viernes, 19 agosto 2022

La política del reallity. Jorge Dobner

El presidente Donald Trump se negó a estrechar la mano de Nancy Pelosi. Acto seguido la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y representante del Partido Demócrata rompía el discurso de Trump. Se cerraba el capítulo del ‘impeachment’ de la peor manera posible.

Los partidos tradicionales en sistemas democráticos parecen desconcertados y no encuentran las claves para desactivar las figuras y los partidos populistas.

Desde luego no parece lo más inteligente combatir al populismo con las mismas armas y gestos, sino articulando una narrativa y formas argumentativas más sólidas, racionales y complejas.

En cada país las circunstancias son distintas, si bien hay elementos comunes. En el caso de los Demócratas en EE.UU, si de verdad quieren tener posibilidades de desbancar al actual presidente, todo pasará por una candidatura lo más transversal posible con un plan de país solvente e ilusionante que mire hacia afuera y no hacia dentro sobre disputas de pureza ideológica.

Comúnmente se suele decir que falta altura de miras, pero para eso se necesitan políticos capaces, coherentes y responsables.

Cuando los demócratas no se ponen de acuerdo o hacen más esfuerzos en agrandar sus diferencias ideológicas que en demostrar una buena capacidad de gestión, es cuando el populismo encuentra su reino donde agrandarse.

El filósofo griego Platón tenía una bella concepción de la política, la cual consideraba la más noble de las artes. Algo impensable en nuestra época.

Con la mejor de las intenciones Platón quería conducir el Estado a través de una sublime ascensión hasta un grado de organización lo más cercano posible a la perfección.

Y si bien la ‘perfección’ es más bien una entelequia, la sola intención de alcanzarla supone reunir las mayores cualidades, el esfuerzo constante, la disposición de la inteligencia y sobre todo la voluntad al servicio del bien de la sociedad.

Cuando la buena gestión, seriedad y eficiencia se cambia y confunde con la política del reallity, la política en redes sociales, nada de esa ‘noble’ política se consigue, ni tan siquiera se acerca.

Y los problemas siguen presentes, y los populismos prometen ‘soluciones mágicas’ frente aquellos/as que parecían más distraídos en otros quehaceres.

No se sorprendan si la sociedad acaba aborreciendo a sus políticos. Mientras que a cualquier ciudadano/a de a pie tiene que pasar procesos de selección, demostrar su valía y experiencia en la profesión que quiere desempeñar; hay políticos sin oficio ni beneficio que llegados los 40 no cuentan ni con un año cotizado al abrigo y sueldo del partido político de turno.

Esa ‘noble’ política es aprovechada con oportunismo como ascensor social. La escasa preparación es ‘camuflada’ con pobres e inexactos discursos, o incendiarios que explotan la emocionalidad de cada ‘parroquia’.

Pero en cuestión de emocionalidad por mucho que lo intenten los partidos democráticos homologables pierden y los populismos siempre salen ganando. Nadie cómo los populistas para conectar con las neuronas espejo del público potencial. Nada que no haya estudiado la psicología.

Esa epidemia de la toxicidad es contagiosa, y es dañina porque de la difamación se cree extraer algún rédito particular. Es ejemplo lo último del Barçagate, con la contratación de una empresa, I3 Ventures, dedicada a mejorar la imagen pública del dirigente y asociada a cuentas difamatorias en las redes sociales contra jugadores, opositores y el entorno del Barça.

Frente a estos hechos la sociedad tiene una responsabilidad y deber. Los ciudadanos de a pie en no ser dejarse utilizar y ‘comprar’ por buenas falsas burdas.

Los medios de comunicación tienen la oportunidad de recuperar su lugar en la sociedad y asuman un nuevo rol social, denunciando esas tácticas con suma objetividad, independientemente de dónde vengan e incluso si es afín a la línea editorial.

En cuanto a la política, bienvenidos sean aquellos/as que se atrevan a censurar elementos populistas, a no coaligarse, a hacer autocrítica y denunciarlos desde el propio partido.

Bienvenidos/as sean aquellos que se atrevan a exigir unos requisitos aunque a ellos mismos les afecte, a legislar en aras de la meritocracia cuando se trata de ser representantes políticos y con más motivo.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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