Una vida más consciente en tiempos acelerados. Jorge Dobner

Una vida más consciente en tiempos acelerados. Jorge Dobner

Tempus fugit” es una alocución latina imperecedera (traducida como “el tiempo se escapa”, o “el tiempo vuela”) que llega hasta nuestros días con sentido vigente. De forma más específica esta expresión proviene de un verso de las Geórgicas del poeta latino Virgilio “«Sed fugit interea fugit irreparabile tempus» (“Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo”).

De la vida contemplativa o un ritmo de vida frenético; la consciencia sobre el tiempo toma distintos significados para quien lo toma.

 No será lo mismo el pacer de una existencia bucólica que el dinamismo de la urbanita. Sin embargo la tendencia inclina a la segunda opción.

Así, por ejemplo, las previsiones de Naciones Unidas son que, en 2050, el 70 % de la población mundial vivirá en urbes.

No se puede negar que el ecosistema influye directamente en nuestros hábitos y estilo de vida, pero estamos viendo como los excesos exigen una participación de la ciudadanía para moldear el hábitat desde un punto de vista humanista.

Esta semana nos hacíamos eco del nuevo libro del pensador alemán, Harmut Rosa, planteando la necesidad de un remedio que frene el proceso de aceleración que está viviendo nuestra sociedad.

De forma paradójica cuando más tecnología y herramientas tenemos a nuestro alcance para aligerar el peso laboral es cuando más estamos sumidos en jornadas maratonianas desempeñando tareas múltiples.

Igual que el hábitat es condicionante, lo es también la dominación de un sistema económico llevado al extremo. Y en especial cuando nuestra condición humana no sabe separar por parcelas y se ve imbuida en todas ellas por el exceso de competitividad y acumulación.

Nos falta tiempo para hacer, ganar, comprar más, conseguir metas más altas. Pero más no es siempre mejor, ni sinónimo de calidad.

Hay cierta nostalgia en rescatar valores que nunca deberían considerarse que pasan de moda: una mayor proximidad de relaciones sociales cuando se tejían redes humanas (y no solo las redes sociales de ahora) o el cuidado de las prácticas de la buena educación y formalidad en nuestra vida cotidiana.

Por todo esto cobra sentido las reivindicaciones de Rosa, que aboga por una forma diferente de conectar con el mundo, y que pasa por reconstruir y luego transformar las instituciones democráticas, económicas y culturales para hacerlas resonantes y menos dependientes de la velocidad.

Muchos de los movimientos sociales que están surgiendo tienen ese trasfondo de protesta contra el abuso de mecanización. Se busca respirar, vivir y no funcionar como autómatas programados, tener en definitiva una vida más amable.

Hace unos años un periodista canadiense, Carl Honoré, publicó “Elogio de la lentitud” desafiando el culto a la velocidad y las contradicciones de ser cada vez más dependientes del tiempo.

Estas llamadas de atención están sirviendo para que mucha gente tome conciencia y se sume al movimiento slow life con el fin de abandonar la tiranía del tiempo.

Esta filosofía de vida no se limita a una idealización teórica. No hay que hacer una escapada al campo para encontrar el oasis sino construir un modus vivendi en el que seamos capaces de encontrar cierta calma.

Por esto es tan importante las presiones para que se pueda llevar a la práctica,  introduciendo dinámicas más conscientes y armónicas en todas las actividades humanas.

Igualmente importante es promocionar a los líderes que puedan ser coherentes en fondo y forma con este comportamiento empático.

En los últimos tiempos estamos viendo una oleada de dirigentes (Donald Trump, Boris Johnson, Nigel Farage, Jair Bolsonaro, incluso Isabel Díaz Ayuso en Madrid…) que justifican el agravio bajo la pátina de lo “políticamente incorrecto” que divierten a los medios de comunicación y actúan como amplificadores de las voces vulgares.

No hace tanto la sonrisa honesta de Barack Obama quería ser imitada con más o menos impostura al considerarse la mejor carta de presentación.

Estamos a tiempo de cambiar lo zafio y tosco por una vuelta al encanto y el código de buenas maneras.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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