necesario incidir más en el rol social de los medios en sintonía con una verdadera labor de servicio. Mientras que los hay que actúan con cierta cautela, se encuentran aquellos que se dejan arrastrar por prácticas poco edificantes.

Así, por ejemplo, distinguiendo la lógica diferencia editorial de los distintos medios de comunicación, en cuestiones tan fundamentales como la información en salud, sería visto como algo positivo un consenso de código deontológico de buenas prácticas, tanto de medios públicos como privados.

El miedo hace que no se reaccione. El miedo hace que no se siga adelante, con consecuencias tan imprevisibles como provocar el caos entre la población.

Los medios tenemos esa gran responsabilidad social y labor terapéutica de calmar e inspirar confianza en el futuro, luego no reproducir dinámicas nocivas.

De otra parte existe también un importante trabajo a realizar en la ciudadanía para no jugar al teléfono estropeado, y comentario tras comentario alimentar una bola de mentira.

Esta semana conocíamos que la Fiscalía de Barcelona había presentado una querella contra una internauta acusada de difundir un vídeo falso que atribuía actitudes violentas a un grupo de menores no acompañados (denominados ‘menas’), en la primera iniciativa legal contra las “fake news” en España.

Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad como ciudadanos libres de ejercer un buen uso de las redes sociales.

Es importante realizar una labor formativa y preventiva como ya se está iniciando en países como EE.UU en las escuelas para evitar el contagio en las prácticas de las fake news. Pero conscientes de las responsabilidades y sesgo negativo de la propagación malintencionada de posverdades tampoco hay que descartar acciones punitivas, sobre todo en la reincidencia.

Respecto al coronavirus: no vamos a morir todos, o no al menos ahora. El índice de mortalidad es del 2,3% en el epicentro del brote, la ciudad china de Wuhan, y del 0,7% fuera de allí. Unas cifras equivalentes a la gripe común y que por fortuna todavía no retransmiten en directo. Claro está hasta su definitiva resolución habrá que hacer un seguimiento discreto por parte de las autoridades, pero sin tanto ruido ni alarmismo.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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