Los franceses esperan que, con ayuda del desorden mundial y Donald Trump, el Reino Unido no tarde en darse cuenta de que su interés es permanecer en la órbita europea. Philippe Ricard y Sylvie Kauffmann

Los franceses esperan que, con ayuda del desorden mundial y Donald Trump, el Reino Unido no tarde en darse cuenta de que su interés es permanecer en la órbita europea. Philippe Ricard y Sylvie Kauffmann

Gran Bretaña nos protege mejor.
No hay esta semana en Francia un sentimiento de alegría por la situación de nuestros vecinos, nada de schadenfreude .

Como todos los europeos, los franceses ven con tristeza la salida de la Unión por parte de los británicos; están convencidos, como Michel Barnier, de que es una “solución perdedora-perdedora”: una mala noticia para Gran Bretaña y la Unión Europea justo en el momento en que Europa necesita mostrarse más fuerte en un mundo inestable.

Francia, por ejemplo, lamenta
la pérdida del escaño de los concejales británicos elegidos en pequeños municipios franceses.

Con todo, cierto alivio es perceptible a este lado del canal de la Mancha: la saga del Brexit ha durado demasiado, monopolizando durante tres años y medio las instituciones europeas cuando había tantos asuntos urgentes que tratar y ofreciendo el triste espectáculo del caos en la democracia más antigua de Europa. No era posible seguir así.

La situación es ahora —un poco— más clara. Por fin empieza lo serio: podremos hablar ya del futuro. Todos presienten, tanto en París como en Bruselas, que las negociaciones sobre la relación futura corren el riesgo de ser tumultuosas. Y también tensas por cuanto da la impresión de que los británicos quieren aprovechar su retirada para distanciarse de las normas europeas. Y no es cuestión por parte europea de aceptar que esa divergencia permita una especie de dumping normativo, social, ambiental o fiscal. “El nivel de acceso de los productos al mercado único será proporcional a los compromisos británicos”, ha afirmado Michel Barnier en París, poco antes de reunirse con Emmanuel Macron. “Cero aranceles, cero cuotas, cero dumping ”, insistió.

Para los franceses, la relación futura tiene que seguir siendo la más estrecha posible, aunque debería quedar claro que el estatuto de país extracomunitario es menos ventajoso que el de miembro de pleno derecho.

En París, algunos temen que los ambientes más euroescépticos, empezando por Marine Le Pen, puedan apropiarse de un eventual éxito del Brexit, lo cual sería un mal augurio de cara a las elecciones presidenciales del 2022. Se trata de un temor que incita a no precipitarse en las negociaciones, aunque sea a costa de rechazar el calendario que quiere imponer Boris Johnson para concluirlas antes de final del 2020.

En este momento, ante la incapacidad del equipo de Boris Johnson de proporcionar al resto de Europa la menor precisión sobre cómo será el Reino Unido una vez ejecutado el Brexit, los franceses sólo pueden especular sobre ese futuro sin los británicos.

Bruselas va a negociar, en nombre de los Veintisiete, el acuerdo comercial; pero París va a activarse para reanimar las relaciones bilaterales no cubiertas por ese acuerdo.

Hay un ámbito en particular en el que los franceses piensan mantener relaciones muy estrechas con los británicos: la defensa y seguridad. Este año se cumplirá el décimo aniversario de los acuerdos de Lancaster House, un tratado de cooperación en materia de defensa, incluida la nuclear, y tanto Londres como París se proponen celebrar con especial boato el aniversario. Los militares de los dos países no tienen ningunas ganas de alejarse.

Este es, además, el sentido de la Iniciativa de Intervención Europea (EI2) lanzada hace dos años por el presidente Macron para intentar organizar una fuerza de intervención rápida con los países capaces de hacerlo operativamente. Anticipando el Brexit, Macron vinculó desde el principio a Gran Bretaña en este proyecto, que tiene un formato europeo y, al mismo tiempo, extracomunitario. Al Elíseo le preocupa que su mejor socio militar en Europa parta a la deriva.

En el fondo de sí mismos, los franceses esperan que, con ayuda del desorden mundial y Donald Trump, el Reino Unido no tarde en darse cuenta de que su interés es permanecer en la órbita europea.


PHILIPPE RICARD
|
JEFE DE INTERNACIONAL DE ‘LE MONDE’
SYLVIE KAUFFMANN |
DIRECTORA EDITORIAL DE ‘LE MONDE’

Publicado en: La Vanguardia

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